Lynne Ramsay, la directora adicta a Masterchef y 'Peaky Blinders' que prepara una adaptación de Stephen King con Joaquin Phoenix

Hablamos con la autora de 'Tenemos que hablar con Kevin' y 'En realidad, nunca estuviste aquí' tras recibir el Premio Luna de Valencia del festival Cinema Jove
Cultura.- Lynne Ramsay anima a "asaltar" Cannes a los jóvenes directores: "Vais a hacer películas increíbles"
Lynne Ramsay en Valencia durante el festival Cinema Jove
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Lynne Ramsay es una enamorada de España. Como buena escocesa, crecida bajo la lluvia, en ese frío húmedo, la primera vez que pudo viajar, se vino al sur de España, al sol, a secarse. Después ha vuelto muchas veces. “En un viaje de despedida a una amiga, a comer bien, sobre todo”, contaba riendo en el encuentro con público y prensa durante el festival de cine internacional de Valencia, Cinema Jove. La directora volvía a una comunidad que conocía bien para recoger el premio Luna de València a toda su carrera. 

Una carrera por ahora breve en número, pero extensa en años. Suficiente para ser una directora de culto, respetada. Ratcatcher, su ópera prima, la estrenó en 1999. Morvern Callar, en 2002. Después tardó nueve años (con cortos en medio) en estrenar Tenemos que hablar de Kevin, su salto a una liga mayor, con Tilda Swinton, y su primera visita al Levante español, en concreto a Buñol, durante su Tomatina, donde se enamoró del folclore pero también descubrió “lo bueno que es el tomate para la piel”.

Ramsay no para de hacer bromas, ríe todo el rato con una risa contagiosa, de cuerpo entero. Es increíble que parte de la industria se haya empeñado en tacharla de “difícil”. Todo tuvo que ver con la decisión que tomó de abandonar Jane Got a Gun, con Natalie Portman, a horas de iniciar el rodaje. Hablamos con la directora de Glasgow sobre aquel episodio y de lo que vino después, En realidad, nunca estuviste aquí, su último filme, una película con mensaje para todos esos que la definen como difícil o histérica. También hablamos de Grecia, de Masterchef y de Samantha Morton.

¿Feliz de regresar a Valencia? 

Es mi primera visita. Estuve al lado, en Buñol, pero nunca vine a Valencia ciudad, es preciosa, me encanta. Y el festival es tan agradable, no tiene esa energía asesina de otros…

¿Como Cannes?

[Risas] Sí, me encanta el cine, me encantan los festivales como Marrakech o este… Pero a Cannes solo voy si tengo que ir, es demasiado loco. Me encanta, pero cuando caminas por allí en mitad de la noche, es muy oscuro… Y esa cosa de la subida de las escaleras, recuerdo que en mi primera vez casi le rompo la mano a mi novio de lo nerviosa que estaba… Y luego la proyección, las reacciones, es muy estresante. Me gusta ir a presentar cortos porque tienes tiempo de hablar con otros directores, pero si vas con una película, no hablas con nadie.

¿Y no te gusta ver tus películas con público?

Sí, lo vas aguantando, pero en Cannes puede ser un poco duro. Los abucheos… Yo siempre he tenido una buena experiencia por suerte. Aun así te pones nerviosa, no conozco a ningún director que no se ponga nervioso cuando estrena en Cannes. Las reacciones que salen de allí te persiguen el resto del tiempo. Con En realidad, nunca estuviste aquí algunos críticos dijeron que era “como un Taxi Driver del siglo XXI”. ¡Vaya tontería! Taxi Driver era una película increíble, pero lo usaron para todala promoción, en cada póster… Lo que pasa en Cannes define tu película para bien o para mal. Recuerdo que David Lynch después del pase de Fuego camina conmigo, que es una obra maestra, salió corriendo porque la reacción fue tan fea.

Imagen desde el rodaje de 'En realidad, nunca estuviste aquí'
Imagen desde el rodaje de 'En realidad, nunca estuviste aquí'
Cinemanía

Que se lo digan a Nicolas Winding Refn con The Neon Demon

Lo recuerdo bien porque yo era jurado ese año [se ríe]. Y no pude ir al estreno porque presentaba al mismo tiempo un corto mío y alguien vino a contarme después lo que había pasado, y yo: “No me digáis nada, yo me haré mi propia opinión”. Me alegro de que se enfadara. Bien por él. Está bien tener carácter en este negocio. Él es un buen cineasta. Hizo bien.

Eso también dicen de ti, que tienes carácter.

No sé si soy tan hardcore como Nicolas Winding Refn [se ríe], pero sí, no sé… Me gusta hacer películas, pero eso no define mi vida entera. Aunque sí es importante para mí hacer la película que quiero hacer y si no puede ser, no voy a hacerla, prefiero dedicarme a otra cosa: a pintar, a la música… Ahora estoy aprendiendo a tocar la guitarra…

No te defines como directora de cine, ¿y entonces?

Empecé pintando, luego fui fotógrafa… Me encanta probar distintas cosas. Me gusta mucho el color. Ahora mismo estoy probando colores en mi apartamento. Mi hija pintó un cuadro durante el confinamiento que era increíble en colores y me recordó lo que me gustaba Matisse, siempre ha sido un referente para mí, aún lo es, me acordé de su uso de los colores, sus collages y me puse a hacer todas esas cosas durante el confinamiento porque no había mucho más que hacer. Me gustaría estudiar arte, yo iba a estudiar arte.

Pero estudiaste fotografía, ¿por qué?

Tenía 17 años y fui a esta escuela en la que había un cuarto oscuro de revelado al que nadie iba, empecé a ir yo porque era como mi espacio privado. Me enamoré del proceso, de pronto aparece la magia. Pero al tiempo me arrepentí de no haber estudiado arte. ¿Sabes cuando eres joven y un poco tonta? Yo iba de fotógrafa orgullosa [se ríe]. Quizá pueda empezar de nuevo, quizá pueda hacerlo.

Todo este espíritu artístico se traslada a tus películas.

Eso espero. Me gusta mucho cómo trabajan con los colores Kandinsky, Paul Klee, Matisse. Es lo que me gustaría lograr con mis películas.

En Morvern Callar ya se veía esa obsesión por el color.

Sí. Esa escena en la que anda en el club, está inspirada en fotos que yo tomaba de joven cuando iba a clubs. Se las enseñé a mi director de fotografía y lo intentamos replicar de una forma que ya no sé si lo puedes hacer. Es un método muy delicado, analógico.

<p>La cineasta Lynne Ramsay (segunda por la derecha) posa con los actores de su película 'We need to talk about Kevin': Ezra Miller, Tilda Swinton y John C. Reilly.</p>
Lynne Ramsay posa con los actores de su película 'We need to talk about Kevin' (Ezra Miller, Tilda Swinton y John C. Reilly) durante la presentación del filme en el Festival de Cannes
Yves Herman / Reuters

Lo digital está provocando la desaparición de toda esa artesanía, esa cosa manual y artística.

Sí, y me da muchísima pena. Y rabia. Hay financieros que me han dicho: “Vas a rodar en digital porque Jacques Audiard rueda en digital”. ¿Y qué? Que haga lo que quiera él. Yo lo he probado, en algunas cosas va bien, pero no es lo mismo. Sé que para los actores está bien, a un actor como Joaquin Phoenix le da toda la libertad que necesita. Pero creo que estamos perdiendo mucho. Por suerte, Spielberg es nuestro defensor; o Nolan, que también apuesta por el cine. Pero cada vez hay menos.

La digitalización al menos es una forma de democratizar y ayudar a jóvenes cineastas a empezar.

Sí, eso me gusta, cualquier joven puede hacer su película. Pero lo que me molesta es que cuando ruedas en digital no hay una idea inicial clara. Supongo que al haber rodado en película, por no malgastarla, llego al rodaje con las ideas más claras, y eso también facilita mucho el montaje luego, en digital puedes tener tanto material. Yo intento ser más disciplinada. Me gusta ver todo y tener demasiadas horas lo complica y alarga todo. 

Alguien me contó que para American Honey llegaron a tener como 500 horas o así, es una locura. Si tienes tanto material, ¿por dónde empiezas? He aprendido mucho de montaje de mi mejor amiga que es montadora, y con Morvern Callar, porque no teníamos mucho dinero, no podíamos perder tiempo y fui editando en papel según rodamos. El montaje es todo.

¿Sigue siendo la parte que más te gusta?

Solía decir eso. Pero últimamente creo que es el rodaje, quizá por Joaquin [Phoenix], que mira que puede ser agotador, pero también es emocionante. Como no sabes qué va a hacer a continuación, fue una experiencia increíble. Me quedé muy triste cuando ese rodaje acabó. Y él también. Me dijo que hiciéramos otra película en seguida. Y en ello estamos, me escribe cada dos por tres pidiéndome el guion [se ríe].

¿Es la adaptación que estás escribiendo de La chica que amaba a Tom Gordon, de Stephen King?

Sí, me gustaría que hiciera un papelito ahí, el padre.

Phoenix es absolutamente imprevisible, en entrevistas puede casi hacerte llorar o darte la mejor entrevista.

Puede ser un bastardo a veces. A mí me hizo llorar varias veces. Pero es súper inteligente, y luego de pronto es la persona más agradable del mundo. Y en cuanto empezamos a rodar vi que confiaba en mí ciegamente. Recuerdo que al poco tiempo de rodar En realidad… me encontré con James Gray en un festival y lo primero que me preguntó fue “¿Cómo fue con Joaquin? ¿Estás bien?” [se ríe]. Es complicado, pero es maravilloso. Nunca he conocido a alguien así. Y estoy deseando trabajar con él otra vez, aunque sé que me va a torturar de nuevo [se ríe más].

¿Qué recuerdas de tu primer rodaje, Ratcatcher?

Fue muy difícil para mí, porque solo había hecho cortos, con equipos muy pequeños y, de pronto todo eso me costaba, no entendía nada. Tenía mucha presión porque llovió cada día, y no podíamos retrasar el rodaje, pero nos retrasamos, porque no podíamos trabajar con los niños así. Hacía mucho frío. Era un verano lluvioso, helador, en Escocia. Sinceramente, fue una pesadilla. Lo único que me animaba fueron los niños, porque eran encantadores, muy divertidos. Aún guardo una foto con todos ellos, yo era tan joven. Pero sí, odié estar ahí, toda la experiencia. Todo el rato deseaba que acabara.

Fotograma de 'Ratcatcher', la ópera prima de Ramsay
Fotograma de 'Ratcatcher', la ópera prima de Ramsay
Cinemanía

Y, sin embargo, en seguida rodaste Morvern Callar, ¿cómo superaste toda esa pesadilla de la primera experiencia?

Eso fue gracias a Samantha Morton, porque es maravillosa. Y fue un regalo porque pudimos rodar en orden cronológico. Empezamos en Escocia, con frío, y luego acabamos en España, felices. La comida era mucho mejor. Cuando acabamos aquella, también me quedé muy triste y me reconcilié con el proceso de dirigir. Y eso que fue difícil, tuvimos que hacerlo más rápido porque Samantha iba a rodar Minority Report con Spielberg después y recuerdo que la gente de Spielberg estaba por allí diciendo que tendría que perder peso. Mierdas. Debe de ser horrible ser actriz a veces. Lo que tienen que aguantar. 

No me gustaría ser actriz. Por eso están todas tan delgadas, porque tienen que aguantar que les digan cosas así. Samantha era una talla 36 o así por entonces. Estaba delgada. Y le dijeron que estaba demasiado gorda. Y ha tenido que escuchar que era demasiado fea para otros papeles. Ella debería ser una estrella enorme, es brillante, una de las mejores actrices del mundo de los últimos años.

Hablamos siempre de lo que todo está cambiando, pero hace falta mucho más.

Bueno, supongo que algo sí está abriendo, hay que decirlo. Aún queda mucho camino por recorrer, pero sí hay una nueva generación de mujeres cineastas que son muy buenas y espero que tengan espacio. Por eso quiero producir, para ayudarlas con el dinero, con cosas prácticas… Tengo el guion de una directora asiática, por ejemplo, que es brutal.

¿Crees que ha sido más difícil para ti?

Creo que sí, quizá, no lo sé… Es difícil para mí juzgarlo. Te guste o no, si eres mujer, es más complicado. Recuerdo en Jane Got a Gun escuchar a alguien decir de mí: “Estará con la regla”. ¡Que te jodan! Eso es horrible. Aún escuchas estas cosas terribles. Si tú te plantas, eres una histérica, si un tío se planta, es un genio. Estas cosas aún suceden.

¿Y crees que la industria te castigó por abandonar aquel rodaje?

Quizá, probablemente. Pero yo hice toda la preparación para ese filme, hablé con cada uno de los extras, que nadie lo hace nunca… No fue una decisión que tomé a la ligera, pero querían una película completamente diferente a la que yo quería, ¿por qué la iba a hacer yo? Fue una experiencia difícil

¿Te ha costado levantar tus películas después de aquello?

No, tengo suerte, creo que en Reino Unido me respetan, creen en mí y quieren trabajar conmigo. Y no he dejado que aquello me machacara o me hundiera.

¿Y televisión no le apetece o no se lo han ofrecido? Parece una salida para muchos cineastas últimamente.

Me han pedido hacer televisión, pero rodajes de nueve días y no creo que pudiera hacerlo bien en ese tiempo. Me gustaría hacer televisión, pero hacerlo a mi manera, una serie entera. Me encanta Peaky Blinders. Muero por ver la siguiente temporada. Steven Knight es un gran escritor. Y los actores… [Cillian Murphy] Es tan guapo [Se ríe].

¿Ves televisión, plataformas?

Sí, sí, claro. Me encantan los programas de cocina, Masterchef y similares. Porque me encanta cocinar. Ahora estoy probando con cocina japonesa, hago un ramen muy rico y gyozas. Me veo todos los shows de cocina, Peaky Blinders y documentales. Y siempre las noticias americanos. Me obsesioné mucho con las elecciones americanas y Trump. Veía CNN y también Fox. Me hecho tan adicta que mi madre está preocupada por mí, porque no puedo apagarlo y me va a deprimir [se ríe].

Peaky Blinders
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Cinemanía

¿Cómo ha ido este año de confinamientos y pandemia para ti?

Debo decir que de alguna forma lo disfruté. A pesar de lo difícil que ha sido. Al principio fue más complicado, porque estábamos esperando una visa para mi compañero. Pero luego conseguí una oficina cerca de casa, así que podía ir andando a algún sitio y trabajaba allí tranquila. Escribí guiones. Están ahí todos amontonados. Fue productivo aunque no sé cuál será el siguiente.

¿Sería un poco como su experiencia en Grecia, cuando se retiró allí después del palo de Jane Got a Gun?

Sí, aquello fue increíble. Un cambio de vida. Estuve en Santorini fuera de temporada. Con toda esta gente jugando al ajedrez. No había mucho que hacer, así que era perfecto para escribir sin parar. Y es tan bonito. Es uno de los lugares más románticos del mundo, por eso se llena de bodas chinas.

¿Esa experiencia se coló en tu cine, en los temas que te interesan, tu estilo?

Sí, sí, después de aquello me interesé mucho por el medio ambiente, me gustaría hacer algo relacionado con eso. Era como estar fuera del mundo. Y no sabían quién era yo, no sabían que era directora, me presentaba como fotógrafa. Les ayudé a hacer una película y yo era como una asistente.

¿Crees en eso de que cada película es una respuesta a la anterior?

[Se ríe] Sí, creo que sí, En realidad, nunca estuve aquí fue mi respuesta cabreada a todo aquello, estaba enfadada, fue un poco punk… No me dejáis hacer lo que quiero hacer, pues mira [sigue riendo].

¿Y ahora cuál será la respuesta a En realidad, nunca estuviste aquí?

Ahora soy feliz. Estoy feliz. Tengo a mi hija, estoy escribiendo, tengo un apartamento enano en Londres pero nos encanta, mi oficina, me siento bien. Quizá haré un romance. Una comedia romántica. Quizá llame a Jennifer Aniston. [Suelta una carcajada].

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