Con el nombre a cuestas

O que prohíban que te pongan Onedólar, porque todavía no te han cortado el cordón umbilical y ya tienes la autoestima devaluada. Sin embargo, los dos nombres existen en Cuba. Menudo disgusto se daría allí el juez del Registro Civil de Murcia cada vez que una morenaza entrada en carnes le anunciara con voz gutural : «Quiero que mi hija se llame Mileidi». En La Habana, Lourdes es también un nombre de chico. El magistrado Martín Ferradal, que ha vetado los nombres de Julieta, Bieita y Noa, se llevaría las manos a la cabeza al escuchar el desfile de Yosleidys, Dorelis, Yamilez, Yailín, Mariely, Osiris, Niurelkis, Yoanka, Damaris, Mariuska, Yolexis, Limay, Lenay, Renay... Se traumatizaría. De tanto decir no, seguro desearía inscribir a alguien con un simple Julieta. La gente debería llamarse como le dé la gana a la madre, que para eso lo lleva nueve meses en la barriga. Me temo que no podré llamar Alfonsina a mi hija. Vale, le pongo Marijose.