'Ms. Marvel' 1x01/02: la Casa de las Ideas vuelve al instituto, y aprueba con nota

La llegada de Kamala Khan a la TV es uno de los productos más atractivos visualmente del estudio.
Detalle del póster de 'Ms. Marvel'.
Detalle del póster de 'Ms. Marvel'.
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Detalle del póster de 'Ms. Marvel'.
Tráiler de 'Ms. Marvel', la comedia de Marvel que llega a Disney+
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Contiene SPOILERS de los dos primeros capítulos de 'Ms. Marvel'.

Si a Kamala Khan, la superheroína adolescente (y musulmana) de Nueva Jersey, le han caído bastantes palos desde que Shana Amanat y G. Willow Wilson la idearon en 2014, cabe suponer que muchos esperarán su versión televisiva con las espadas en alto. Otra cosa es que encuentren un lugar en el que clavarlas, porque Ms. Marvel queda desde ya como una de las series más interesantes de Marvel Studios. 

Al menos eso es lo que prometen los dos primeros episodios del show creado por Bisha K. Ali, tomándose bastantes libertades con los poderes de su protagonista (nada de engrandecimientos por aquí, lo sentimos) y centrándose más en hacernos reír mediante una comedia de costumbres que en recalentar estereotipos del género de superhéroes. 

Esas decisiones, y unas cuantas más, dan sus frutos, porque sientan como un soplo de aire fresco en un panorama que se adocena a cada segundo. Sin embargo, es debido a ellas que uno puede acercarse al show con cierta desconfianza.  

Porque, cuando uno observa Ms. Marvel desde el cinismo, puede considerarla como un mero cebo para 'centennials'. Uno de esos que Marvel lleva tendiendo desde hace bastantes años en papel sin que (a juzgar por las ventas de sus tebeos) le sirvan de demasiado. 

Este tufillo sospechoso comienza desde el inicio del primer capítulo, con la Blinding Lights de The Weeknd sirviendo como fanfarria de apertura. Y se perpetúa a lo largo de la serie debido a elementos como la dependencia constante de las redes sociales exhibida por sus protagonistas (aquí hay más conversaciones por Instagram que en Heartstopper). Por no hablar de algunos parlamentos de Nakia (Yasmeen Fletcher), los cuales llevarán a más de uno a espetar la odiosa palabra "woke".

Es decir, que sobre Ms. Marvel se cierne la ominosa sombra de Steve Buscemi vestido de skater. Sin embargo, en espera de que su público objetivo tenga tiempo para juzgarla, por aquí podemos asegurar que nos lo hemos pasado pipa viéndola. 

Iman Vellani como Kamala Khan en 'Ms. Marvel'.
Iman Vellani como Kamala Khan en 'Ms. Marvel'.
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Para empezar, Bisha K. Ali y su equipo parecen empeñados en que cada plano de la serie esté lleno de detalles en los que fijar la mirada. Solo el tratamiento que muchas escenas dispensan a las pintadas  de Jersey City, convertidas en un telón de fondo animado,  hacen perdonarle a Marvel (bueno, casi) series visualmente tan raquíticas como Falcon y el Soldado de Invierno o Caballero Luna. 

Superhéroes y superfans

Esta obsesión por llenarlo todo de 'brilli brilli' y detallitos digitales puede llevar al hartazgo, eso sí. Como si, queriendo librarse del aspecto funcional y sin gracia en el que han caído dichos títulos, los responsables de la serie hubieran pecado de exceso de celo. Y, sin embargo, la maniobra funciona. 

Y funciona, en parte, porque Ms. Marvel presta atención a un elemento de la Casa de las Ideas en el que apenas habíamos tenido tiempo de reparar hasta ahora. Verbigracia: que, en su universo, los superhéroes son algo más que paladines de la justicia e intrépidos aventureros. También son estrellas de la cultura pop. 

No se trata solo que Kamala Khan sea una devota creadora de fanfiction (y de cortos de animación caseros) protagonizados por el Capitán América, Iron Man, su adorada Capitana Marvel y similar. Es que la llegada de la heroína a la AvengersCon de Nueva Jersey resulta un certero dardo directo al corazón de los aficionados.

Iman Vellani y Matt Lintz en 'Ms. Marvel'.
Iman Vellani y Matt Lintz en 'Ms. Marvel'.
Disney+

Aunque no del todo original (tiene mucho que ver con la primera aparición de Kamala en el videojuego Marvel's Avengers), la escena en cuestión no solo retrata de forma muy entrañable la repercusión social de esos semidioses con uniformes de colorines, siguiendo la estela de Rogers. El musical. También es, faltaría más, un festival de guiños para expertos. 

Más allá de detalles como el memorial dedicado a Viuda Negra y Tony Stark, o de esa camiseta del Orgullo Asgardiano (¿sería mucho pedir que nos mandaran una a la redacción? ¿o varias?), el auténtico golpe bajo es la inclusión de Star Spangled Man With A Plan en la banda sonora. 

Con decir que una de las asistentes a la convención va vestida como las azafatas que acompañaban a Steve Rogers en esa escena de Capitán América: El primer vengador, queda claro que Ms. Marvel es más consciente de la vertiente kitsch de los superhéroes que muchos otros filmes y series del estudio. Y también de que, sin esa propensión a la chorrada colorista, el género no nos engancharía igual. 

La vida cotidiana de la joven poderosa

La génesis de los poderes de Kamala (debidos aquí a un brazalete mágico, no a las nieblas terrígenas como en los cómics) se hace de rogar hasta bien entrado el primer episodio. Y, por lo demás, las hazañas a base de CGI se prodigan bastante poco durante el metraje que hemos podido ver. 

En lugar de eso, Ms. Marvel resulta una comedia teen y bienintencionada sobre el choque cultural entre inmigrantes de primera y segunda generación. Algo que, sorprendentemente, la hace parecerse en muchos momentos a Red, una película de Pixar con planteamiento similar. 

Aunque la madre de Kamala (Zenobia Shroff) nunca llegue a darnos tanto yuyu como la de Meimei, le cuesta poco establecer su rol como figura de autoridad. Asimismo, el sufrido papá interpretado por Mohan Kapur (un comediante y actor de voz conocidísimo en India) resulta un bienvenido manantial de vergüenza ajena: ese cosplay de Hulk tardará siglos en borrarse de nuestras retinas. 

Iman Vellani en 'Ms. Marvel'.
Iman Vellani en 'Ms. Marvel'.
Disney+

Es en este apartado donde Ms. Marvel resulta un ejemplo de las virtudes de la inclusividad. Es cierto que algunos de sus aspectos podrán chirriarle a parte del público (la cuestión religiosa, para empezar), pero su acercamiento a la vida de los estadounidenses de origen pakistaní resulta natural y alejado del sensacionalismo. Algo que hubiera sido muy distinto, sospechamos, si gran parte de su equipo no compartiese dicha cultura. 

Por último, también hay que romper una lanza en favor de Iman Vellani. La intérprete de Kamala Khan se convierte desde el principio en un pilar de la serie gracias a un desparpajo y una soltura que sorprenden, más aún si recordamos que se trata de una debutante. 

Secundada por Matt Lintz como ese cómplice friki y adorable que toda superheroína juvenil necesita, Vellani obtiene su mayor logro al no intentar aparecérsenos como una figura bigger than life. En lugar de eso, se trata de una joven regordeta y con la cabeza a pájaros perdida en la encrucijada de una adolescencia más compleja de lo habitual: quítale sus poderes, y será igual de corriente (y de especial) que cualquier espectador o espectadora de esa edad. 

La escena en la que esto queda más de relieve es ese playback a los sones del Be My Baby de The Ronnettes que suena en el segundo episodio. Siendo malpensados, podemos sospechar que se trata de una colleja a Martin Scorsese, quien tiró del mismo tema para los créditos de Malas calles. Pero seguro que 'Marty' encontraría extremadamente riquiños tanto el trabajo de la actriz como la puesta en escena del número.

Así pues, los dos capítulos iniciales de Ms. Marvel cumplen estupendamente su misión de vendernos la serie y hacernos pedir más. Habrá que ver si el resto del show mantiene ese entrañable desenfado, o si opta por mandarlo todo a freír monas a base de exposición innecesaria, falta de imaginación y giros previsibles. Por ahora, in Kamala we trust. 

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Yago García
Redactor 'Cinemanía'

Estudió Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. Sus textos se publican en la revista Cinemanía desde 2005. Ha sido miembro fundador de Canino, web dedicada a la cultura popular, y redactor en el diario ADN, además de colaborador en medios como Mondo Sonoro, Neo2 y On Madrid-El País.

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