[San Sebastián 2018]: 'Rojo', el 'Puro vicio' de La Pampa

Argentina ya tiene su noir bizarro de culto con un Alfredo Castro monumental
[San Sebastián 2018]: 'Rojo', el 'Puro vicio' de La Pampa
[San Sebastián 2018]: 'Rojo', el 'Puro vicio' de La Pampa

Es síntoma de calidad y debería ocurrir más a menudo en los festivales. Películas insólitas, extrañas, ni mucho menos perfectas, pero que, quizás por eso mismo, tienen un sello propio, mucha personalidad. Ha sucedido hoy, segunda jornada del Zinemaldia, mientras a la misma hora la corrupción campaba a sus anchas en la cuarta película de Rodrigo Sorogoyen que se proyectaba en el Kursaal. En el Trueba, periodistas con acreeditaciones de todos los colores -sí, el sistema de castas periodísticas se ha instaurado definitivamente en San Sebastián- se abarrotaban frente a la sala en la que se había programado Rojo, fascinante noir de Benjamín Naishtat. Muchos se quedaron fuera, otros vieron la película de pie o sentados en el suelo, como yo misma.

Relatos salvajes pero de un salvajismo frío, historia de detectives en la que el detective aparece en los últimos veinte minutos, noir brumoso como un Puro vicio a la argentina, Rojo arranca con una secuencia de las que te dejan agarrado a la butaca -o a la moqueta-, con una riña en un restaurante que desemboca en crimen y en desierto. Luego viene una sucesión de secuencias de subtramas que nada tienen que ver con esto -un ensayo de una obra de teatro, un eclipse, etc-, pero cuyos personajes también ensombrecen la cinta con sus comportamientos violentos y aleatorios, a veces tan inexplicables que recuerdan a Gente en sitios. No obstante, esos diálogos pastosos, repetitivos, parecen deberle algo a la interpretación que Paul Thomas Anderson hizo de Pynchon, como esa atmósfera de domingo por la tarde en un pueblo de provincias, aquí estilizada con continuos zooms setenteros.

Dario Grandinetti protagoniza la película -¿por qué no vemos más a menudo a este actor de gran presencia y carisma?-, pero Rojo se eleva cuando hace su aparición Alfredo Castro en calidad del detective hasta entonces ausente. El detective Sinclair, para más inri famoso en la televisión, merecería su propia serie en HBO o en Netflix, ex policía cartesiano, como él mismo se define, al que en ningún momento vemos investigando, ni falta que le hace. Su extraña presencia, tanto como la propia película, es uno de esos momentos fascinantes a los que deben aspirar los grandes festivales. A eso, y a que nunca falten butacas.

https://m.youtube.com/watch?v=KKdTPuCgqkU

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