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¿Cómo reaccionaron los Oscar ante la guerra de Irak? Del boicot frustrado de Jack Nicholson al discurso de Michael Moore contra Bush

El actor, nominado por 'A propósito de Schmidt', trató de convencer a sus colegas para no asistir a la gala.
Michael Moore en los Oscar 2003.
Michael Moore en los Oscar 2003.
Cinemanía

Una gala de entrega de premios puede convertirse en una bomba de relojería cuando hay temas candentes en el aire. Algo que en España sabemos bien desde 2003, cuando las protestas por la Guerra de Irak en la gala de los Goya marcaron para siempre las relaciones entre el cine español y el poder político. Pero ¿qué pasó aquel año en los Oscar

Pues, apenas ocurrió nada… pero, si Jack Nicholson se hubiese salido con la suya, la ceremonia podría haber sido tan histórica como controvertida. Según ha revelado Adrien Brody, Nicholson (nominado aquel año por A propósito de Schmidt) trató de organizar un boicot contra la gala entre sus colegas aspirantes a Mejor actor principal. 

En una entrevista con The Sunday Times (vía IndieWire), Brody recuerda que Nicholson invitó a una reunión en su casa al resto de nominados. Poca broma, porque, además de él mismo y el anfitrión, allí se dieron cita Daniel Day-Lewis (Gangs of New York), Michael Caine (El americano impasible) y Nicolas Cage (Adaptation: El ladrón de orquídeas). 

Tras invitar a la concurrencia a unos whiskys, Nicholson soltó su propuesta. Brody no entra en detalles sobre qué postura defendió cada invitado, pero sí reconoce que él dejó claro que iba a asistir: a diferencia de sus rivales, todos ellos ya reconocidos por la Academia, él había sido nominado por primera vez gracias a El pianista, y no quería desperdiciar ese empujón para su carrera. 

"Tengo que ir. Mis padres estarán allí, y esto no es algo que pase todos los días", recuerda el actor. "Todos vosotros habéis ganado ya y podéis pasar del tema, pero yo no". Sus palabras debieron calar, puesto que la idea de Nicholson cayó en saco roto y todos los actores nominados acudieron a la ceremonia. Incluso él, que se llevó un pullazo del presentador Steve Martin acerca de sus habituales gafas de sol. 

Qué pasó en la gala de los Oscar

Finalmente, como sabemos, Adrien Brody se convirtió en el ganador más joven hasta la fecha de esta categoría de los Oscar, algo que celebró con un beso en la boca de Halle Berry (que entregaba el trofeo) y también con un discurso en el que aludía a la guerra en Irak. "Me entristece mucho aceptar este premio en un momento tan extraño", declaró. 

En general, la actitud de Hollywood ante la guerra durante aquellos Oscar fue tirando a tibia. Es cierto que algunos intérpretes como Cate Blanchett (que renunció a entregar un premio en el último minuto), Peter Jackson o Will Smith (cuyo agente le excusó diciendo que le parecía "inapropiado" hacer acto de presencia) prefirieron no acudir a la gala, y que la situación en Oriente Medio fue mencionada en algunos discursos, pero, en general, las grandes estrellas guardaron un pudoroso silencio. 

Pero hubo excepciones: Andy Serkis, nominado por Las dos torres, apareció en la alfombra roja con un cartel en el que se leía "No más sangre a cambio de petróleo". Gael García Bernal, que presentaba el premio a Mejor canción original, dio la primera nota discordante de la gala al sentenciar "si Frida Kahlo estuviera viva, estaría con nosotros y contra la guerra". 

Asimismo, Pedro Almodóvar dedicó su premio al Guion original (Hable con ella) "a aquellos que alzan sus voces por la paz, los derechos humanos, la democracia y la legalidad internacional". No obstante, el plato fuerte de la noche fue el discurso de Michael Moore cuando subió a recoger su premio al Mejor documental por Bowling for Columbine.

"A todos nos gusta la no-ficción, pero vivimos en tiempos ficticios", dijo el cineasta antes de pasar revista a los "resultados electorales ficticios" (una alusión al polémico ascenso de George W. Bush a la Casa Blanca) y "presidentes ficticios que nos mandan a la guerra por razones ficticias". Y, sí, eso último iba por lo de las armas de destrucción masiva. 

A estas alturas, no obstante, la actitud que parece más coherente es la de Aki Kaurismaki. Nominado a Mejor película de habla no inglesa por El hombre sin pasado, el sombrío finlandés declinó asistir a la gala por razones abiertamente políticas: "No voy a ir a los Oscar mientras el gobierno de EE UU prepara un crimen contra la humanidad por un desvergonzado interés económico", sentenció. ¿A alguien le extraña que no se llevara el premio?

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