Benditos encuestadores

Yo suelo prepararme todos los años por si, alguna vez, me toca. Mi estrategia es responder con el nombre de un producto de limpieza –por eso de regenerar la vida política– y si pone cara rara, le añadiré en plan psicoanalista: «¿Qué piensa usted?».

Sin embargo, a la hora de la verdad, siempre renuncio a mis principios y colaboro en el sondeo con absoluta seriedad. Sin embargo, percibo a los encuestadores como las personas más asépticas de la Tierra. Nunca sabes si son de izquierdas o de derechas, o si tu respuesta le parecen buena, mala o la peor. Eso sí, saben lo que tienen que hacer y no les gusta que te salgas por la tangente con indicaciones largas. Hace  días, me abordaron en la plaza de Indautxu para interrogarme por la imagen de una marca de comida rápida.

Me plantearon hasta 20 cuestiones distintas. Al concluir, quise gastar una pequeña broma al encuestador. ¿Crees que la opinión es más oscura que el conocimiento o más clara que la ignorancia? «¡Hombre, por Dios. Muchísimo más!», dijo.