El botellón

Anoche fui a mi tienda de ultramarinos a las 23.00 horas para comprar una botella de ron por nueve euros para… No me la vendió. Fui andando sin rumbo cual desgraciado y crucé la Plaza Mayor.

Encontré cientos de personas en las terrazas consumiendo todo tipo de brebajes hasta las tantas. Me digo: las terrazas pagan dinero al Ayuntamiento y cobran por el privilegio de sentarse apiñado, tras esperar de pie a que alguien se marche. Con ruidos incluidos y camareros irritados… para acabar pagando cinco o seis veces más por una copa que lo que cuesta en la tienda una botella.

Es una gravísima discriminación directa, contra los jóvenes, contra los jubilados, contra los pobres y contra la gente que sólo quiere sentarse en un banco, en un parque o donde sea. Los clientes de las terrazas, igual que el botellón, molestan a los vecinos.

Prohibir la venta de alcohol pasadas las 22 horas es un sinsentido, pero responde a la lógica del Ayuntamiento: recaudar y constatar que hay clases sociales. Jóvenes, pobres, jubilados… no tienen derechos.