Carretera y McDormand: dentro de 'Nomadland'

La película que ganará el Oscar es una road movie que consolida la carrera de Chloé Zhao, la directora que mejor ha captado el alma estadounidense sin serlo.
Nomadland
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Hace ya casi unos 20 años, cuando Frances McDormand estaba en los cuarenta y pocos, le dijo un día a su marido, el director Joel Coen: “Cuando tenga 65 años, me haré llamar Fern, fumaré Lucky Strikes, beberé Wild Turkey, me compraré una caravana y me echaré a la carretera”. 

Como si hubiera visto venir su futuro, Frances McDormand tiene aún 63 años, pero ya podemos llamarla Fern, conduce una furgoneta camperizada a la que ha bautizado como Vanguard y desde septiembre de 2018 pasó más de seis meses recorriendo EE UU. De Dakota del Sur, en las Badlands, a Nebraska; de allí a Empire y el desierto de Black Rock, en Nevada; desde Mendocino, en California, a Yuma, Arizona y, de nuevo, de vuelta a California, a San Bernardino.

El resultado de ese viaje es Nomadland, tercer filme de la directora Chloé Zhao, a quien la actriz conoció en el Festival de Toronto después de quedarse enamorada de su anterior película, The Rider. McDormand estaba justo en aquel momento buscando directora para la adaptación que quería producir y protagonizar del libro de la periodista Jessica Bruder, País nómada (Ed. Capitán Swing). Zhao llevaba tiempo dándole vueltas a una road movie. “Solo que los protagonistas eran jóvenes”, recuerda en una entrevista vía Zoom a principios de este año. 

Pero cuando leyó el libro de Bruder se dio cuenta de que la carretera tenía otro significado, ganaba emoción y complejidad cuando las que la recorren son personas más maduras. “La mayoría cargan con el dolor y la pérdida al volante porque ya han vivido una vida y la carretera se convierte en una aventura curativa. La carretera es su hogar”, explica.

#VANLIFE

Chloé Zhao enseguida entrega todo el mérito de la historia de Nomadland a Jessica Bruder. La periodista pasó tres años recorriendo las carreteras americanas en una furgoneta, conociendo a esos nuevos (viejos) nómadas que ahogados por las últimas crisis del país, sin una pensión digna, se ven obligados a vivir sobre cuatro ruedas, sin dirección postal fija, buscando trabajos temporales en distintos estados: la recogida de la remolacha en Dakota, los grandes centros logísticos de Amazon en Texas… 

Tanto la directora, que desde su debut está embarcada en una búsqueda del alma americana, como McDormand encontraron en esta realidad alternativa, en esta creciente sociedad, un retrato trágico, pero también esperanzador. 

“Hay dos tipos de nómadas: hay nómadas de corazón, que a lo mejor han vivido en una casa 40 años, pero estaban destinados a la carretera. Y hay otros que se han visto forzados a la carretera porque se quedaron sin casa con la crisis de 2008 y pasan muchos años de un sitio a otro, ahorrando para poder volver a comprarse una casa”, explica Zhao. 

“Yo creo que Fern es una nómada de corazón, le lleva tiempo descubrir quién es, pero ella pertenece a la carretera”.

Historias reales con personas reales

La idea inicial de Frances McDormand y su coproductor, Peter Spears, era que Linda May, la protagonista del relato de Jessica Bruder, una nómada real de 64 años que fue la puerta de entrada para la autora en ese mundo de espíritus errantes, fuera también la protagonista del filme. La actriz interpretaría a Linda May. 

Sin conocer esos planes, cuando Zhao acabó la lectura del libro les presentó una propuesta completamente distinta: crearía un personaje ficticio, Fern, que sería “nuestra guía en esta forma de vida nómada”, y que interpretaría McDormand. Linda May haría de Linda May, como Bob Wells, gurú de este nuevo movimiento sobre ruedas, haría de sí mismo; o todos los personajes que se van cruzando en los aparcamientos y cunetas, salvo otro, Dave, al que interpreta David Strathairn.

“Es algo que aprendí de mi primera película –Songs My Brothers Taught Me–, donde tenía también muchos personajes distintos. Necesitas un ancla, alguien con quien el espectador se sienta cómodo para experimentar todo y no se pierda”, explica la directora.

La novedad para Zhao era contar con actores profesionales, pero, al final, todos, profesionales o no, son versiones de sí mismos. Incluida McDormand. “No puedo decir dónde acaba Fern y empieza Fran [Frances]”, reflexiona. “Lo hablamos desde el principio: si los otros actores no profesionales iban a interpretarse a sí mismos, la única forma de que Fran encajara ahí es que ella también interpretara una versión de sí misma. Tuvimos suerte de que hay una parte de ella, como dice, que podría haber acabado así”.

Y Nomadland está llena de Frances McDormand. La vajilla que Fern carga como oro es la que el padre de la actriz le regaló al acabar la universidad. La que hace de su hermana en el filme y defiende su rebelde modo de vida es su mejor amiga en la realidad. “La mayor diferencia entre Fern y yo es que yo dejé una vida en la América trabajadora a los 17 años y nunca volví. Lo que yo empecé con 17 años ella lo empieza con 61. Creo que el viaje de la película es encontrar la respuesta a la pregunta: ¿abandonó ella esa vida de clase media o fue empujada a abandonarla?”.

Una película política

Hay quien no ve política en Nomadland. La propia Zhao no la definiría como tal, pero el simple hecho de rodar esta película, lo es. 

“Estás viendo a una mujer en sus 60 hablando de plantearse el suicidio porque no puede pagar el alquiler o comer. Toda la película ves a una mujer en sus 60 realizando trabajos manuales duros, intentando sobrevivir… Creo que podemos juzgar a nuestra sociedad por cómo tratamos a nuestros mayores: y eso es muy político”, dice exaltada. “No es político con ‘P’ mayúscula porque no sale Trump, no es política popular actual, pero es un problema profundo que tenemos en el mundo desarrollado. Nos deshacemos de nuestros mayores porque ya no contribuyen a nuestra economía. Si ves Nomadland así, es extremadamente política”.

Lo es sin dejar de ser romántica, porque Fern es una nómada de corazón. Una mujer que encuentra en la carretera su hogar y a una gran familia con nuevos miembros cada vez que para y se arremolinan alrededor de un fuego. 

En 2011 Bob Wells creó los Rubber Tramp Rendezvous, encuentros entre estos nómadas en algún desierto de EE UU para darse calor. Aquel año, fueron 45 personas. El último, calcula que se reunieron entre ocho mil o 10 mil personas, “tirando por lo bajo”. Pero esto no es el cuqui hashtag #vanlife de Instagram.

“Puede ser una vida bonita”, admite Zhao. “Pero también es muy difícil, es vivir día a día, como Fern, intentando recoger los pedazos y seguir en el camino”.

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