Regreso al callejón de las pesadillas: 20 años de 'Mulholland Drive'

Considerada la mejor película del siglo XXI para la BBC, la obra más querida entre los fans de David Lynch regresa a los cines 
Fotograma de 'Mulholland Drive'
Fotograma de 'Mulholland Drive'
Cinemanía

A finales del siglo XX, los cineastas (sección “autores hollywoodienses”) estaban intranquilos. Hollywood estaba cambiando. El cine estaba cambiando. Las antiguas productoras eran engullidas por conglomerados multimedia. Las mesas de edición digital sustituían a los laboratorios. George Lucas y James Cameron proclamaban a los cuatro vientos que el digital barrería al analógico, tal y como el sonoro había hecho con el mudo. 

Los temores de todos ellos se plasmaron en películas que tenían como protagonista a un cine amenazado por los tiburones de la industria: El juego de Hollywood, de Robert Altman, Barton Fink, de los Coen, o Ed Wood, de Tim Burton, son buenos ejemplos. Pero por encima de todas ellas figura Mulholland Drive, a la vez conclusión del cine del siglo XX y puerta de entrada del siglo XXI.

Por moral que no quede. A pesar de que la segunda temporada de la serie Twin Peaks fue un rotundo fracaso, David Lynch ya tenía preparada una tercera. Se iniciaba con Audrey Horne dejando los árboles y las tartas de cereza para buscar fortuna en Hollywood. La cadena ABC dijo que nones. 

Pasaron los años y Lynch retomó la idea. Rodó un piloto, esta vez sin Audrey. A ABC le espantó. Con razón, tal y como contó Lynch a Kristine McKenna: “El primer montaje era demasiado lento, pero porque la fecha de entrega no permitía hacer otra cosa, y en el segundo suprimimos texturas, escenas y tramas”. También se dice que dejó alguna escena inaceptable para la puritana ABC, como un plano detalle de los excrementos de un perro. Mundo raro. Mundo Lynch: Pierre Edelman, exmarido de Victoria Abril, acudió entonces en su ayuda. Se puede decir que la flauta de La Marsellesa sonó por casualidad. O no. 

Fotograma de 'Mulholland Drive'
Fotograma de 'Mulholland Drive'
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Una de las características del siglo XXI ha sido el monopolio del cine de autor por parte del dinero francés. Con presupuesto, Lynch alargó el filme, su particular homenaje a Hollywood, un espacio mítico que, presentía, estaba a punto de desaparecer y que para él estaba simbolizado por Mulholland Drive. “Es una vía mágica, y mucha gente lo siente así cuando conducen por ella de noche. Se recorta y gira con Hollywood de un lado y el Valle del otro y es como si te perdieras.

Mulholland también es una carretera antigua, y tiene alma, puedes sentir que muchas de las personas de la Edad de Oro de Hollywood la han recorrido”, declaró a McKenna. Así que antes de que la Fábrica de Sueños echara el cierre, Lynch se propuso meter todos lo sueños allí producidos en uno. En él se cruzarían aspirantes a actrices, cowboys, cantantes, monstruos y, sobre todo, mujeres fatales, rubias y morenas. 

Miss Texas y una actriz fracasada

Siguiendo el particular método de trabajo de Lynch, el casting lo hizo sin pruebas, a ojo, simplemente sintiendo lo que le transmitían las fotos de las candidatas. Sus protagonistas serían prácticamente dos desconocidas. Laura Elena Harring, ex Miss Texas, ex Miss USA y Naomi Watts, la mejor amiga de Nicole Kidman. 

La suerte de la pelirroja, la rubia la desea, tal y como contó Watts a Vanity Fair: “Era deprimente. No me daban ningún papel. Estaba en Nueva York con mi familia cuando me dijeron que David quería verme y me dije que sería la última vez que cambiase de planes para ir a una prueba”. 

Naomi Watts y David Lynch durante el rodaje
Naomi Watts y David Lynch durante el rodaje
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Aunque a Lynch no le gustó la primera audición recién bajada del avión, en una segunda, ya con maquillaje y peluquería, quedó fascinado. Watts, con sus 13 años intentado convertirse en estrella en balde, era la encarnación de lo que buscaba. “En Los Ángeles se hacen bromas con que todo el mundo tiene un guion, y un currículum y una foto […] Es un poco como Las Vegas, donde crees que puedes ir y convertirte en millonario con una moneda”.

Rodado y despreciado el piloto, con el productor francés al rescate, todavía tuvo que pasar un año para reanudar el rodaje. Lynch no tenía ni idea de cómo convertir un proyecto de serie en filme. Por si fuera poco, tanto el vestuario como los escenarios habían desaparecido. Shshhhh. Concentración. “Me senté a meditar y, como si fueran las cuentas de un rosario, fue surgiendo una idea tras otra. Cuando acabé la meditación sabía exactamente cómo finalizar la película […] ahí estaban las 18 páginas que necesitaba”. 

De obra de culto a clásico unánime

Lynch siempre se ha negado a contar qué estaba y qué no en el filme original. Parece claro, sin embargo, que añadió las dos tórridas escenas que habrían sido imposibles para ABC: el encuentro lésbico y la masturbación de Watts. “Le prometí a Laura (Harring) que difuminaría ciertas partes de su cuerpo […] De la masturbación de Naomi no hicimos muchas tomas porque necesitaba que estuviera en un estado de conciencia muy particular: dolida, enfadada y desesperada”.

La película –esa película, oh la là, artística que los puritanos estadounidenses no habían sido capaces de entender–, fue al Festival de Cannes y arrasó. Con su discurso siempre pseudomístico, Lynch ha afirmado: “Fue el destino […] La película cogió un camino muy extraño para llegar a ser lo que es. No sé cómo fue, pero lo que ocurrió ahí está, y así tenía que ser”. Con todo el director siempre se ha quejado del dinero: “Nada de lo que hago hace dinero. Todos trabajamos por amor al arte. Solo nos dan como recompensa un ratito en el candelero y una chica y ya está”.

Fotograma de 'Mulholland Drive'
Fotograma de 'Mulholland Drive'
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Desde entonces, su prestigio no ha hecho más que crecer, siendo elegida como la mejor película del siglo XXI en la primera gran macroencuesta realizada por la BBC. Pero al final, ¿de qué narices iba Mulholland Drive? ¿Tiene sentido? ¿Es una paranoia lynchiana? ¿Una tomadura de pelo? ¿Un pegote?

 Lynch cree que, en realidad, todo lo sabemos, tal y como contó a Chris Rodley: “Creo que el espectador sabe qué significa Mulholland Drive, pero no se fía. Quiere que otro se lo cuente. Me encanta que la gente la analice, pero no necesitan mi ayuda para hacerlo. Eso es lo bonito. Descubrir cosas como si fueras un detective. […] No hay que explicar tanto las cosas, porque el conocimiento pudre la experiencia”. 

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