Así castigó 'Sensación de vivir' el sexo adolescente entre Brenda y Dylan

Muchas series para jóvenes han hecho sufrir a sus heroínas por sus conductas 'indecentes': el personaje de Shannen Doherty es uno de los ejemplos más clamorosos. 
Luke Perry y Shannen Doherty en 'Sensación de vivir'.
Luke Perry y Shannen Doherty en 'Sensación de vivir'.
Cinemanía

Hoy en día, en los tiempos de Sex Education (y no digamos en los de Élite), la televisión ya no parece ajena al hecho de que dos personas jóvenes pueden tener sexo sin estar casadas, e incluso antes de cumplir la mayoría de edad. Pero esta realidad, que aún hoy sigue escociendo, resultaba inimaginable en 1991, cuando Sensación de vivir era lo más de lo más en la TV teen. 

Hace 30 años, la serie producida por Aaron Spelling se hallaba en el punto de mira tanto de las firmas de izquierdas (que la tachaban de apología del pijerío más superficial) como de voces conservadoras según las cuales era un pérfido canto de sirena capaz que arrastraba a los jóvenes al vicio y al fornicio. 

Aunque Sensación de vivir no fuese la primera ni la última serie que suscitaba este tipo de debates, esa presunta ligereza de cascos acabó resultando en presiones económicas, a resultas de las cuales el show 'castigó' a uno de sus personajes por haber llegado a mayores antes del matrimonio. 

¿Hace falta decir que se trataba de un personaje femenino? Efectivamente: hablamos de Brenda Walsh (Shannen Doherty), cuyo debut en las cosas de la sexualidad resultó extremadamente escandaloso. Pero no por resultar sórdido o trágico, sino por todo lo contrario. 

En el capítulo Baile de primavera (21 de la primera temporada), la hermana de Brandon (Jason Priestley) decidía perder su virginidad con su novio Dylan (Luke Perry, ese rostro capaz de forrar mil carpetas). Lejos del sensacionalismo o del morbo fácil, el acto resultaba tierno y placentero para las dos partes implicadas, afianzando su mutuo compromiso. Tal vez gracias a ello, el capítulo de marras quedó como uno de los más vistos de la serie hasta entonces. 

Pero esa misma naturalidad resultó profundamente ofensiva tanto para varios lobbies conservadores como para algunos anunciantes, que presionaron a la cadena Fox para que la joven 'pecadora' recibiese su merecido. De esta manera, el comienzo de la siguiente temporada no solo mostraba la ruptura de Brenda y Dylan, sino también a la primera sufriendo la angustia de un posible embarazo no deseado.

Darren Star, creador de Sensación de vivir, recordó esta situación en 2008 durante una entrevista con el New York Times. Hablando del encuentro entre Brenda y Dylan, Star afirmaba que él nunca se planteó romper la relación entre sus protagonistas hasta que los directivos de Fox exigieron que el sexo prematrimonial entre ellos tuviera "consecuencias". 

"Los anunciantes no estaban indignados por que se hubieran acostado, sino porque Brenda había disfrutado y no había habido consecuencias desagradables", señalaba el creador de la serie. De esta manera, prosiguió, sus jefes le presionaron para mostrar esas "consecuencias" de la forma más truculenta posible.

Aunque Darren Star no dijo nada al respecto, es ocioso comentar que dichas medidas punitivas afectaron sobre todo al personaje de Doherty. Mientras que Dylan sufría una situación apurada y el adiós de su amor juvenil, Brenda tenía que pagar por la entrega de su 'virtud' con una de las peores incertidumbres que pueden asaltar a una mujer joven, además de quedándose sin novio. 

El caso de Sensación de vivir, por lo demás, no fue el único ni el último. Los fans de Dawson crece, por ejemplo, recordarán la triste andadura de Jen (Michelle Williams), un personaje que sufría constantemente debido a su sexualidad. Y al que el creador Kevin Williamson decidió matar en la última temporada, como un "catalizador para la madurez" del resto de protagonistas. 

Otros ejemplos, como el embarazo de Haley (Bethany Joey Lenz) en One Tree Hill, resultan menos crueles, pero también han contribuido a perpetuar estereotipos muy perjudiciales en la ficción audiovisual para jóvenes.

Se trata de esa creencia, tantas veces plasmada en cine y TV, de que el primer sexo es un rito de paso del que los adolescentes varones salen preparados para enfrentarse a la vida adulta. Para las mujeres, por el contrario, no supone una fuente de placer o de realización personal, sino una vergüenza que debe pagarse con lágrimas y sangre (real o metafórica). Y a veces, como en Dawson crece, también con la vida. 

Ahora que Sensación de vivir es una reliquia de la cultura pop de los 90, tal vez sea un buen momento para plantearse hasta qué punto sigue con nosotros esta obsesión por el control sobre el cuerpo de las mujeres, y también sobre la percepción social del mismo. Tampoco estaría mal preguntarnos si, creyendo habernos librado de ella, no estaremos reemplazándola con otros estereotipos igual de puritanos, pero mucho más hipócritas.  

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