Ciudad de vacaciones

Sin embargo, hace poco salió tímidamente a la luz la detención de 60 inmigrantes que trabajaban en condiciones ilegales en las obras de este complejo. Son cosas que pasan en esa «ciudad de vacaciones». Aunque lo más curioso es que se insista en subrayar que se trata de una subcontrata portuguesa y en mostrar lo sorprendidos y disgustados que están los responsables de la empresa contratante, como si con ellos no fuera la cosa, como si no se les pudiera exigir la responsabilidad social y la obligación ética de vigilar estrictamente las características de las empresas que subcontratan y las circunstancias en las que llevan a cabo su labor.

Los promotores del complejo de ocio Marina d’Or están preocupados por la imagen que puede proyectar todo este desagradable asunto, aunque es seguro que a los trabajadores les preocupan otras cosas. Lo más triste para ellos es que no dispondrán ni de un segundo de publicidad.