'Duro de pelar', 'Operación Triunfo' y asesinos a sueldo: la historia real de la docuserie 'true crime' que debes ver este verano

'Megamix Brutal' narra la historia tragicómica de Max Music, el sello por excelencia del pop español de derribo.
Rebeca, el logo de Max Music y Chenoa en la primera edición de 'Operación Triunfo'.
Rebeca, el logo de Max Music y Chenoa en la primera edición de 'Operación Triunfo'.
Cinemanía
Rebeca, el logo de Max Music y Chenoa en la primera edición de 'Operación Triunfo'.

La industria musical, como la del cine y la TV, es un caldo de cultivo para rivalidades encarnizadas. Pero ¿y si esas rivalidades acaban traduciéndose en complots delirantes entre antiguos socios, con intento de asesinato incluido? ¿Y si, para colmo, su historia es también la de varias décadas de música hortera y disco petardo, con un fenómeno multimillonario de postre?

No busques más, porque todo eso es lo que ofrece Megamix Brutal. La serie de Rafa de los Arcos, que puedes ver gratis en RTVE Play, narra la disparatada trayectoria de Max Music, el sello que nos dio cumbres del pop español de derribo como el Duro de pelar de Rebeca. Y que, tras fenecer en circunstancias más que sórdidas, renació gracias a la apoteosis de Operación triunfo y al Yo quiero bailar de Sonia y Selena.

De los 'megamixes' a las palizas sangrientas

Con el DJ Fernandisco como narrador, Megamix Brutal arranca llevándonos hasta 1984. Un año en el que los programas musicales de la TV pública (la única que había) incluían concursos de break dance, y en el que los éxitos italodisco como Hey Hey Guy o Baila Bolero sacudían a todo el país, desde las discotecas más pijas a los chiringuitos de playa, mientras los DJs como el barcelonés Mike Platinas se convertían en ídolos populares.  

Fue precisamente en la Ciudad Condal donde Ricardo Campoy (que aparece en la serie) y Miguel Degá (ilocalizable, por buenas razones) fundaron Max Music. Un sello que llegó a lo más alto gracias a la colección de recopilatorios y mezclas Max Mix, cuyas dos primeras entregas contaron como responsables con el ya mencionado Platinas junto a Javier Ussía.   

Con otro sello barcelonés (Blanco y Negro) como rival, Max Music se especializó en licenciar en España temas de música de baile procedentes de EE UU, Reino Unido y, sobre todo, Italia. Temas que, acto seguido, funcionarían como materia prima de las sucesivas (y superventas) entregas de Max Mix, con Toni Peret y Jose María Castells reemplazando a Mike Platinas en la mesa de mezclas después de que el DJ abandonase el sello con cajas destempladas. 

Con una jeta de cemento armado y un modus operandi dependiente de los bajos costes y el alto ritmo de producción, Max Music no se cortó en manufacturar artistas propios como David Lyme (real name: Jordi Cubino), que triunfó internacionalmente con la inenarrable Let's Go To Sitges en 1985. El sello también destacó por prácticas de negocios que, más que situarse en el límite de la legalidad, lo cruzaban abiertamente. 

A lo largo de Megamix Brutal, artistas como Mike Platinas no se cortan en calificar de "chantaje" el tratamiento que recibieron por parte de Max Music. Y Ricardo Campoy reconoce haber recurrido a guardias civiles corruptos para hostigar a otros sellos dedicados al dance, especialmente Blanco y Negro. Así las cosas, las payolas a programadores radiofónicos y otras corruptelas a las que se daba el sello parecen poca cosa en comparación. 

Miguel Degá, por su parte, prefería un enfoque más directo: Campoy recuerda sin pestañear cómo su socio castigó a un contable desfalcador propinándole una paliza tan brutal que salpicó las paredes de sangre.

Del 'bakalao' a Rebeca ("¡tu amiga!")

En la música de baile, las tendencias nunca duran, y los responsables de Max Music lo sabían. De ahí que, llegados ya los 90, el sello evolucionara desde el italodisco y el funk hasta aquellos sonidos mucho más contundentes que, tras petarlo a lo grande en las discotecas de Valencia, recibieron el apodo de 'bakalao'. 

Pero no te esperes una historia de creatividad y pasión al estilo de La Ruta: Degá y Campoy iban a por la pasta. Y, gracias a una nueva serie de recopilatorios titulada 'Máquina Total', la tuvieron a espuertas: con decir que la segunda entrega de esta colección incluía el mítico Así me gusta a mí de Chimo Bayo, las explicaciones sobran. 

Caribe Mix, Bombazo Mix (con un doble de José María Aznar en la portada), Lo + Duro y aquel Rumba Total presentado por Cristina Ortiz 'La Veneno' fueron otras perlas suministradas por Max Music durante esta época, siempre estirando el chicle de lo legal. Cuando un tema resultaba demasiado caro, los responsables del sello no se cortaban en reemplazarlo por el cover de rigor, grabado a la velocidad del rayo por los hermanos Toni, Iván y Xasqui Ten, sus productores de cabecera. 

Y fue Toni Ten, precisamente, quien firmó en 1996 una de las cumbres de Max Music: cierto tema cantado por una adolescente de nombre Rebeca Pous cuyo título estuvo a punto de cambiar a última hora, ya que sus responsables se imaginaban el tipo de chistes que inspiraría. Hablamos, claro, de Duro de pelar, trallazo dance que llamaba al empoderamiento femenino... y cuya intérprete soportó muestras de un sexismo bastante grotesco por parte de los jefazos del sello. ¿Alguien esperaba otra cosa? 

Mientras Duro de pelar recibía elogios incluso por parte de la prensa musical más exquisita, los millones entraban a espuertas en Max Music. Debido a ello, Miguel Degá encabezó un intento de expansión a EE UU, vía Miami, que no salió bien... pero que sirvió al empresario para hacer amistades que jugarían un papel crucial en el siguiente capítulo de esta historia. 

De las pistolas en la cabeza a los 'triunfitos'

A mediados de los 90, y pese a los descomunales ingresos de Max Music, la relación entre Ricardo Campoy y Miguel Degá se había degradado hasta niveles insostenibles, con el primero sintiéndose en "una cárcel de oro" y el segundo recurriendo a matones a sueldo para apalear a un pobre hombre que le quitaba espacio a su Ferrari Testarossa en el parking. 

De ahí que, llegado 1998, Campoy y varios de sus socios decidieran fundar la compañía Vale Music, aprovechando sus contactos en Telecinco para forrarse (una vez más...) licenciando la música que sonaba en Crónicas Marcianas, Gran Hermano y otros programas. La mudanza estuvo envuelta en rumores sobre prácticas poco santas, incluyendo el robo de 75 millones de pesetas (algo más de 450.000 euros) de una caja fuerte.

Los sucesos que tuvieron lugar el 3 de septiembre de 1998, sin embargo, superaron la marrullería habitual en la historia de Max Music. De hecho, recuerdan al argumento de Dolor y dinero, la obra maestra de Michael Bay, solo que cambiando a Mark Wahlberg y Dwayne Johnson por un trío de sicarios mexicanos especialmente inútiles. 

Resulta que Miguel Degá contrató a dichos sicarios para asesinar a Ricardo Campoy. Y resulta también que los matones se equivocaron de víctima, raptando en un parking al DJ José María Castells, uno de los socios de Vale Music. Tras llevarse una brutal paliza, Castells salvó su vida de milagro: tendrás que ver Megamix Brutal para conocer los pormenores del caso. 

A resultas de esta chapuza, Miguel Degá fue condenado a 5 años de cárcel tras un sonado juicio. En 2005, sin embargo, el antiguo socio de Ricardo Campoy se fugó de España aprovechando un permiso penitenciario: durante los 10 años siguientes, Degá permaneció en un exilio autoimpuesto que no rompió ni siquiera tras la muerte de su hijo, asesinado en 2014 frente a una discoteca de Barcelona. 

Pero en el epílogo a la historia de Max Music no solo hay sangre, sino también millones. Y no nos referimos a los recaudados en 2001 gracias a Sonia y Selena y Yo quiero bailar, aunque podríamos. Gracias a sus contactos televisivos, el sello se aseguró una parte del pastel en la primera temporada de Operación Triunfo, editando en CD aquellas galas donde David Bisbal, Manu Tenorio, Rosa y Chenoa asaltaban los cielos. 

Epílogo: ¡Viva la fiesta!

Aunque la realización de Megamix Brutal no siempre resulta impecable, esta es una de esas docuseries a las que les basta con su historia. Un cóctel irresistible de dance petardo y anécdotas de película de mafiosos, que además funciona como recorrido por la historia reciente de España a través de su música pop más hortera y plasticorra, animada entre bambalinas por las distintas manifestaciones de la 'cultura del pelotazo'. 

Sumando a esto los momentos de inventiva en su puesta en escena, este show se corona desde ya como la serie de no ficción que recomendamos para animar tu verano. Da igual si viviste los años que describe, porque su argumento y las canciones que sirven de hilo conductor (algunas de las cuales, bromas aparte, son pepinazos rompepistas) te darán ganas de soltar tu pelo, pintar tu cara, perderte en la noche y quemarte en la playa. Las pistolas y los puños americanos, eso sí, mejor déjalos en casa.

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Yago García
Redactor 'Cinemanía'

Estudió Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. Sus textos se publican en la revista Cinemanía desde 2005. Ha sido miembro fundador de Canino, web dedicada a la cultura popular, y redactor en el diario ADN, además de colaborador en medios como Mondo Sonoro, Neo2 y On Madrid-El País.

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