Risa floja, risa coja

Tan es así, que incluso se emplea como terapia colectiva para relajar el alma si ésta anda con demoras y turbulencias. Pero ojo, hablo de la risa de verdad, la homologada, la espontánea, la fetén, la que se contagia como un saludable virus. No hablo de la risa floja y aun estentórea, de la que hay que huir como de la peste bubónica. La risa de veras es una bendición; la floja una convención; es como andar sobre la cuerda floja o, si me apuran, con el vientre flojo: un peligro. La risa auténtica produce agujetas en el estómago; con la floja duelen las mandíbulas del sobreesfuerzo. Es la risa del paripé y del peloteo de la que algunos logran hacer un verdadero y lucrativo arte. Peor para ellos. Ríase, pero ríase con ganas, del todo, de todo, hasta de sí mismo. Ventaja que le llevará al necio cuando pretenda hacerlo de usted. Y que le den.