Cómo Pete Docter se convirtió en el alma de Pixar

Repasamos la carrera del director creativo del estudio por el estreno de su nueva película, 'Soul'.
Pete Docter
Pete Docter

Pete Docter pasó su infancia aislado. Pese a ser visto a menudo como el autor de las películas con más carga emocional de un estudio ya famoso por ello, tenía que recordarse constantemente a sí mismo la existencia de los demás y la necesidad de conectar con ellos: Docter nunca se sentía más cómodo que en su propia compañía, jugando a ser Indiana Jones en su jardín.

Esto era, en cierto modo, caldo de cultivo para un animador: Docter se enseñó a sí mismo a dibujar, creando flipbooks y rodando cortos caseros con una vieja cámara de su familia. En sus propias palabras, era su pequeña forma de “jugar a ser Dios”.

Jamás dejó de hacerlo. Sus primeros trabajos le abrieron las puertas de la escuela CalArts, en la que firmó tres cortos de estudiante que terminaron preservados en el American Film Archives. 

En ellos ya encontramos todo germen de lo que después forjaría su reputación como director de largometrajes: una firme noción de la identidad de todo personaje, núcleos emocionales clarísimos, e incluso esos diseños inspirados en formas simples que a día de hoy conserva en todas sus obras y definen de forma automática la identidad de sus protagonistas.

Llegando a Pixar

Cuando Docter se unió a Pixar Animation Studios, no tenía ni idea de lo que estaba haciendo. Con 21 años, nada más graduarse, su intención era tratar de entrar en Disney. Pero, tras el lanzamiento de La sirenita, el estudio estaba viviendo un renacer y todo el mundo quería trabajar allí. Por ello, Docter se centró en las dos ofertas que sí tenía.

La primera era una serie de animación recién estrenada, Los Simpson; años después, el destino le reuniría con la persona que le ofreció el trabajo, el supervisor de animación Brad Bird. La otra era un joven estudio de animación por ordenador cuyo único currículum eran cuatro cortos. "Mirando atrás”, cuenta Docter, “no puedo evitar plantearme en qué diablos estaba pensando.”

Docter pronto se convirtió en una pieza clave del primer largometraje del estudio, Toy Story, formando parte del equipo de guionistas principal de la película durante todo el proceso creativo y basando parcialmente a Buzz Lightyear en sí mismo, usando incluso sus expresiones en el espejo como base para su concepción.

Dirigida por

Poco antes del estreno de Toy Story, su equipo principal se reunió para una lluvia de ideas: si la película tenía éxito, tenían que empezar a pensar en nuevos proyectos. Docter, aún fascinado por el uso de esa creencia universal centrada en tus juguetes cobrando vida cuando te ibas de la habitación, ideó allí una propuesta basada en otra de sus nociones infantiles: que había monstruos esperándole en su armario.

Monstruos, S.A. terminó convirtiéndose en su primera película como director, estableciendo por el camino todos los patrones creativos de Docter: desde esas propuestas conceptuales cuya raíz reside siempre en su propia vida, razón por la que su cine parece volverse cada vez más existencialista, hasta su absoluta fascinación por la comedia absurda.

Pero si hay una clave que siempre ha existido en Docter como creativo, es su absoluta pasión por la capacidad de la animación para contar cualquier historia. Up y Del revés, sus dos películas más reverenciadas, nacieron durante un punto de inflexión para Pixar en el que sus directores más icónicos partían para rodar blockbusters de imagen real y el resto se encargaban de firmar secuela tras secuela para el estudio. Docter jamás quiso caer en eso: incluso cuando trataban de asignarle propuestas ajenas para su siguiente proyecto, su respuesta siempre era “ya, pero yo tengo esta otra idea”.

Docter al mando

Y es ahora cuando este mantra se empieza a expandir, quizá cuando más lo necesitaban, al estudio entero. Tras el despido por acoso sexual de John Lasseter, director creativo de Pixar desde sus inicios y su mayor figura pública; el estudio, prometiendo cambios genuinos en su forma de hacer las cosas, ascendió a Docter al cargo de director creativo, dándole completo liderazgo sobre todos los futuros proyectos del estudio.

Y a falta de terminar de ver como esto afecta a su cultura de trabajo, los cambios en su obra no se han hecho esperar. Las primeras cuatro películas bajo la dirección de Docter son todas proyectos originales, dejando de lado la obsesión por las secuelas que Lasseter parecía abrazar; y el estudio cuenta con más diversidad entre su principal equipo de directores, incorporando a creativos racializados como Adrián Molina o Kemp Powers y dando un rol mayor a figuras como Domee Shi, la primera mujer en dirigir en solitario una película de Pixar tras la marcha de Brenda Chapman en Brave.

Incluso el único proyecto no original bajo la tutela de Docter, Lightyear, parece una extraña pero ingeniosa carambola ideada para lidiar con las peticiones de Disney de expandir el universo Toy Story, rechazando una quinta parte de la saga en favor de una película de ciencia-ficción completamente nueva con la excusa de estar protagonizada por “el Buzz Lightyear original en el que está basado el juguete”.

Pero ante todo, y pese a la nueva responsabilidad bajo sus hombros, Docter no ha dejado de crear. Su nueva película como director, Soul, es un divertidísimo viaje metafísico con todos sus tics habituales, cuyo tono recuerda especialmente a su Up. Lamentamos no poder verla en los cines para los que estaba inicialmente planeada, porque también cuenta con la mayor inventiva visual que el estudio ha firmado en muchos años.

A falta de ver por donde sigue llevando a Pixar, no podemos evitar guardar esperanzas en que su pasión por la animación como medio capaz de contar lo que sea le permita seguir narrando historias originales dentro de un estudio tan grande como este. Porque en el fondo, mientras Docter pueda seguir firmando sus propias ideas y logrando que su equipo haga lo mismo, estas van a ser lo más cercano que tengamos a verles jugar a Indiana Jones en el jardín.

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