Peligro: locos al volante

El uso incontrolado de los quads provoca graves problemas en nuestra maltrecha naturaleza

O al menos así parecen pensar muchos de los que cada fin de semana se lanzan por bosques, páramos, montañas y playas para llevar lo peor de nuestra civilización: el ruido insoportable, la erosión, la contaminación venenosa y la prisa.

En las zonas marítimas, los quads descontrolados se están cebando muy especialmente con los frágiles ecosistemas costeros, donde sus potentes ruedas machacan sin piedad la flora más amenazada, además de hacer tortilla a las puestas de chorlitejos y otras aves protegidas. Y en la montaña, un arroyo de aguas cristalinas se convierte en una poderosa incitación para pasar por encima de él ajenos al despanzurramiento de peces y tritones.

Minorías y mayorías. Como en todo colectivo, muchos quadteros son respetuosos con la normativa, circulan sólo por pistas, rechazan las carreras, no persiguen a los animales y disfrutan del deporte sin aspavientos. Tienen educación, sensibilidad y sentido común. Pero desgraciadamente son minoría. Sólo el año pasado se vendieron en España más de 50.000 unidades, que en un alto porcentaje acabaron en las juveniles manos de esos locos del manillar a quienes Tráfico no les exige exámenes (ni tan siquiera casco), a pesar de que sus máquinas pueden superar los 100 km/h. Son un peligro sobre ruedas, y el campo es su principal víctima.

Estadísticamente, somos mayoría los amantes del medio ambiente. El problema son los matices. Para algunos, ese amor es sinónimo de paseos pausados, aire puro, curiosidad infinita por los detalles, tranquilidad y armonía. Para otros está claro que significa exactamente lo contrario. Nuestra madre tierra es grande y generosa. Aquí cabemos todos. Pero por favor, no disfrutemos de ella atropellándola.

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