'1899': ciencia ficción y filosofía platónica en el nuevo e indiscutible éxito de los creadores de 'Dark'

Lo nuevo de Netflix recoge el testigo de su predecesora con una historia repleta de giros que se adentra en los misterios de la mente humana.
1899
1899
Cinemanía

Con la avalancha de títulos de ciencia ficción que se vienen estrenando en los últimos años, es normal que los más escépticos esperen pocas sorpresas cuando aparece una nueva serie de este género. No obstante, la cosa cambia, y mucho, si se trata de una creación de los responsables de Dark, una de las series más exitosas de Netflix que desde la primera temporada consiguió granjearse un fandom importante.

Ahora, Baran bo Odar (director) y Jantje Friese (guionista) vuelven a la carga con una propuesta enormemente interesante por varios motivos. Partamos de la premisa: un barco lleno de pasajeros se desvía para tratar de rescatar a otro que se encuentra desaparecido desde hace cuatro meses en medio del océano Atlántico. Esta valiente decisión del capitán (Andreas Pietschmann) generará desacuerdo y malestar tanto en la tripulación como entre los pasajeros, llevándolos a la rebelión. 

Mientras, una de las pasajeras (Emily Beecham) trata de resolver el misterio del barco perdido a través de las pistas que ha recibido en una carta de su hermano. El libro que aparece de vez en cuando en su camarote es El despertar de Kate Chopin, que no solo nos adelanta algo de la trama, si no que nos habla de un personaje dispuesto a romper las convenciones de su época. 

Emily Beecham en '1899'
Emily Beecham en '1899'
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Cuando consiguen encontrar el barco perdido no solo comprueban con espanto que no quedan supervivientes, a excepción de un escalofriante niño, sino que además pierden totalmente el rumbo y empiezan a suceder cosas extrañas entre los pasajeros.

La historia tiene lugar en 1899, con una estética de época que recuerda inevitablemente al clásico Titanic, mientras mantiene una atmósfera oscura y pesada, mérito del director de fotografía de Dark, Nikolaus Summere. La cantidad de información que recibe el espectador ya sea en forma de números, símbolos, flashbacks y otros pequeños detalles, requieren prestar atención en cada capítulo para intentar adelantarnos al misterio que envuelve a los barcos Kerberos y Prometheus.

A destacar también una banda sonora original compuesta por Ben Frost (mismo compositor que en Dark) y el cierre de capítulos con música de Black Sabbath, David Bowie y Deep Purple, entre otros clásicos de los 60s, 70s y 80s, que al principio choca bastante pero después te deja con ganas de ver con qué temazo van a concluir el capítulo.

Personajes con un pasado y un propósito, en medio de la confusión

El Kerberos transporta a unos 1400 pasajeros y la serie hace seguimiento de una decena de ellos. Procedentes de distintas partes del mundo, la idea de que cada uno hable un idioma diferente recuerda al mito de la Torre de Babel y cómo Dios castigaba a la humanidad condenándola a no comprenderse entre ellos. 

En 1899, casi como si se burlaran de ese Dios, los pasajeros transitan su estancia en el Kerberos hablando entre ellos, cada uno en su idioma, y comprendiéndose, a pesar de todo. Sus emociones y sentimientos son suficientes, pero más aún, a veces ese intento de comunicación sirve para dar rienda suelta a un monólogo interno en el que liberan sus miedos, sus rencores y sus esperanzas.

1899
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Todos ellos viajan en el barco huyendo de algo y gracias a que cada capítulo nos descubre una parte del pasado de cada uno de estos personajes (recordando inevitablemente a otras estructuras similares, como la de Perdidos) podemos empatizar rápido con algunos de ellos mientras que, de otros, inevitablemente, nos alejaremos.

La confusión en el barco, a medida que el misterio crece, ayudará a crear alianzas entre los distintos personajes mientras salen a la luz sus oscuros secretos y aquello que les mueve. Como punto negativo, se echa en falta un poco más de contexto de algunos personajes. ¿Se lo estarán reservando para una próxima temporada? Ojalá.

Un lobo, una prisión y todo aquello que contiene la mente

Hay algunas ideas que se repiten a lo largo de los ocho capítulos y que, estando lo suficientemente atentos, pueden darnos muchas pistas sobre lo que va a suceder y lo que quieren contar los creadores de la serie.

Una de las ideas que resuenan es la del “lobo”, propuesta por los trabajadores de la sala de máquinas. ¿Y si hay un lobo en el barco? Tonterías. ¿Y si ese lobo es un hombre? Inevitablemente, tras la decisión del capitán de remolcar al Prometheus de vuelta a Europa, en el barco se genera un motín en el que se producen enfrentamientos entre la tripulación y entre los pasajeros. 

Un instante de '1899'
Un instante de '1899'
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El miedo y la ira se apoderan de ellos y a pesar de que algo misterioso está matando a los pasajeros, la verdadera violencia la ponen sobre la mesa los amotinados. “El hombre es el lobo del hombre”, decía Hobbes, algo que queda de manifiesto también cuando conocemos el pasado de algunos de los protagonistas.

Otro concepto que se repite en numerosas ocasiones es el de “prisión”. Los personajes se sienten encerrados. En su pasado, en su presente, en el barco. En sus recuerdos algunos son de hecho encerrados o inmovilizados. Están presos en su realidad, presos de las decisiones que han tomado en su vida, de las decisiones del capitán, de la violencia que se genera en el barco y de su destino, pero, sobre todo están presos en sus mentes.

Por último, desde el principio veremos muchas menciones al cerebro, a lo que puede contener -la realidad en sí misma- y a su funcionamiento. La idea de que “el cerebro es más grande que el cielo y más profundo que el mar” nos da una pista clara de hacia dónde van a ir los tiros conforme avancen los capítulos, así como la inclusión de White Rabbit de Jefferson Airplane al final del primer capítulo y también versionado en la propia cabecera de la serie, donde se repite “free your head”. Algo, que, por cierto, ya explotó la última película de Matrix.

Efectivamente, estamos ante un baile de sombras (otro concepto que también se repite mucho durante la serie) en el que la realidad no es lo que parece. Podría ser una temática ya manida, pero ¿a quién no le gusta una buena historia de esas que pone en entredicho la realidad? Y más si está acompañada de unos giros brutales, condensados especialmente al final de la serie.

En definitiva, 1899 es una apuesta sólida que tiene muchas posibilidades interesantes para desarrollar en una segunda temporada y que, a pesar de las inevitables comparaciones con su predecesora, consigue crear una atmosfera e identidad propias que enganchan desde el primer capítulo.

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