‘Star Wars: La remesa mala’ confirma que George Lucas acertó al elegir a Dave Filoni como padawan

El spin-off (o secuela, según se mire) de ‘The Clone Wars’ ha llegado recientemente a Disney+.
Hunter sonriendo a Omega en 'La remesa mala'
Hunter sonriendo a Omega en 'La remesa mala'

[ESTE ARTÍCULO CONTIENE SPOILERS DE LOS DOS PRIMEROS EPISODIOS DE LA REMESA MALA]

A su aplaudido término en mayo de 2020, Star Wars: The Clone Wars confirmó algo muy importante, y apenas contemplado en el canon de la saga construido por las películas: el conflicto bélico al que su título hacía referencia no solo había supuesto la derrota de la República y la Orden Jedi, sino también de los propios clones. Y la derrota de estos había sido si cabe más humillante: mientras que la democracia era fagocitada por el Imperio con estruendosos aplausos y los Jedi pagaban su arrogante negligencia con el exterminio, el ejército creado en Kamino había visto ahogada cualquier posible humanidad al demostrar que, al final del día, solo eran soldados diseñados para cumplir órdenes.

Resultaba particularmente doloroso cuando la serie de Dave Filoni se había habituado durante un centenar de episodios a mostrar la valentía individual de algunos miembros del ejército de la República, tratando de tú a tú a los Jedi y estableciendo lazos afectivos que buscaban el cariño de la audiencia con la misma convicción que, por ejemplo, la relación entre Anakin Skywalker y Ahsoka Tano. Una vez se ejecutó la Orden 66, dio igual la identidad de cada clon. No importaba si te llamabas Cody o Rex, o si apreciabas de verdad al Maestro Kenobi: tu programación exigía que le dieras la espalda a todo para apretar el gatillo.

El último episodio de The Clone Wars incidía en esto y lo representaba con una escena memorable: Ahsoka lamentándose frente a las tumbas de los soldados clon con los que compartió aventuras, todas ellas coronadas con un casco que había ocultado sus rasgos distintivos (dentro de que todos fueran los de Jango Fett). Star Wars: La remesa mala, nueva serie de animación de Star Wars, se hace eco de esta tragedia a través de un grupo de clones que siempre rechazó esta sumisión a la impersonalidad bélica. Fundamentalmente, porque eran clones defectuosos.

De guerra en guerra

El fandom de Star Wars conoció a la Remesa Mala (o Lote Malo, o Bad Batch si no queremos sonrojarnos con la traducción imposible) en 2015, durante una convención en Anaheim a la que Filoni llegó queriendo consolar a sus seguidores de algún modo, luego de la prematura cancelación de The Clone Wars una vez Disney adquiriera Lucasfilm. La Fuerza 99 que entonces bocetó habría contado con un arco propio en la serie animada, presentándose como un atractivo desvío frente a la habitual disciplina de los clones. Los que componían la Remesa Mala habían nacido entre fallos de laboratorio, por lo que su actitud frente a las órdenes era algo más mutable de la cuenta.

La idea era de George Lucas. Al creador original de Star Wars le seducía la idea de unos clones con inquietudes propias que no repararan en desafiar a la autoridad, sobre todo en el complejo marco de una contienda que obedecía antes a motivos subterráneos (el plan de Palpatine por acaparar poder dentro de la República y fundar su Imperio) que al mero salvamento de la galaxia. Lucas tenía en mente un modelo similar a la película Doce del patíbulo (indispensable como referente de Rogue One): guerreros imprevisibles, de pétrea camaradería, que seguían sus propias reglas.

La Remesa Mala vio la luz cuando Disney renovó por sorpresa The Clone Wars con una última temporada, y el batallón compuesto por Hunter, Crosshair, Tech, Wrecker y Echo apareció en la tanda inicial de episodios. No tuvo presencia en la recta final de la serie, pero esto se debía a que Filoni ya había trazado un plan propio: continuar la historia de The Clone Wars con el protagonismo de estos clones que, gracias a los defectos en su programación, no se habían visto obligados a traicionar a los Jedi y prestar servicio al Emperador. Así, con una negativa a cumplir órdenes, es como comienza precisamente La remesa mala, cuyo piloto fue estrenado por Disney+ el pasado 4 de mayo día de Star Wars.

Dicho piloto dura unos 75 minutos y recuerda a la estrategia seguida en 2008, cuando la película Star Wars: The Clone Wars inauguraba la serie homónima desde los cines. No obstante, en comparación al mediocre largometraje que dirigió un Filoni recién llegado a la franquicia, este especial subtitulado Posguerra es mucho más equilibrado y sienta unas bases enormemente atractivas, con la intención de aunar reverberaciones tanto a la propia The Clone Wars como a las películas (la que la sucedería cronológicamente sería Han Solo: Una historia de Star Wars) y a todas las series derivadas de Star Wars, hoy buque insignia de la saga tras la ingrata experiencia de las películas. 

Fotograma de 'La remesa mala'
Fotograma de 'La remesa mala'

Así, La remesa mala comienza en el planeta Kaller, donde los clones se vuelven contra la Maestra Jedi Depa Billaba y su padawan Caleb Dume. La decisión de Hunter de no cumplir la orden de acabar con el chico está relacionada directamente con Star Wars Rebels, ya que Dume se convertirá con el tiempo en el famoso Kanan Jarrus, uno de los protagonistas de esta otra serie animada. No es el elemento principal, sin embargo, de este piloto, ya que la decisión de Hunter generará un gran malestar en Crosshair, dispuesto pese a todo a seguir formando parte del ejército de la República que ahora es el del Imperio.

El conflicto entre Hunter y Crosshair, así como la llegada de Moff Tarkin con la intención de deshabilitar el ejército clon (ante la preferencia de Palpatine por utilizar reclutas ajenos a las incubadoras, lo que años después llevará a la incorporación de un soldado llamado Finn) y la progresiva toma de conciencia de la Fuerza 99, marcan el desarrollo de este capítulo. La Remesa Mala, como ya pudo hacer Rex gracias a su vínculo emocional con Ahsoka Tano, se resiste a ser absorbida por el Imperio, y es a través de esta actitud donde se empieza a forjar espiritualmente la Alianza Rebelde.

En el mismo capítulo, para resaltarlo, aparece un joven Saw Gerrera que ha decidido plantar batalla a Palpatine, mucho antes de que lo conociéramos con el rostro de Forest Whitaker en Rogue One. La Guerra Civil galáctica ha comenzado.

Saw Gerrera en 'The Clone Wars'
Saw Gerrera en 'The Clone Wars'

Confiemos en el tipo del sombrero

Hay un motivo muy claro por el que La remesa mala se siente tan fresca pese a que conozcamos de sobra en qué desembocarán los esfuerzos de sus protagonistas, y este es la coyuntura geopolítica (¿galactopolítica?) tan concreta en la que se ambienta. Una que es sintetizada por un diálogo del segundo episodio, donde los miembros de la Fuerza 99 se sorprenden al descubrir que “durante la República los clones querían nombres en vez de números, y ahora la gente firma para que les den un número”.

Esto es, la pulsión totalitaria del Imperio pasa por convertir a todos los gobernados en clones: meros números de particularidades ahogadas y sometidas. Al ambientarse de forma inmediatamente posterior a La venganza de los Sith, La remesa mala recorre con detallismo los primeros días del reinado de Palpatine, retratando cómo los planetas de la Antigua República afrontaron este repentino recorte de libertades. En un contexto donde aún no se había desarrollado oficialmente la disidencia, las primeras oposiciones vinieron de los menos pensados: concretamente, de unos soldados que desobedecieron a sus superiores gracias a un providencial fallo de programación.

Dave Filoni
Dave Filoni

El concepto tiene fuerza, y es despachado en los primeros compases de La remesa mala con el estilo habitual (y de probada eficacia) de Filoni: diálogos sintéticos, siempre asaltados por la acción y la necesidad de tomar decisiones, que van perfilando heroísmos diversos en un escenario sobradamente conocido por los fans. No es que los personajes que componen la Remesa sean el colmo de la originalidad (tenemos al cerebrito, al traidor, al líder apesadumbrado y al músculos bobalicón, sin que nada apunte que estos caracteres vayan a ser matizados en algún momento), pero como todo en Star Wars funciona a efectos de fábula esencial, de historia que nos han contado ya millones de veces porque nos gusta escucharla.

En este sentido, y con dos episodios vistos, La remesa mala es tremendamente continuista con respecto a The Clone Wars. Tanto desde el aspecto discursivo como el formal: sin que la animación sea tan desaliñada como Star Wars Rebels, el diseño de personajes mantiene un cuidadoso apego a lo visto en su precedente y la acción fluye de un modo similar, más o menos ortopédico según la complejidad de los movimientos de la escena. No hay grandes mejoras en ese sentido y la inversión económica apunta a haber sido pareja a la de la última temporada de The Clone Wars, con ciertas mejoras en la iluminación que pueden percibirse sobre todo gracias al planeta aparecido en el segundo capítulo.

Crosshair no acaba de compartir este cambio de actitud en sus compañeros
Crosshair no acaba de entender este cambio de actitud en sus compañeros

La remesa mala cuenta, pese a todo, con una ventaja con respecto a The Clone Wars que ya compartía Rebels: su preferencia por un desarrollo dramático unitario, de claros protagonistas y sin intención de querer hacer una panorámica de la galaxia más allá de lo que dejen ver sus desventuras. Distanciándose de los tan criticados episodios “de relleno” en la serie de la que parte, La remesa mala tiene una historia específica que contar, con un inicio y un final probablemente ya definido dentro de los caóticos calendarios de Disney.

¿Cómo puede evolucionar? Pues la cosa pinta bien. Más allá de su declarado interés en explorar las circunstancias de una galaxia a punto de movilizarse para luchar contra el Imperio, la inclusión de Omega como otro clon defectuoso que se une a la cuadrilla promete sumergirnos en otra de esas relaciones paternofiliales que tan bien funcionan en Star Wars. Pocos meses después de que quedáramos traumatizados con la despedida de Grogu y Mando, La remesa mala nos entrega una contrapartida con la joven y Hunter: este último tan callado y torpe emocionalmente como dispuesto a ser el padre que ella necesita. Así lo declara en el segundo capítulo: “Tengo que aprender”.

¿El nuevo Baby Yoda?
¿El nuevo Baby Yoda?

Hunter y los suyos han de descubrir cómo trascender del todo su carcasa de soldado clon para reclamar su libertad, y con ella la de toda la galaxia. La remesa mala se propone indagar en este aprendizaje, y desde luego las primeras clases no podrían haber sido más estimulantes.

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