Una afición entregada

Este lunes estuve invitado en el Ritz.

Pero no, no era una boda. Eran las 9 de la mañana y estaba convocado a una conferencia de la presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre, que, bien mirado, sí que hacía un poco de novia, presidiendo la mesa principal.

Tras su alocución, había turno abierto de preguntas. Entre los invitados, junto con un puñado de periodistas, lo más granado del empresariado madrileño. En este tipo de encuentros es difícil que algo sorprenda. Sin embargo, fue precisamente con las dudas del respetable con las que me quedé perplejo.

Algunas de ellas eran tan complacientes y tan preocupadas en castigar al PSOE, que la propia Aguirre reaccionó comedida, prudente y moderada. Casi progresista.

Le preguntaron por el problema de la inmigración, y salió en defensa del trabajador extranjero; lo hicieron por Cataluña, y alabó a los catalanes; le inquirieron por las cuotas en las listas electorales, y confesó las bondades de su resultado. ¡Hasta amenazó, de broma, con subir impuestos! Bien por Aguirre. Mantuvo las formas que no supo respetar su audiencia.