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[Málaga 2022] ‘Cinco lobitos’, la canción de la sufrida maternidad

Las historias sobre madres que lo pasan muy mal monopolizan la sección oficial del festival
Cinco lobitos
Cinco lobitos
Cinemanía

Pienso en Agnès Varda y algo que me dijo: “Hay que encontrar la felicidad de ser mujer”. Cuando Varda fue madre rodó Daguerrotipos. Para no alejarse de su bebé, tiró el cable de la cámara con la que iba a rodar y el cable llegó hasta la calle Daguerre, en el barrio donde vivía. Así que hizo un documental del carnicero, la panadera, el peluquero y sus vecinos.

Sin embargo, las películas que he visto estos últimos días en Málaga son películas sobre el sufrimiento de la maternidad. Empezando por Cinco lobitos, el filme del que ya se habla como ganador del festival. Cinco lobitos es la ópera prima de Alauda Ruiz de Azúa y, en ella, la maternidad se sufre por partida doble. La protagonista de la película, Amaia, acaba de ser madre, momento que Ruiz de Azúa retrata en su cotidianeidad: falta de sueño, padre que se escaquea, salidas a urgencias cuando el bebé tiene fiebre, etc.

Póster de 'Cinco lobitos'
Póster de 'Cinco lobitos'
Cinemanía

La maternidad le viene grande a Amaia y decide ir a casa de sus padres para que la ayuden en la crianza. Allí, inesperadamente, se convierte en madre de su bebé pero también de su propia madre, coincidencia que parece algo forzada dramáticamente para capturar la inaprensible naturaleza de la maternidad, ese misterio que sigue siéndolo después de la película.

Con unas interpretaciones impecables –especialmente Laia Costa, sutil y emocionante– y una puesta en escena que lo apuesta todo a las mismas, no terminan de convencer esos personajes masculinos tan arquetípicos. Por lo menos, para quien escribe, acostumbrada a una pareja y a un padre que ejercen los mayores y más delicados cuidados.

En sección oficial del Festival de Málaga también hemos visto A Mae, del brasileño Cristiano Burlan. Inspirada por la lucha de las Mães de Maio, A Mae cuenta la historia de una madre –impresionante interpretación de Marcélia Cartaxo– que busca a su hijo desaparecido bajo las garras de la policía militar brasileña. Una película austera, incluso rudimentaria en lo cinematográfico, que quizás por eso impacta con mayor dureza.

Para terminar el ciclo de madres sufrientes hemos visto también la ecuatoriana Lo invisible, de Javier Andrade, en la que la apuesta se dobla con una madre que intenta rehabilitarse tras intentar matar a su bebé. La película es tan fría como su protagonista, una mujer tan errática como magnética interpretada por Anahí Hoeneisen. Es interesante el sonido, con ese bebé fuera de plano pero presente a través de sus lloros. Sin embargo, Lo invisible no termina de resolver las cuestiones que plantea, quizás porque, una vez más, son insondables. Y, desde luego, quedan muy lejos de la felicidad de ser mujer de la que me hablaba Varda.

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