El bosque sabio

El fabuloso Parque Nacional de de Garajonay celebra sus bodas de plata.

Acabo de llegar de Garajonay, en La Gomera, y todavía resuena en mis oídos el silencio profundo de una de las selvas más misteriosas y fabulosas del mundo. Además, he tenido la suerte de contar con la compañía como inmejorable guía de su director, Ángel Fernández, un tiramillas incansable, conocedor como nadie de cada vereda y cañada de este intrincado Parque Nacional que acaba de cumplir sus bodas de plata.

Hace 25 años, la laurisilva gomera fue elevada al altar de los espacios naturales mejor conservados de España, y cinco años después, la declaración como Patrimonio de la Humanidad ratificó su importancia internacional. Apenas un instante para un bosque antediluviano, último resto de la foresta que cubría Europa en tiempos de los dinosaurios. Sin embargo, en tan escaso margen de tiempo el bosque se ha transformado milagrosamente. Los calveros abiertos por la explotación forestal se han cubierto de árboles, y las fayas, tiles, viñátigos, acebiños, laureles y palos blancos están desplazando poco a poco a los brezales. El monteverde evoluciona ahora de forma natural, por primera vez desde que hace 2.000 años llegaran los hombres a estas tierras macaronésicas, y con ellos sus ganados, sus hachas y sus fuegos.

Las primeras lluvias otoñales, generosas y mansas, han inundado de olores únicos todo este laberíntico mundo vegetal cubierto de helechos gigantes y arropado por la bruma húmeda de los vientos alisios. Para unos árboles que nunca pierden las hojas de golpe, tras la sequía del verano el otoño es su primavera. Pero éste es un bosque sabio, y un mes antes ya ha comenzado a renovar sus hojas más viejas, preparándose para la explosión verde que ahora mismo nos ofrece exultante. Oigo el arrullo de una paloma turquesa y sonrío: en la Naturaleza, no todo son malas noticias.

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