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[San Sebastián 2021] ‘En un muelle de Normandía’, la lucha de clases según Emmanuel Carrère

El escritor de ‘El adversario’ o ‘Limónov’ dirige a Juliette Binoche en este retrato de la precariedad laboral
En un muelle de Normandía
En un muelle de Normandía
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"Estos trabajos son el futuro”, le dice la responsable de la agencia de empleo al personaje que interpreta Juliette Binoche. Fregar váteres ahora tiene un puñado de eufemismos que comienzan con las palabras “técnico de” y acaban con la módica cifra de 7,96 euros la hora. En la agencia, la actriz de Un sol interior justifica el gap de 20 años de su currículum contando que su marido la acaba de dejar pero solo hace falta haberse leído la sinopsis de En un muelle de Normandía para saber que es una escritora documentándose a lo gonzo sobre la crisis, la precariedad laboral y el desempleo.

Por si acaso, Carrère va introduciendo sus notas en forma de voz en off, artefacto que le sirve para resolver la parte más documental de la película. Marianne (Binoche) está harta de oír hablar de la pobreza en abstracto y piensa que la única manera de contar la precaridad es vivirla. Abandona su vida en París, se instala en Normandía y se apunta a cualquier curro de limpiadora sin importar lo infernal que sea. El peor, el del ferry de Ouistreham que conecta Francia e Inglaterra y donde se limpian 230 camas a una media de minuto y medio por cama.

En un muelle de Normandía está basada en la novela de Florence Aubenas aunque perfectamente podría haberla escrito Carrère. Tiene el pulso periodístico de algunos de sus reportajes o de libros como Limónov o El adversario. Pero en la ficción, la historia de amistad e intimidad que surge entre Marianne y las limpiadoras con las que trabaja, también encontramos el sello del autor. De hecho, es fácil intuir en el personaje de la escritora el orgullo de Carrère hacia un oficio capaz de exponer lo que nadie quiere ver. Y también, la culpa de quien sabe que ha usado la vida de los demás como material literario.

Si de algo habla la tercera película como director de Carrère, que entró en el proyecto a sugerencia de Aubenas y ante la insistencia de Binoche por adaptarlo al cine, es de las diferencias de clase social. En un mundo cada vez más fragmentado por lo identitario, sorprende ver una película que se centra en tratar este tema. En ese sentido, se agradece la sutileza de Carrère al dejar fuera del plano los váteres cagados y vomitados y al centrarse en las redes de camaradería entre las limpiadoras. Por eso, la traición de Marianne funciona tan bien dramáticamente. Como le dice su mejor amiga cuando se descubre el pastel de que ha estado escribiendo un libro sobre ellas: “Cada una en su lugar”. Es un final duro, pero también lo es limpiar baños públicos para ganarse la vida.

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