Esmaltes La Marina

Prometen una Marina semipeatonal -nunca todo el poder para el viandante-, una postal remozada para una ciudad siempre dispuesta al futuro. Las propuestas candidatas revelan notorias coincidencias, escasa originalidad y nula prospectiva.

Para esto… sólo bastaba con mirar el retrovisor: a mediados de los 80, el venerable Bofill se endosó 50 kilos por unos bocetillos para la Dársena-Marina, que el pre-arquitecto confundió con una Venecia aldeana. Eran otros tiempos: los bocetos (y el cheque) se esfumaron y nadie reclamó. Hoy, entre las ideas que cribará el Concello se echa en falta una bizarra directriz radical que catapulte más allá del XXI la imagen de marca herculina. Propongo cambiar el juego de madera y vidrio de las cristaleras por una neo fachada que combine la nada con esmaltes de Julia Ares. Así saldamos dos deudas inaplazables: implantar galerías «último grito» y restituir a la Ares el oropel que, según ella, le niega la Diputación.