Jugarse la vida

Es una media aritmética, una fría estadística, pero que encierra mucho calor humano, el de esas 700 familias que se enfrentan al síndrome del tutifruti. Siempre me impresionó ver a gente mayor, sin síntomas externos de vivir presa del vicio, vaciarse el bolsillo de monedas frente a una tragaperras (posiblemente, la palabra castellana más precisa del diccionario).

Qué misterios esconde el cerebro humano para que alguien meta por la ranura de una máquina infame el sustento de su familia? Menuda forma de jugarse la vida... Como la de los motoristas que van sin casco por Alicante. En esta ciudad, es la infracción número uno del ranking con el nuevo carné por puntos.

Aunque sospecho que aquí la estadística falla porque los policías se ensañan con los conductores de dos ruedas. En realidad, en lo que más fallamos es en el exceso de velocidad, mayormente porque los discos de limitación están puestos bajo cero, fuera de la realidad.

Nadie circula a 40 ó a 30 kilómetros por hora, aunque se empeñen con las señales. Pero los agentes policiales tienen razón: la forma de salvar más vidas es machacar a los moteros sin casco.