Crítica de 'El Pacificador' SIN SPOILERS: antihéroe inadaptado busca amor

James Gunn sube el volumen a la ficción superheroica en su trabajo más cachondo, incisivo y emotivo. 
'El Pacificador'
'El Pacificador'
Cinemanía

Hay pocas cosas que le gusten tanto a James Gunn como poner a bailar a sus superhéroes. El director que reventó Marvel con Chris Pratt moviendo las caderas al son de Come and Get Your Love ha encontrado en John Cena a su perfecta pareja de baile, un actor que se desnuda, se ridiculiza y sí, se deja llevar por la música como si nadie lo estuviera mirando. 

El Escuadrón Suicida fue el despiporre con corazón que los granujas incorregibles de DC capitaneados por Margot Robbie merecían, una carnicería emocional en la que todo personaje tenía su momento de lucimiento. Sin embargo, no es de extrañar que el primer mangarrán en ganarse un spin-off en solitario haya sido El Pacificador de Cena, ese villano tontaina a las órdenes del Gobierno de EE UU que tan bien le viene al cineasta para cuestionar a la sociedad actual en general y la idiosincrasia yanqui en particular. 

'El Pacificador'.

Este superhombre en gayumbos, marioneta de los intereses más corruptos, representa el patriotismo exacerbado, el honor malentendido, el peligro del fanatismo y la demagogia, o la apología de la violencia en nombre de la paz. En su nueva ficción, el talento de Gunn pasa por mostrarlo no solo como una máquina de matar poco avispada, sino también y sobre todo como víctima de unas circunstancias determinadas, con ternura, obligándonos a empatizar con él, haciéndolo dolorosamente humano. 

El Pacificador explora así el origen del esperpéntico 'monstruo': nos trae al niño en busca de aprobación paterna, a alguien tan falto de amor que tiene un águila como compañero de vida, a un inadaptado incapaz de relacionare o encajar en la sociedad. Ahí reside el gran atractivo de la nueva serie de HBO Max (disponible el 13 de enero), en esa combinación tan bien medida de desvergüenza y corazón propia de Gunn, que encuentra su mejor aliado en un John Cena entregado al personaje de inseguro perdedor. 

Puede que la nueva apuesta superheroica de DC no haya descubierto nada nuevo dentro del género más manido en la actualidad; ahí están la irreverencia y la violencia extrema de The Boys, el ansia de innovación de Watchmen o el corazón de Bruja Escarlata y Visión. Sin embargo, Gunn y Cena dan buena cuenta de su talento e ingenio indiscutibles a la hora de formular una apuesta gamberra recubierta de crítica social y con una profunda reflexión sobre la inestabilidad emocional, la toxicidad paternofilial, la masculinidad frágil o la dolorosa soledad.

El mejor cumplido que se le puede hacer a la serie es que, despojándola del traje hortera del protagonista, los guiños a Amanda Waller y la sombra de DC, sigue funcionando como una especie de workplace comedy astuta y atrevida, con ritmo, que reivindica a inadaptados e incomprendidos, y entretendrá hasta al deceíta más receloso. 

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