Feliz viaje

He estado pensando toda la noche en cómo fabricar un cohete gigantesco, un arca de chapa que navegue por las simas del universo.

Metamos sólo a los que no asesinan y zarpemos. Habrá lugares de recreo y  un sofá de orejas para que duermas tu siesta o leas esa novela de Galdós que te ponía a saltar a la pata coja. Haremos un merendero en Marte para que te luzcas ante las vecinas de lo aromático que te sale el  bizcocho de zanahoria y nuez, y daremos vueltas en las praderas marcianas para que tiznes mi cara con jugo de papaya lunar.

En las tardes eternas, bajo las buganvillas de Mercurio, me dirás que nunca habrá un sitio mejor para vivir que dentro de tus manos blandas. Recuéstate, soy tu cápsula nupcial, tu alcoba espacial que surca como un relicario volador los agujeros negros del universo.

Mi cabeza en tu pecho, tu corazón la cuenta atrás, tres, dos uno, cero, cierro los ojos…, despegamos.  Ahí te quedas planeta Tierra. Con tu procesión de criminales y tu envanecida incultura, valga la redundancia.