Benditos roedores

Pero ahora voy todas las semanas y me lo paso de muerte cazando ratas del tamaño de un brazo. Antes no había ratas y la casa de mi tía era un aburrimiento. Pero gracias a las obras de la M-30, las ratas del Manzanares se exilian en el barrio de mi tía. Son feas y grandes, pero buenas. Se dejan matar enseguida. Les encanta el raticida Látigo.

Para saber quién mata más, mis hijos y yo molemos tiza de colores y la colocamos debajo del raticida. Cada uno usa un color diferente. El mío es el amarillo. La verdad es que este Ayuntamiento piensa en el ocio de los niños, y en el mío.

Y también piensa en el desarrollo de las economías domésticas y en la investigación científica, porque ahora estamos cazándolas sin muerte para venderlas vivas en los laboratorios. Mola un montón.