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9 películas para entender el conflicto histórico entre Ucrania - Rusia

De los documentales y ficciones de Sergei Loznitsa a los filmes bélicos propagandísticos: así se han tensado las relaciones entre Ucrania y Rusia en el cine. 
Donbass (Sergei Loznitsa, 2018)
Donbass (Sergei Loznitsa, 2018)
Cinemanía

Ha estallado la guerra: Rusia ataca territorio ucraniano en una ofensiva a gran escala por varios frentes. Del incremento del despliegue militar de tropas en torno a la frontera con Ucrania que Rusia llevó a cabo durante los últimos meses de 2021 que reavivó una crisis entre ambos países que nunca había llegado a apagarse se ha pasado a una invasión en toda regla a finales de febrero de 2022 que reaviva los peores fantasmas de la historia de Europa. 

El presidente ruso, Vladimir Putin ha decidido romper el alto el fuego establecido en los acuerdos de Minsk II, firmados en 2015, y que no se había cumplido del todo en la frontera de las autoproclamadas Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk durante los últimos años tras el inicio de la guerra del Donbás. Durante los últimos meses, la escalada de tensión se había recrudecido en la zona hasta el fatal desenlace de la invasión. 

Tras semanas de evacuaciones preventivas, amenazas de sanciones y avisos cruzados, EE UU, la Unión Europea y la ONU han podido comprobar el fracaso de la vía de la diplomacia para que no se desatase otro conflicto armado sin ambages entre los gobiernos de Ucrania y Rusia. Desde 2014, más de 13.000 personas han muerto en ambos bandos a consecuencia de la guerra, casi 4.000 en la población civil. 

La relación entre Rusia y Ucrania, que declaró su independencia en 1991 pocos meses antes de la disolución de la URSS, ha estado marcada por siglos de dominación militar, discriminación cultural y limpieza étnica, primero por parte del Imperio ruso y luego en la Unión Soviética. Solo entendiendo ese importante peso de la historia, así como las leyes soviéticas de rusificación de la cultura ucraniana, se pueden llegar a comprender ciertos matices de la delicada situación actual. El presidente Putin ha llegado a declarar que Ucrania es "un error histórico que hay que arreglar". 

A continuación ofrecemos una breve filmografía básica con películas de ficción y documentales que pueden ayudar a entender el conflicto histórico entre Ucrania y Rusia, tal y como ha sido abordado por el cine.

Maidan (2014)

Sergei Loznitsa, el cineasta más importante de Ucrania, ha dedicado gran parte de su obra documental al rescate de documentos e imágenes de otros tiempos que habían sido censuradas o sepultadas por el archivo con el fin de que su restitución pueda servir para no olvidar el pasado e iluminar el presente. El caso de Maidan (2014) fue completamente distinto: presente en estado puro estallando literalmente ante las cámaras.

Este documental de observación es el mejor retrato sobre las manifestaciones del Euromaidán en Kiev, que en 2013 llevaron a la destitución del presidente prorruso Víktor Yanukóvich. Las protestas, que estaban dirigidas contra la corrupción del Partido de las Regiones y su negativa a la firma de un acuerdo de libre comercio, eran de índole europeísta con un claro deseo de modernización para el país. Sin embargo, en la oposición contra el poder establecido también participaron grupos ultranacionalistas y de extrema derecha, como el partido Svoboda, que se considera que estuvieron detrás de los disturbios.

En la película de Loznitsa se ve a la perfección cómo la ilusionante ocupación pacífica de la Plaza de la Independencia de Kiev (la conocida como Maidan) por parte de estudiantes, activistas y miembros de minorías étnicas poco a poco va tornándose en un polvorín de radicalismo nacionalista ucraniano y surgen los altercados violentos contra la policía, que se prolongaron durante varias noches con un saldo final de decenas de muertos, miles de heridos y centenares de detenidos.

Winter on Fire (2015)

Winter on Fire (2015), otro documental sobre las manifestaciones de Euromaidan firmado por Evgeny Afineevsky, también propone un intenso acercamiento al corazón humano y civil de las protestas. Aunque, igual que Loznitsa, no ofrece más contexto que el expresado por las propias imágenes y testimonios, su visión peca de bastante más superficial e ignora el avispero que estaba siendo agitado.

Frost (2017)

Unos días después de los eventos de Kiev tuvo lugar la adhesión de Crimea por parte de Rusia con la colaboración de los grupos separatistas prorrusos de la zona. En abril, la mecha de los movimientos prorrusos llegó al este del país, donde empezaron a tomar el control milicias armadas. Se autoproclamaron las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk y la guerra se desató durante varios meses con combates a gran escala por toda la zona del Donbás.

Por allí planteó y filmó muy cerca del frente su penúltima película el lituano Sharunas Bartas. En Frost (2017), una pareja de jóvenes voluntarios intentan acceder a la zona por carretera para distribuir ayuda humanitaria. Entre las peripecias que viven de manera contemplativa siguiendo el estilo de Bartas, están sus conversaciones con diversos reporteros de guerra, una de ellas interpretada por Vanessa Paradis.

Donbass (2018)

Hay que recurrir de nuevo a Sergei Loznitsa, en este caso con un título de ficción pero rodado en largos planos secuencia que dotan a las imágenes de una inmediatez digna de documental. Donbass (2018) es una de sus obras más ambiciosas y complejas: un fresco de viñetas de vida cotidiana supuestamente ambientadas en la zona del Donbás que progresivamente van aumentando en esperpento y degradación hasta ser capaz de aunar Berlanga con Terry Gilliam.

Violencia no demasiado soterrada, propaganda radical, deshonestidad, corrupción galopante, intolerancia, clasismo, desigualdad, xenofobia y más lindezas por el estilo campan a sus anchas en esta espiral a ratos grotesca y a ratos sobrecogedora pero siempre incómoda. Una exploración de lo terrible que puede ser vivir en tiempos de paz cuando el término ha sido tan pisoteado que no se parece a nada de lo que simbolizaba. El filme ganó el premio de mejor dirección en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes y el Giraldillo de Oro del Festival de Sevilla.

Cyborgs: Heroes Never Die (2017)

La respuesta ucraniana a las películas de propaganda rusa –como Crimea (2017), una especie de historia de amor a lo Pearl Harbor, de Michael Bay, ambientada en la adhesión de Crimea– se concentró en este filme bélico sobre cinco soldados hermanos que participan en la batalla del Aeropuerto Internacional de Donetsk, que fue uno de los puntos calientes de la guerra en 2014 y quedó completamente destruido.

Con un presupuesto de 1,8 millones de dólares, la mitad de la financiación de Cyborgs: Heroes Never Die (2017), dirigido por Akhtem Seitablayev, un tártaro criado en Crimea, vino de las Fuerzas Armadas y del Ministerio de Defensa ucraniano.

93: The Battle for Ukraine (2018)

Lydia Guzhva dirigió esta serie documental en tres entregas que sigue a la 93ª Brigada Mecanizada de las Fuerzas Terrestres de Ucrania durante la guerra del Donbás, entrevistando a los soldados y con imágenes tomadas en primera persona en medio de la batalla.

Inner Wars (2020)

Centenares de mujeres ucranianas se alistaron en el conflicto armado contra los separatistas prorrusos. En este documental, Masha Kondakova sigue a de tres de ellas exponiendo su lucha doble: contra los separatistas y contra una sociedad patriarcal.

The Earth Is Blue as an Orange (2020)

Otro documental, este muy hermoso y dedicado al bando más silenciado de cualquier conflicto armado: la población civil. Iryna Tsilyk filma de manera naturalista a una madre soltera y sus cuatro hijos en plena zona de guerra, en el Donbás. Mientras las bombas caen a su alrededor, los tanques irrumpen y las balas silban por todo el vecindario, la familia intenta cuidarse y mantener una actitud positiva. 

El cine, que es la mayor pasión de la hija mayor, se convierte en una herramienta de evasión y de aceptación de la realidad en The Earth Is Blue as an Orange (2020), premio al mejor debut en el Festival ZINEBI de 2020. Ella también está haciendo una película personal sobre la guerra con los soldados locales, los tanques, sus vecinos y los miembros de su familia. Ambos proyectos fílmicos, el de la directora y la que es uno de sus sujetos, se funden entre sí y hacen uso del espíritu creativo para salir adelante en medio del horror y el vacío.

Atlantis (2019)

Por último, una propuesta que mira al futuro pero de manera muy poco optimista. Valentyn Vasyanovych ambientó Atlantis (2019) en el año 2025, uno después del final de la guerra entre Ucrania y Rusia. El país está arrasado y, por si no fuera bastante con las fosas comunes y los cadáveres diseminados aquí y allá, los recursos naturales escasean tras haber sido diezmados o contaminados por los residuos de la guerra.

La película combina sus planos estáticos de composición fría y distanciada con imágenes tomadas por cámaras térmicas para contar la historia de un soldado aquejado de trastorno por estrés postraumático que sigue comportándose y entrenando como si el conflicto siguiera en activo. Un relato distópico de alta estilización formal que, en realidad, no dista mucho de lo que se ha vivido en la zona del Donbás durante los últimos años y ahora se está recrudeciendo.

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