[San Sebastián 2019] 'Rocks': la banda de chicas de Sarah Gavron

La directora de 'Brick Lane' y 'Sufragistas' cuenta una vibrante y multiétnica historia de amistad femenina a través de media docena de estudiantes londinenses.
[San Sebastián 2019] 'Rocks': la banda de chicas de Sarah Gavron
[San Sebastián 2019] 'Rocks': la banda de chicas de Sarah Gavron

La escena en la que las protagonistas de Girlhood (2014) se ponen a cantar y bailar el tema Diamonds de Rihanna sigue brillando como uno de los momentos cinematográficos más potentes de esta década. La historia de amistad femenina y construcción de la identidad con estudiantes de raza negra en París que contaba el tercer largo de la francesa Céline Sciamma (título original: Bande de filles) hace muy buena pareja con el de Rocks, donde la británica Sarah Gavron ofrece un relato análogo protagonizado por media docena de estudiantes londinenses.

Fue durante la promoción de Sufragistas (2015), su película histórica protagonizada por Carey Mulligan Meryl Streep, cuando a la directora británica se le ocurrió la idea para hacer Rocks. El filme que había dirigido sobre el movimiento sufragista se proyectó en multitud de colegios y centros educativos del país, lo que dio a la cineasta una visión de primera mano de la enorme variedad étnica del alumnado que dará forma a las futuras generaciones de Reino Unido. Inmediatamente, se decidió a hacer una película sobre esos jóvenes, centrándose en su interés particular en las historias con protagonistas femeninas.

Rocks se ambienta en un colegio de la parte occidental de Londres y, aunque da nombre a la película una de las chicas (Rocks, porque es dura como una piedra), en realidad es un retrato coral de estudiantes de secundaria de distintas procedencias y personalidades donde cada una tiene ocasión de participar en el relato. Gavron realizó un multitudinario casting con más de un millar de estudiantes londinenses hasta que encontró a sus actrices no profesionales protagonistas.

Es precisamente la naturalidad que aportan las chicas, colocadas por primera vez delante de cámaras que no son las de sus móviles, el motor genuino de la película. Combinando una línea argumental fina y rudimentaria (la madre de Rocks la deja abandonada junto a su hermano pequeño y ambos intentan esquivar a los Servicios Sociales, un hecho de implicaciones y consecuencias trágicas que el filme nunca mira de modo tremendista) con mucha improvisación de las protagonistas cuando están juntas, Rocks logra transmitir frescura y verdad en todas sus interacciones adolescentes.

Esta apuesta decidida por el poder de la amistad (hay drama, enfados y hasta traiciones, pero de poder nada comparable a la emoción de hacer una excursión juntas), estudiada de frente y revelada como uno de los pocos botes salvavidas que hallamos en el mundo, emparenta Rocks con otros futuros clásicos del cine adolescente recientemente como Never Goin' Back (Augustine Frizzell, 2018), Súper empollonas (Olivia Wilde, 2019) o Chicos buenos (Gene Stupnitsky, 2019): cuando las teen movies se hacen con ternura e inteligencia.

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