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[Seminci 2021] ‘La peor persona del mundo’: Problemas del sexo anal en la era del Me Too

Joachim Trier presenta en Valladolid su película más madura, un retrato generacional y existencialista de la búsqueda de sentido en el siglo XXI
La peor persona del mundo
La peor persona del mundo
Elastica

La única certeza que nos presenta La peor persona del mundo es que es una película de 12 capítulos, con un prólogo y un epílogo. El resto, como la vida, es una perpetua incertidumbre. Su protagonista, Julie (Renate Reinsve, premio en Cannes a la mejor actriz), hace precisamente ese viaje espiritual en la película.

Al comienzo de La peor persona del mundo Julie es una estudiante de medicina o psicología reconvertida en fotógrafa, articulista y escritora, esa clase de persona que no tiene hijos porque está esperando a que pasen determinadas cosas (no sabe cuáles). Al final es fotofija en rodajes de cine y ese otro tipo de persona que ha aprendido que el mundo es caótico y las cosas en la vida no vienen ordenadas a su gusto.

Mimetizada con ese universo caótico que pone en imágenes, La peor persona del mundo es una película tan libre en su fondo como en su forma, desde esa voz en off deliciosamente irónica que viene y va. Empieza cercana a Woody Allen en tono, banda sonora y alma. Concretamente, al Woody Allen de amores y desamores neoyorquinos, el de Annie Hall y Hannah y sus hermanas. Los conflictos, ligeros como entonces, se actualizan a la era del Me Too, la locura de Instagram y el clickbait: “¿Se puede ser feminista y que te guste que te follen en la boca?”, titula la protagonista un artículo que escribe y se hace viral.

Pero ya en ese fragmento de la película que es claramente cómico, que a veces recuerda incluso a Fleabag, Joachim Trier introduce momentos puramente cinematográficos, incluso trascendentales. En uno de ellos, Julie abandona la fiesta de presentación del cómic nuevo de su novio y pasea sola por Oslo (qué bella luce en la película), llora, ríe y se cuela en una boda en la que se enamora de otro hombre. Trier describe la vida en pareja pero sin caer en los clichés habituales. A veces recuerda a Escenas de un matrimonio y además aporta perspectiva cuando contrasta la vida sentimental y familiar de su protagonista con la de sus antepasados femeninos en una secuencia que recuerda a Wes Anderson.

La peor persona del mundo
La peor persona del mundo
Elastica

Pero su libertad de estilo no acaba ahí. En el capítulo seis, Trier cambia el punto de vista y nos revela que el título de la película se lo debemos a un personaje secundario, uno capaz de detener el tiempo. Además, hay secuencias alucinatorias y musicales. Libre también temáticamente, La peor persona del mundo nos ha llevado de los problemas sin importancia a las grandes cuestiones de la humanidad: la vida y la muerte, básicamente, con algún inciso en el malestar de la cultura y la cultura de la cancelación.

Dos hombres, Joachim Trier y Eskil Vogt firman uno de los personajes femeninos mejor escritos del año. No solo es eso. Es un retrato de lo que significa ser una mujer treintañera hoy, las tribulaciones a las que se enfrentan las jóvenes que han de transitar por el amor, la vocación profesional, la maternidad o el compromiso sentimental en el siglo XXI. Y, más allá del punto de vista del género, es un viaje hacia la búsqueda de sentido que nos une a todos, mujeres y hombres, en este universo caótico y absurdo. Como le dice su expareja a Julie, el hombre que le ha cambiado la vida sin saberlo: “Me he pasado tan tiempo preocupándome por lo que podía salir mal. Y lo que ha salido mal no me preocupaba”.

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