Medinacelli

Dar una vuelta alrededor de las murallas de Medinacelli es una invitación irrechazable: nadie en la calle, el cielo cerca, la tarde rendida...

Los celtíberos dominando la llanura. Los romanos subiendo por allí a partirse la crisma con los de aquí. Claro, este sitio es tan importante para…, desde luego, las vistas son espectaculares. Y aquí el arco de triunfo, su medio punto no se lo vamos a quitar…

Y los árabes, que se vienen otro rato y luchan lo suyo para retreparse ellos aquí. Lógico, desde esta atalaya la sensación que se experimenta de estar por encima del mundo es soberbia; nunca mejor dicho. Espléndido el valle del Jalón.

Y el arco árabe de la puerta exótico. Y luego viene Alfonso VI y, tras previa escabechina, se queda con la plaza y por aquí descansan los restos de Almazor, que se vino a palmar tras la batalla de Calatañazor, que hace falta un par de pares para llamarte Almanzor e ir a esa batalla. En fin: ríos de sangre por este lugar y ahora no hay nadie en la calle. Qué tonta es la guerra.