Comando Donosti

Batasuna vive horas decisivas. Su juego de niños malos ya no da más de sí. ¿Qué grupo político ilegalizado puede aspirar a nada cuando halla en el silencio cómplice la justificación a lo que preparaba el comando Donosti?

¿Qué salida digna puede esperar una pandilla obcecada en una lucha que da asco? Son preguntas que no encuentran respuestas medianamente lúcidas. Estos acontecimientos demuestran que los lobos de ETA tienen el cañón de sus pistolas en la boca de quienes pelean por sacar a 150.000 personas de las mazmorras de la democracia en las que se encuentran.

Y lo que es peor: desde todo punto de vista político parecen dispuestos a apretar el gatillo. Es probable que el final de los horrendos capítulos de este violento culebrón no los escribirá la Policía ni leyes excepcionales. Serán los propios dirigentes de Batasuna los que, en un instante de iluminación doctrinal, acaben retorciendo el brazo a aquellos que creen que esta guerra no ha muerto.