Muere la actriz francesa Nathalie Delon ('El silencio de un hombre')

Nuestro adiós a Nathalie Delon, la mítica Jeanne Lagrange de Jean-Pierre Melville, ex de Alain y madre de Anthony.
Nathalie Delon
Nathalie Delon
Cinemanía

En París, a los 79 años, el jueves 21 de enero, ha muerto “de un cáncer rápido”, la actriz y ocasional realizadora Nathalie Delon, según ha anunciado el también actor Anthony Delon –el hijo que tuvo con Alain Delon– a través de su Instagram, donde simplemente ha colgado una foto en la que aparece la inscripción “RIP Maman”, acompañada del emoticono de las manos que rezan, seguida de un comentario en el que se lee “Rest in Peace. Nathalie Delon 1941-2021”.

Francine Cánovas, que tal era su verdadero nombre, tenía algo de española. Padre argelino, madre de Melilla. Rubia de ojos vedes, nació en Oujda, en el Marruecos de 1941, cuando todavía era una colonia francesa, como atestigua el clásico Casablanca (Michael Curtiz, 1942). Tras un primer matrimonio fallido del que nació su primera hija, Nathalie, llegó a París en 1962, y una noche cualquiera su vida cambió cuando, en la discoteca de moda -la New Jimmy's-, conoció a Delon.

Ella sólo estaba tratando de encontrar su bolso. Él todavía estaba muy ligado a Romy Schneider, pero no fue obstáculo para que saltara la chispa. Nathalie acompañó a Alain al rodaje, en España, de El tulipán negro (1964), y a la vuelta le planteó un ultimátum. El actor no se lo pensó dos veces, y le dejó a Schneider unas rosas y una carta de despedida. Voló con Nathalie a México, y acabaron por casarse el 13 de agosto de 1964, cuando ella ya estaba embarazada de Anthony.

Delon y su flamante esposa se instalaron en Estados Unidos, mientras duró el contrato del astro con la MGM, que no fue mucho. Los proyectos no acabaron de cristalizar, y después de apenas tres películas made in USA Delon regresó a Francia. Por suerte. Su primera colaboración con Jean-Pierre Melville, en la mayúscula El silencio de un hombre (1967) fue también la primera película de Nathalie como actriz. 

Una intuición del maestro, que buscaba a una chica para encarnar a la fiel amiga de Jeff Costello: “Me dije que, por su carácter, era una mujer en la que un tipo como él podía contar (…) Es una mujer totalmente sincera, con una fuerza moral extraordinaria. Es inatacable. Una roca”, comentó Melville en una entrevista.

La relación con Delon fue agitada. No sólo porque no era fácil estar casada con el hombre más deseado del mundo, sino porque la pareja también se vio envuelta en un escándalo. El guardaespaldas de ambos, un yugoeslavo llamado Stefan Markovic, fue hallado muerto a tiros en un contenedor de basura de las afueras de París. Se dijo que tenía fotos comprometedoras de la mujer del mismísimo presidente de la República, Georges Pompidou, en una orgía. 

Nunca se encontró al culpable, pero se habló mucho también de las malas amistades que Delon siempre había cultivado en los bajos fondos –Le Millieu–, igual que sus personajes en los polar de Melville y otros, desde el capo marsellés Barthélémy Guérini al gánster corso François Marcantoni, que pudo tener relación con el caso Markovic.

Nathalie era una roca. Pero, en octubre de 1968, Delon conoció a Mireille Darc durante el rodaje de Jeff (Jean Herman, 1969), y en sus brazos terminó la historia de amor con Nathalie. El divorcio se hizo efectivo en 1969, aunque, gracias al vínculo de Anthony, siempre mantuvieron buenas relaciones. 

Nathalie Delon no cambió de apellido y siguió con su carrera de actriz, llegando a intervenir en una treintena de films, entre los que figuran La dulce hembra (Jacques Deray, 1971), que protagonizó junto a Delon; Barba azul (Edward Dmytrik, 1972); Una inglesa romántica (Joseph Losey, 1975) o Une femme fidèle (Roger Vadim, 1976). También escribió y dirigió un par de películas no muy recordadas, Ils appellent ça un accident (1982) y Dulces mentiras (1987).

Nunca se volvió a casar, aunque mantuvo diferentes relaciones sentimentales con otros actores célebres como Eddie Fisher o Richard Burton, ambos ex de Liz Taylor. También figura en los créditos de I've Seen That Face Before, la magnífica versión del Libertango, de Astor Piazzola, que esa diosa llamada Grace Jones grabó en 1981, por los versos en francés que figuran en la canción. 

Ella estaba por ahí, porque en aquel momento salía con Chris Blackwell, el mítico productor de Island Records. En sus memorias dejó escrito: “Mi vida nunca ha sido un infierno. Debería ir ahí si es que existe. Así me encontraría con mis amigos”.

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