Miguel Ángel Muñoz: “Pasar 100 días con la Tata es más especial que trabajar con Sharon Stone”

Tras el éxito viral de 'La Cuarentata', el actor de 'Un paso adelante' o 'Presunto culpable' estrena en cines el documental '100 días con la Tata'.
Miguel Ángel Muñoz y su Tata.
Miguel Ángel Muñoz y su Tata.
Cinemania
Miguel Ángel Muñoz y su Tata.

En 100 días con la Tata (estreno en cines 29 de diciembre), a Miguel Ángel Muñoz se le juntaron dos deseos. Por un lado, llevaba años, desde 2009, decidido a tener recuerdos en imágenes con su Tata, con Luisa Cantero, la mujer que le cuidó de pequeño. Por otro, llevaba años (ahí es más difícil fijar una fecha) decidido a dar el salto a la dirección. 

En su cabeza, entre esos dos deseos, siempre rondaba una película, Función de noche, de Josefina Molina, producida por su amigo (y a quien dedica ahora su documental), José Sámano. “Esa película me impactó muchísimo, siempre lo supe, y se lo dije a José: el día que me lanzara a dirigir quería hacer algo así, quería contar una película dentro de la película, hacer metacine, vivir la realidad, pero también ficcionada”, explica el actor que debutó en El palomo cojo, de Jaime de Armiñán, con solo 10 años. 

“Y como hago terapia desde hace mucho, además, siempre tuve claro que la forma de hacerlo sería adentrándome en el proceso de preparación de las emociones que tenemos que hacer a veces, de ahí que empezara a grabar algunas sesiones con mi terapeuta desde 2015”. 

Sesiones íntegras que ahora forman parte de este documental, ganador del Premio Forqué, con el que, por fin, se estrena tras la cámara: un homenaje a su Tata, un redescubrimiento de él mismo y una historia cargada de significado para hoy, sobre el cuidado a los mayores y el cuidado de nuestra salud mental.

En primer lugar, ¿cómo está la Tata que acaba de cumplir 97 años?

La Tata, por suerte, está muy bien. Es una alegría cumplir años y estar tan bien de salud. Y con esa cabeza.

100 días con la Tata se estrena ahora en cines (29 de diciembre), pero ha sido un camino largo desde que empezaste a trabajar en ella.

Como cuento en la película, esto es una necesidad que yo tengo desde hace muchos años: tener nuestro mejor recuerdo juntos. Han pasado ya 12 años desde que empecé a grabarla. Y cuando lo pasamos tan bien haciéndolo y monté lo rodado, me di cuenta de que los ingredientes y valores que tenía nuestra historia debían ser compartidos. Hasta día de hoy ha pasado por un montón de procesos. Primero, sin saber que lo iba a compartir; después, cuando tomé la decisión, iba a ser una película de ficción, que es lo que estuve escribiendo durante tres años; y cuando ya me decidí a hacerlo, la pandemia me cambió todos los planes. Al final, ha ganado la verdad. Todo lo que pasamos no lo podía ficcionar, superaba 100 veces lo que habíamos escrito en el guion.

Miguel Ángel Muñoz y la Tata.
Miguel Ángel Muñoz y la Tata.
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Para los fans de La Cuarentata, ¿la película es mucho más?

En la película cuento por qué llego hasta aquí, el miedo a la muerte y todo eso. Y nos abrimos en canal. Aquí hay una intimidad mucho más grande de lo que compartimos en los directos, desde los cuidados más delicados a ella hasta sesiones reales de terapia mías que están puestas en el documental. Eso nunca lo habíamos compartido y obviamente da vértigo. Pero tenía muy claro que quería ser honesto con mi historia y con lo que necesitaba expresar.

¿Y no da miedo o pudor exponerse así? Incluso para un actor.

Sí, da cierto pudor incluso para el espectador, porque la gente a lo mejor tiene una idea de que va a ver el programa que hacíamos y se convirtió en un fenómeno viral, pero eso son 10 ó 15 minutos dentro de la película, porque lo importante es todo lo que contamos, que es todavía mucho más pudoroso.

¿Toda esa experiencia no te ha hecho reflexionar un poco en toda tu carrera de más de 25 años?

La verdad es que no, todo lo contrario, me hace mirar hacia delante, siempre he estado muy orgulloso de lo que la vida me ha dado, he aprendido y sigo aprendiendo muchísimo y me sigo sorprendiendo por dónde me lleva la vida. Nunca habría planeado, a pesar de todo lo que nos queremos y todo el tiempo que le dedico a mi Tata desde hace muchísimos años, pasar 100 días con ella y vivir una de las experiencias más extraordinarias que he sentido nunca, más allá de haber cantado para 20.000 personas o hacer una película con Sharon Stone. Para mí es mucho más importante esto que he hecho —y no hablo de la película, que también dentro de unos años, me daré cuenta del valor tan importante que tendrá para mí—, pero el tiempo que hemos pasado con todo lo que hemos disfrutado, lo que nos hemos devuelto el uno al otro ha sido maravilloso. A los trabajos le doy menos importancia.

¿Has conseguido superar un poco los miedos iniciales con los que empezaste la película: el miedo a hablar de la muerte, a pensar en la pérdida y a la propia vejez?

Superarlos es una palabra muy grande. Yo creo que nadie está preparado. Yo el primero, aunque hable de ello con naturalidad, me haya quedado un poco más tranquilo, el día que no esté, va a ser muy difícil. Pero sí es verdad que me quedo un poco más tranquilo y ella me ha ayudado mucho a estar un poco en paz cuando llegue el momento. Es importante ponerle cara a la muerte, sin miedo a bloquearnos. Hay una frase que le digo al terapeuta: “el miedo a que no esté, me impide disfrutar de lo feliz que me hace estar con ella”. Eso, a base de terapia y terapia, poquito a poquito se fue diluyendo hasta el punto que he podido llevar a cabo este proyecto. Por eso para mí era muy importante que la película hablara de la terapia con normalidad.

Una carrerita.
Una carrerita.
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¿Cuándo empezaste a ir a terapia? ¿Tuvo que ver con tu profesión?

La verdad es que sí. Yo empecé a trabajar muy, muy pequeñito, pero realmente la primera vez que pasé por una escuela tenía ya 22 o 23 años. Recién estaba terminando Un paso adelante y en aquella vorágine decidí pasar por la escuela de Juan Carlos Corazza para seguir formándome y tener otras herramientas. Y allí, la manera de trabajar de Juan Carlos se acerca mucho a la terapia. Desde entonces, y también por necesidad mía para sobrellevar mis temas personales y los traumas que todos tenemos de infancia y adolescencia, me animé a comenzarla. Yo creo que de una manera regular hago terapia todas las semanas desde el año 2005. Esté bien o menos bien en ese momento. No solamente he ido cuando he estado hecho polvo. Y, adicionalmente, es una herramienta más para trabajar. Cuanto más liberado está uno emocionalmente y se conozca, más le puede ofrecer a los personajes. Lo cual no significa que haya gente que no haga terapia y que trabaje de otra manera igual de válida.

Tu terapeuta te define el narcisismo en la película como “el amor a lo que queremos ser”. ¿Como actor y personaje público lidiar con esa imagen que reflejas y el reflejo que cogemos debe de ser complejo?

Esa es gran parte de mi terapia. Pero no solo por dedicarme a lo que me dedico o por ser popular. Por mi carácter, por mi pasado. Este es uno de mis temas y, obviamente, dedicarme a lo que me dedico desde hace tantos años, pues también suma y yo lo llevo de una manera, pero hay mucha gente que se dedica al mundo del entretenimiento, que son populares y no les importa nada. Yo les admiro, tienen otras cosas, cada uno tenemos lo nuestro, ¿no? Pero, efectivamente, eso es uno de mis talones de Aquiles. Sí, y lo muestro ahí en la película, con pudor, pero bueno, en eso estoy. Gracias a dios, creo que según han ido pasando los años me voy permitiendo mostrarme tal y como soy, más allá de lo que puedan pensar los demás.

¿Participar en programas como MasterChef o The Dancer tiene que ver con esa idea de mostrarte más tal y como eres?

Tiene que ver con que creo que la vida es una y yo intento vivirla con la máxima felicidad posible, en base a lo que a mí me apetezca hacer y a mis posibilidades. Muchas veces he tomado ciertas decisiones por pensar que a lo mejor eso me podía convenir más dentro de la profesión, de cómo me podría ver una persona u otra. Según han ido pasando los años, acepto que soy como soy, soy muy inquieto, soy una persona que puede hacer diferentes cosas y no me pongo ninguna etiqueta, soy así y he aprendido a valorarlo, a disfrutarlo. Y si hay algo que me apetece, por el motivo que sea, aunque sea distinto a lo que puede ser más normal dentro de mi profesión, ahora me permito hacerlo y entre ello puede estar MasterChef, hablar de gastronomía, bailar, cantar o dirigir una peli. Esto es, así soy, no lo puedo evitar y me alegro de que, con el paso de los años, me permita no juzgarme por las cosas que hago, porque las disfruto muchísimo. Quizá una de las cosas que más me gusta en la vida es aprender a hacer cosas distintas.

“Da vértigo y pudor todo lo que compartimos en 100 días con la Tata”

En la película dices que una de las cosas que has aprendido es a parar.

[Risas] No digo que lo he aprendido porque aprenderlo para mí es aplicarlo, y no consigo aplicarlo todo el tiempo. Tengo dos hernias discales y me muero de dolor. Estoy nadando seis días a la semana y en cuanto he encontrado a la persona que cuide de mi Tata, he rodado una película en Santander, un programa de gastronomía, una película en Arizona con Rob Schneider, un programa de baile. Y eso a la vez que estoy dirigiendo un documental. No he aprendido a parar, me encantaría y no debería hacer tantas cosas porque así estoy como estoy físicamente. Pero al menos soy mucho más consciente y hago lo que puedo.

Se cumplen 20 años del principio de Un paso adelante (UPA), aquel tiempo sí que debió de ser agotador.

Como digo en 100 días con la Tata, si yo siempre estaba haciendo muchas cosas a la vez, en esa época fue el colmo. Hasta ahora, que creo que me he superado [risas]. Pero entonces, hace 20 años, para empezar, no sabía bailar, no había cantado nunca. Yo me dejé la vida y el cuerpo, las dos operaciones en los hombres vienen de ahí. Pero lo recuerdo como una de las etapas más divertidas de mi vida y de más aprendizaje. Todo lo que me proponían, yo decía que adelante. 

Ahora todo el mundo siempre me pregunta que si vuelve, yo siempre he dicho que las cosas que han tenido tanto éxito, hay que dejarlas en su sitio y hacer algo nuevo y diferente. Si vuelve y quieren contar conmigo para algo, yo estoy tan agradecido y orgulloso que apareceré, pero la tendría que hacer gente nueva, con el mismo o mucho más talento que el que teníamos nosotros hace 20 años. Yo no me veo con todos mis compañeros haciendo lo mismo, y si es para reencontrarnos, ya lo hacemos de vez en cuando.

¿Llevar el enorme éxito que tuvo entonces fue una de las razones por las que empezaste terapia?

No, no tuvo que ver con eso, sí que aquello se fue de madre, pero, claro, yo con 14 ya había hecho Al salir de clase, que fue el mismo éxito, quizá un poco menos porque en UPA se juntaban los conciertos, los discos y demás… Con 10 hice el prota de una peli, también estuve en Compañeros y, aunque no era el protagonista, tuvo también mucho éxito. Entonces cuando llega UPA, ya había vivido experiencias de éxitos efímeros, de saber que cuando se acaba, de un día para otro, se pueden olvidar de ti. Algo que no es fácil. Por esa parte, creo que lo viví con cierta cabeza, aunque, por supuesto, me veo en fotos y en entrevistas de esa época y me quiero matar porque me doy mucha vergüenza a mí mismo [Risas]. Además, como en mi caso todo lo que vivimos a nivel musical iba ligado al personaje en mis planes nunca estuvo continuar por ese camino, sino todo lo contrario, me puse a hacer teatro inmediatamente después. Es algo que decidí terminar yo y no que terminara conmigo.

¿Crees que si esa fama te hubiera llegado ahora la habrías vivido mejor?

La hubiera vivido de otra manera, pero no sé si mejor. Ahora yo no sé si sería capaz de disfrutar tanto como lo hacía en cada concierto. Ahora mismo no me veo diciendo “nena, te necesito” en un escenario [Risas]. Pero hace 20 años, por supuesto. Y me divertía un montón.

Mucha ternura en el documental.
Mucha ternura en el documental.
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¿Te paran más por la calle por UPA o por MasterChef?

Como el personaje de Un paso adelante y la serie fue tal, tal, tal éxito quien la vio, me recuerda por eso. Pero han pasado tantos años que hay una generación más joven que no la ha visto, o la están viendo ahora Netflix, y me puede reconocer más por Presunto culpable, MasterChef o The Dancer. Y ahora un montón de gente me está siguiendo también por mi Tata. Yo lo acepto con mucha alegría y con mucho orgullo: aquel que me dice que le encantaba El síndrome de Ulises, me hace mucha ilusión; y cuando una mujer de 40 años me dice que se volvía loca en un concierto, que se pintaba la cara y que dormía dos días en la puerta para coger sitio, pues digo madre mía, y qué ilusión también, ¿no?

Decías que 100 días con la Tata te ha hecho mirar hacia delante, ¿qué es, dirigir y escribir más?

En ello estoy. Esta película me abre un nuevo camino que me gustaría seguir explorando. Por eso monté la productora Paciencia Films, donde estoy desarrollando proyectos de ficción y de entretenimiento. Tengo dos de ficción que quiero sacar adelante y estoy escribiendo un guión que ojalá también pueda dirigir. Como lo más importante en esta vida y en la profesión es la paciencia de ahí que la productora se llame Paciencia Films. Ojalá pueda seguir en esto. Esa es la intención.

¿La paciencia es una de tus virtudes?

No, para nada [Risas]. Quizás uno de los mayores aprendizajes de todo esto y por eso casi me lo tatuó. Y de ahí que la productora se llame Paciencia Films. Esa que tiene infinita la Tata, a ver si se me pega a mí [risas].

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Irene Crespo

Periodista cinéfila y escribiendo (libremente) desde Nueva York sobre películas y sus alrededores culturales en CINEMANÍA y otras publicaciones

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