Scarlett Johansson en 'Ghost in the Shell': ¿Acierto o racismo?

Fichando a la neoyorquina para su adaptación del 'anime' de Mamoru Oshii, Spielberg ha levantado una tormenta en internet: ¿debería recaer el papel en una actriz asiática?
Scarlett Johansson en 'Ghost in the Shell': ¿Acierto o racismo?
Scarlett Johansson en 'Ghost in the Shell': ¿Acierto o racismo?

En un primer análisis, debería de ser la elección ideal: no en vano estamos hablando de una actriz que sabe conjugar lo dramático con lo violento, y que en sus últimos trabajos (Her, Under the Skin e incluso Lucy) ha demostrado una interesante afinidad por la ciencia-ficción original y compleja. Y si, además, recordamos sus andanzas como Viuda Negra (y no digamos su uniforme) en las películas de Marvel, estaremos de acuerdo en que Dreamworks ha dado en la diana contratando a Scarlett Johansson para esa adaptación de Ghost in the Shell que dirigirá Rupert Sanders: pocas estrellas femeninas de Hollywood parecen más indicadas que Scarlett para dar vida a una detective cyberpunk de armas tomar con el cuerpo metálico. Pero, si esto es así, ¿por qué el fichaje de la neoyorquina, confirmado oficialmente ayer, está despertando tantas quejas en internet?

Pues dichas quejas se deben, básicamente, a que la Johansson (tan rubia y sonrosada ella) no pega excesivamente como intérprete de una detective llamada Motoko Kusanagi: el hecho de que una franquicia de origen japonés como Ghost in the Shell, inaugurada por un manga del dibujante Masamune Shirow en 1989, vaya a pasar al cine occidental con una protagonista de raza blanca ha suscitado las iras tanto de la comunidad otaku (aficionados al cómic y la animación niponas) como de blogueros y periodistas asiáticos. Las protestas que circulan por la red acusan al filme (que cuenta con Steven Spielberg como máximo responsable financiero) de sumarse a una práctica tan propia del cine estadounidense como el whitewashing. Es decir, de tomar historias procedentes de otras culturas y otras etnias para fagocitarlas al gusto de su público, y sobre todo de sus ejecutivos.

De esta manera, The Daily Dot recoge tuiteos tales que "Hollywood no quiere que olvidemos lo racista que es", "Estoy cansada de que Hollywood lo blanquee todo", "Será que las actrices asiáticas no tenían huecos en la agenda" o, en un tono más profético, "Los fans a los que pretendéis llegar van a pasar de vuestra película". "Espero que se estrelle en taquilla como esa mierda de Exodus: Dioses y reyes", apunta otra tuitera aludiendo a aquellas declaraciones tan poco políticamente correctas de Ridley Scott sobre el reparto de su película. Otras voces en las redes sociales señalan a Rinko Kikuchi (Pacific Rim) como una actriz mucho más apropiada para el rol (cuando no ofrecen un reparto completo) y no faltan quienes recuerdan aquella proyectada adaptación de Akira (otro clásico del anime japonés) que aún colea tras pasar por manos del español Jaume Collet-Serra, y cuyo libreto trasvasaría la acción de Neo Tokyo Neo Manhattan. Tampoco han faltado las menciones a Airbender: el último guerrero y a Dragon Ball: Evolution, dos inmensos desastres que se llevaron muchas invectivas debido al predominio de actores y actrices blancos en sus elencos.

Por supuesto, hay muchos factores a tener en cuenta en esta historia: para empezar, la duda sobre cuál de las continuidades de Ghost in the Shell va a figurar en el filme de Rupert Sanders. Si, como ya hemos señalado, esta franquicia tuvo su origen en las viñetas, la versión más popular en Occidente (y la más apreciada por Spielberg) es la película anime dirigida en 1995 por Mamoru Oshii, que alteraba seriamente la trama del manga original dándole un baño de seriedad metafísica, y que contó con una secuela (Ghost in the Shell: Innocence) en 2004. Por si esto fuera poco, Motoko Kusanagi también ha aparecido en dos series animadas de televisión (Stand Alone Complex Solid State Society) que siguen su propia línea argumental. ¿Falta algo más? Pues sí: resulta que ninguno de estos títulos ha triunfado especialmente en su país de origen, por más que el fandom occidental los hayan elevado a un estatus de culto. Aunque las majors estadounidenses sigan empeñadas en ganarse al mercado asiático, esta adaptación no parece concebida para servirle a Dreamworks como cabeza de puente en los rankings de Japón, Corea del Sur o China.

Así las cosas, podríamos decir que la polémica sobre Ghost in the Shell, Scarlett Johansson y Steven Spielberg delata un cierto racismo, sí, pero un racismo cuyo epicentro está en el márketing. Si bien cuentan con fans dedicados y entusiastas en Occidente, ninguna de esas actrices asiáticas que podrían triunfar en Hollywood ofrece un gancho para el público de masas como el proporcionado por Scarlett Johansson. Y, si tenemos en cuenta que Spielberg lleva desde 2009 tratando de sacar adelante este proyecto, y que incluso a él (con todo su poderío) le ha costado encontrar financiación, entonces podemos pensar que los tuiteros y blogueros que emiten denuestos contra el filme están desgastando las yemas de sus dedos en vano. Este asunto, en suma, no hace sino poner otra vez de relieve esas causas estructurales por cuya causa Hollywood sigue siendo racista.

Por otra parte, no conviene confiarse. Porque, según recorra su camino hacia la pantalla, la adaptación de Ghost in the Shell puede ofrecer muchos más motivos para la polémica. Sin ir más lejos, cabe preguntarse qué harán Rupert Sanders y los guionistas Jamie Moss y William Wheeler con el copioso subtexto lésbico (y cibernético) de la película de Mamoru Oshii: no por nada este filme genera gran devoción en los seguidores de la teoría queer y otras ideologías contrarias a lo heteronormativo. Siguiendo este mismo hilo, y asumiendo que la cinta de 1995 será la base de la adaptación, pensar en lo que el director de Blancanieves y la leyenda del cazador puede hacer con un material tan sobrio (su desarrollo es digno de un Andrei Tarkovsky con tiroteos) para convertirlo en un blockbuster con todas las letras. Entre unas cosas y otras, todo parece anunciar que estamos ante el comienzo de una larga serie de discusiones y flame wars, de las cuales sólo podemos esperar que nos entretengan en el proceso y que, con suerte, generen alguna revelación interesante que otra. Siempre es bueno recordar cierta bonita frase, según la cual "la Red es vasta e infinita".

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