Marcelo, Higuaín y Gago

Cierta tarde recibí una alborozada llamada de Julio César Iglesias: el Real Madrid se había hecho con los servicios de la última joya del fútbol argentino. Se trataba de un pibe, con mirada de lobo, que respondía al apellido de Esnáider.

El equipo blanco desembolsó cien millones de las antiguas pesetas por el juvenil suramericano. A mí me parecía una barbaridad y así se lo dije a Julio. Mis razones: ningún puto juvenil valía eso. Tenía mis razones. En carne propia había sufrido, año tras año, la desafección de algunos talentos de 18 años.

Y es que es una edad jodida para cualquier futbolista. Una época en que cualquier devaneo, lejos de la familia, su casa, su ciudad, puede dar al traste con muchas carreras deportivas. Sobran ejemplos. El propio Esnáider acabó desperdiciando su potencial talento por media Europa.

Años después, el Madrid vuelve a jugar a la ruleta rusa con el brasileño Marcelo y con los argentinos Higuaín y Gago. Si vinieran gratis, todavía tenía un pase la operación, pues uno sigue pensando que ningún juvenil vale tanto dinero.