Marvel en la Guerra Fría: así moldeó a los superhéroes el pánico a la guerra nuclear

El estreno de 'Viuda Negra' trae de vuelta un pasado en el que la Casa de las Ideas se nutría del conflicto entre bloques para sus historias
Viuda Negra en el cómic 'En el nombre de la rosa'
Viuda Negra en el cómic 'En el nombre de la rosa'
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“Tenemos que correr ese riesgo... ¡A no ser que queramos que nos ganen los comunistas!”. No son palabras de Henry Kissinger o de Robert McNamara hablando de la intervención militar en Vietnam, sino de Sue Storm llevándole la contraria a su colega Ben Grimm cuando este señalaba (con razón) que aquel viaje espacial iba a ser un desastre. Los resultados ya los sabemos: el cohete despegó en agosto de 1961 y, rayos cósmicos mediante, sus pasajeros se transformaron en los alucinantes Cuatro Fantásticos, inaugurando el Universo Marvel. Un cosmos que, según corresponde a tal fecha, nació bajo el signo de la Guerra Fría.

Como señala su filme en solitario, Natalia Alianovna Romanova, alias ‘Viuda Negra’, lleva ese origen en el ADN: su llegada a las viñetas, en 1962, fue como villana a las órdenes de Moscú, con la misión de infiltrarse en Industrias Stark para asesinar a un científico desertor. Si bien la espía cambiaría de bando con el tiempo (y con la ayuda de su amigo Ojo de Halcón), esto nos recuerda que Iron Man fue el mayor heraldo del ‘terror rojo’ en Marvel, con un origen ligado al conflicto en el Sudeste Asiático y archienemigos tales que el soviético Dinamo Carmesí o, sobre todo, el Mandarín, encarnación de los temores yanquis sobre la China comunista. 

El Mandarín y Iron Man, frente a frente
El Mandarín y Iron Man, frente a frente
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Otros héroes emblemáticos, como Hulk, Spider-Man o los X-Men, no participaban directamente del facherío de Tony Stark, pero seguían vinculados al conflicto entre bloques en tanto que hijos del pánico a la guerra nuclear.

Pero la realidad no tardó en imponerse. El grueso de los ‘marvel zombies’ de primera hora se componía de universitarios izquierdistas para quienes ir a Vietnam no era ni mucho menos un destino glorioso, y a Jack Kirby le preocupaba mucho más el posible resurgir del fascismo que las ambiciones soviéticas: de ahí que, tras ser descongelado en 1964, el Capitán América no luchara contra los comunistas, sino contra los neonazis de Hydra. Enemigos que compartía con un Nick Furia cuya mejor época en cómic (1967-1968) reflejó una tendencia tan de la época como el relato high tech de espías.

El Capitán América se enfrenta a Guardián Rojo, personaje al que interpreta David Harbour en 'Viuda Negra'
El Capitán América se enfrenta a Guardián Rojo, personaje al que interpreta David Harbour en 'Viuda Negra'
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Así, salvo referencias ocasionales para cubrir expediente, la Guerra Fría pasó a ser un mero telón de fondo en el cosmos marvelita, mucho menos importante que la enemistad Kree-Skrull (otro conflicto entre superpotencias que se leía como una metáfora) o la siguiente visita de Galactus. Como ejemplo, tenemos el debut en 1975 de Coloso, el alumno más inoxidable del profesor Xavier. 

Este pacífico chavalote aficionado al dibujo y la jardinería había nacido en un koljós siberiano y se consideraba comunista sin que ello le enfrentara al resto de mutantes: su efímera transformación en Proletario (“¡Héroe de los obreros de la Unión Soviética!”) no se debió a causas políticas, sino a un lavado de cerebro por parte del villano Arcade. Durante los 80 y los 90, esta tendencia se acentuó, e incluso Frank Miller (en Daredevil: Born Again, 1986) atacó las manías belicistas de Ronald Reagan

En una época no tan lejana era la propia Viuda Negra quien se enfrentaba a Iron Man con la ayuda de Ojo de Halcón
En una época no tan lejana era la propia Viuda Negra quien se enfrentaba a Iron Man con la ayuda de Ojo de Halcón
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Ya en el siglo XXI, escritores como Ed Brubaker (el creador del Soldado de Invierno) han mirado hacia la oposición EE UU-URSS como un cuento sin buenos ni malos, pero con víctimas y verdugos, cuyas cicatrices siguen abiertas. En cuanto a ‘Nat’, siempre perseguida por su pasado, resumió todo esto con ayuda de la guionista Marjorie Liu (2010): “Cambié un país por un ideal. Dirás que estoy loca, pero quería ser libre”. No esperaríamos menos de ella.

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