Un ladrón anarquista con afición por los golpes de efecto: el Lupin que existió de verdad

La alucinante historia de Marius Jacob, el ladrón anarquista, está en la raíz de la serie de Netflix.
Omar Sy en 'Lupin' (izda.) y Marius Jacob (dcha.).
Omar Sy en 'Lupin' (izda.) y Marius Jacob (dcha.).
Cinemanía

¿De dónde ha salido Lupin? Buena pregunta, tratándose de un ladrón de guante blanco. Y eso que, a primera vista, la respuesta es sencilla: la serie de Netflix se inspira (al igual que su protagonista, interpretado por Omar Sy) en las novelas de Maurice Leblanc sobre el 'caballero ladrón' definitivo. Un personaje cuyo ingenio y carisma siempre se imponen a los aspectos más antipáticos de la ley… y que también resulta demasiado cool para ser verdadero. ¿O no?

Pues, en este caso, la realidad supera a la ficción. O, al menos, la propulsa. Es cierto que antes del Lupin de Netflix estuvo el Lupin literario, que también llegó al cine, a la TV y, por vía de su nieto Lupin III, también al anime. Pero el precursor de ambos fue de carne y hueso. Hablamos de Marius Jacob, un profesional del robo cuya carrera mantuvo en vilo a la Francia del recién nacido siglo XX. Y cuyas andanzas, en sí mismas, suponen una historia apasionante. 

Nacido en Marsella en 1879, y con un currículum de lo más diverso antes de darse al latrocinio (fue marinero, impresor… y pirata), Jacob dio su primer golpe de efecto en 1899. Aquel año, enfrentándose a una pena de cárcel por sus ideas anarquistas, el Marius veinteañero se fingió demente para eludir la prisión… para después fugarse del manicomio en el que le habían recluido. 

Bajo el lema "La propiedad es un robo", Marius Jacob organizó tras su evasión una banda conocida con el poético nombre de 'Los Obreros de la Noche'. De composición tan difusa como nutrida (se le adjudican hasta 300 miembros, que operaban en 'comandos' de cuatro o cinco) este grupo de ladrones operaba según unas reglas muy estrictas: evitar la violencia salvo en defensa propia, escoger sus objetivos solo entre las clases más pudientes y los detentadores del poder, y destinar parte de sus ganancias a la causa anarquista. 

Retrato de prensa de Marius Jacob.
Retrato de prensa de Marius Jacob.
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Ahora bien: estas intenciones caballerosas no serían nada sin buenos resultados prácticos, y Jacob demostró desde el principio su talento para hacer buenas migas con la propiedad ajena. Su habilidad a la hora de abrir cajas fuertes no tenía rival, y, a la hora de entrar sin invitación en los pisos más lujosos de París, encontró una herramienta sin igual en un simple paraguas, con el que recogía los cascotes que caían al abrir butrones en el techo. 

La mansión de un almirante, una fábrica de joyas, la catedral de Tours… Marius Jacob y sus Obreros de la Noche parecían capaces de entrar en cualquier sitio: no en vano, cuando fue llevado a juicio, se les imputó la friolera de 156 robos. 

Para colmo, el inspirador de Lupin no se cortaba en firmar sus trabajos dejando notas, firmadas con seudónimos imponentes ('Atila', 'Escande', 'Difícil de Matar' y un largo etcétera), en las que afeaba a sus víctimas su falta de conciencia social. Pero si, por despiste, entraba en la casa que no era, la misiva contenía una sentida disculpa acompañada por algo de dinero, para las reparaciones de rigor. 

Cartel de 'Arsène Lupin' (1932)
Cartel de 'Arsène Lupin' (1932)
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El escritor Pierre Loti, sin ir más lejos, recibió una de estas indemnizaciones. En otra ocasión, al descubrir que su víctima estaba ahogada por las deudas, Jacob y los suyos se disculparon regalándole 10.000 francos en oro. 

Pero esta trayectoria alucinante no podía durar: en 1903, tras un tiroteo en Abbeville durante el cual mató a un policía, Jacob fue capturado. Su juicio, que tuvo lugar dos años más tarde, fue un acontecimiento mediático, y el discurso que pronunció en su defensa ha quedado como un clásico de la literatura anarquista. "La lucha solo desaparecerá cuando los hombres compartan alegrías y penas, trabajos y riquezas, cuando todo sea de todos", concluyó.

La historia de Marius Jacob no concluye aquí: condenado a trabajos forzados en Cayena, trató de fugarse nada menos que 17 veces hasta que una campaña popular consiguió su liberación. Ya en libertad, y con un trabajo 'respetable' como comerciante, sus andanzas le llevaron a cruzarse con el mismísimo Buenaventura Durruti y a ejercer como voluntario en la Guerra Civil Española. 

Durante la II Guerra Mundial, un Jacob ya anciano colaboró con la Resistencia. Pero lo que no consiguieron ni la policía ni los nazis lo logró la muerte de su mujer en 1947: diez años más tarde, víctima de una profunda depresión, el ladrón más célebre de Europa decidió terminar con su vida tras una fiesta con sus amigos. Pero no se privó de dejar una última nota, que terminaba con su descaro habitual: "He dejado dos litros de vino rosado. Brindad a mi salud". 

Así pues, este fue el personaje en el que se inspiró Maurice Leblanc para crear a Arsène Lupin, un personaje cuyas aventuras comenzaron a publicarse en 1907 y de cuyo modus operandi Jacob tenía una opinión tirando a negativa. "Como novelas de fantasía son muy buenas –señaló en una carta a un amigo– pero, en lo que respecta a la técnica, son una chapuza". 

Ahora bien, algo de orgullo debía de sentir Marius Jacob por haber servido de modelo al 'caballero ladrón'. Porque el epitafio que leemos en su tumba reza: "Pudo haber sido Arsène Lupin". 

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