Dulce Espe

Sucedió en Fuenlabrada el lunes durante la visita de los Príncipes. En una parada en el colegio que lleva el nombre de la escritora Dulce Chacón, Esperanza Aguirre le preguntó amablemente a la madre de la novelista: «¿Dónde está Dulce, en Cuba?». Trágame, tierra, pedazo de metedura de pata.

Dulce Chacón murió hace más de dos años… Los deslices de nuestra presi, hay que reconocerlo, son de antología. Su versión sobre el apellido del genial portugués Saramago, reconvertido en sus labios en «la novelista Sara Mago»… No tiene precio. Yo tengo una perla inédita que añadir a este jugoso inventario.

Al ser presentada al mundialmente conocido pianista y director de orquesta Daniel Barenboim, Espe lo felicitó: «¡Qué bien habla español! ¿Cuándo aprendió usted?». El músico argentino no perdió la compostura: «Señora, mi mamá me asegura que dije las primeras palabras cuando resién tenía un añito».

Yo entiendo el despiste de nuestra presi –¿quién no se equivocaría alguna vez sometido a una agenda de trabajo como la suya?– y, valoraciones políticas aparte, me consta que es una persona de gran cultura. Tal vez sólo olvida la máxima de Baltasar Gracián: «De lo que callas, eres el amo; de lo que dices, el esclavo». Por si acaso, Espe, te aviso: éste lleva enterrado más de tres siglos.