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Los directores más infravalorados (IV): Walter Hill

Nuestra serie reivindicativa se pone macarra para homenajear al autor de 'The Warriors', 'Forajidos de leyenda' y 'Calles de fuego'. Por YAGO GARCÍA
Los directores más infravalorados (IV): Walter Hill
Los directores más infravalorados (IV): Walter Hill

La web de CINEMANÍA continúa su repaso a esos directores de los que probablemente no has oído hablar, pero que se merecen una visita urgente a tu videoteca y a tus retinas. Y esta vez, tras las entregas dedicadas a kamikazes como Neil Jordan, Eloy de la Iglesia y el extravagante Nicolas Roeg, apostamos por un señor dedicado al cine comercial. Tan, pero tan comercial que su trabajo más famoso, y el que mejores resultados económicos le ha reportado, ha sido el de productor (y guionista ocasional) de la saga Alien desde su primera entrega hasta Prometheus. Pero en la obra de Walter Hill (California, 1942) hay sitio para mucho más. Porque, lectores, estamos hablando de un señor tan rudo y viril que trabajó con Sam Peckinpah (y vivió para contarlo) y que ha afirmado encontrar "una gran poesía" en el rostro de Charles Bronson. Avisamos que en este repaso a sus mejores películas aguardan dosis letales de testosterona en forma de westerns polvorientos, aventuras urbanas y odas al rock de pelo cardado.

Driver (1978)

¿Por qué nos gusta? Si te resulta familiar el título de esta película, su argumento te sonará todavía más: es la historia de un misterioso conductor (Ryan O'Neal), especializado en trabajar para criminales, que se mete en líos con sus jefes por enamorarse de quien no debe. Antes de que empieces a acusar de copiones a Nicolas Winding Refn y Ryan Gosling, no obstante, dejemos claro que la pareja de Drive asumía plenamente sus deudas con el segundo largometraje de Walter Hill: con pocas palabras, mucha violencia y un persistente olor a llanta quemada, el director logró un clásico del thriller que le convirtió en un nombre de culto.

Momento cumbre: Una tremenda persecución de coches en la que O'Neal pone en jaque a la policía. Puedes verla en el vídeo.

The Warriors: Los amos de la noche (1979)

¿Por qué nos gusta? Aunque en Driver y en su inaugural El luchador (no confundir con el filme homónimo de Darren Aronofsky) nuestro héroe de hoy ya apuntaba maneras, fue esta maravilla urbana la que le convirtió en nombre de referencia para algunos críticos avispados y para innumerables macarras de ceñido pantalón. Protagonizada por una pandilla callejera de Nueva York, y mucho más influyente de lo que se cree en el desarrollo del 'cine quinqui' nacional, The Warriors estaba destinada a ese doble éxito, puesto que conjuga con soltura lo popular y lo culto: el periplo de sus protagonistas, ultraviolento por lo demás, sigue punto por punto lo narrado en la Anábasis, un texto en el que el militar griego Jenofonte describió la retirada de sus tropas tras una desastrosa operación en Persia.

Momento cumbre: El villano David Patrick Kelly desafía a los héroes haciendo chocar unas botellas: "Warriors, salid a jugar...".

Forajidos de leyenda (1980)

¿Por qué nos gusta? Tras haber abordado el cine negro y aventurarse en los bajos fondos de Nueva York, ¿qué género cien por cien estadounidense le quedaba por abordar a Hill? Pues está claro: el western. Y su primera incursión en el género le salió redonda, en parte por lo riguroso de su casting. Porque, puestos a registrar las andanzas de la banda de Jesse James, tan llena de lazos familiares, el director y productor se agenció los servicios de los tres hermanos Carradine (Robert, David y Keith), los hermanos Keach (James y Stacey), los hermanos Quaid (Dennis y Randy) y los hermanos Guest (Christopher, el futuro guitarrista de Spinal Tap, y Nicholas). Por si fuera poco con esta alianza de sangre, la realización del filme es soberbia.

Momento cumbre: El miembro más joven de la banda sigue siendo virgen, así que los hermanos James le apañan un vis a vis con una prostituta. Lejos de resultar sórdido, el momento resultante es la escena más tierna (y cómica) de la película.

Límite: 48 horas (1982)

¿Por qué nos gusta? Como recordamos por aquí cada cierto tiempo, hubo una época en la que Eddie Murphy no sólo hacía buenas películas, sino que solía embarcarse en trabajos bastante arriesgados y muy poco 'familiares'. Valga como ejemplo esta comedia de acción, uno de sus primeros trabajos con éxito en cine, en la cual interpretaba a un delincuente muy parlanchín escoltado por el madero Nick Nolte. Realizada cinco años antes de Arma letal, Límite: 48 horas jugó un papel muy importante en la codificación de la buddy movie como subgénero del cine policíaco. Lástima que su tardía secuela, 48 horas más (1990) no estuviese ni de lejos a su altura.

Momento cumbre: ¿Qué sería de una película de acción de los 80 sin un tiroteo en un bar? El de Límite 48 horas se las apaña para resultar casi tan brutal como el de Terminator...

Calles de fuego (1984)

¿Por qué nos gusta? En su momento, Calles de fuego fue considerada como una película desastrosamente fallida, en la que Hill desfogaba su amor por la mitología del rock (tipos duros, chicas sinuosas, motos y peleas callejeras) con un presupuesto multimillonario y un título de canción de Bruce Springsteen, sin ofrecer a cambio una historia coherente. Por supuesto, el filme fracasó en taquilla... Y su banda sonora batió récords de ventas. Gracias a ello, el protagonista Michael Paré se convirtió en un sex symbol para muchísimas chicas de los 80, y Calles de fuego desplegó una influencia soterrada que, lo creas o no, se ha manifestado particularmente en el mundo del manga y el anime japonés. Porque, vale, es una fantasmada. Pero una fantasmada muy divertida.

Momento cumbre: La pelea final entre Paré y el villano Willem Dafoe, montada e iluminada de forma imposiblemente videoclipera.

Deadwood (serie, 2004)

¿Por qué nos gusta? Aunque Walter Hill rodó un par de títulos estimables durante los 80 (la comedia El gran despilfarro y el homenaje al blues Cruce de caminos), la suerte dejó pronto de sonreírle. Sus trabajos más comerciales (Danko, calor rojo, con Schwarzenegger) se quedaban a medio gas, y sus regresos a su amado western como Geronimo y Wild Bill resultaban manifiestamente fallidos. El colmo llegó con Supernova, un despropósito de ciencia-ficción que se negó a firmar con su propio nombre. Pero, cuando todo parecía perdido, le surgió una oportunidad en el mundo televisivo, dirigiendo el primer capítulo de la serie western de HBO. La sórdida historia del sheriff Bullock (Timothy Oliphant) y su némesis Schwarengen (Ian McShane) no podía haber tenido un comienzo mejor.

Momento cumbre: Con un condenado a muerte a su cargo y una partida de linchamiento pidiendo su cabeza, Bullock nos prueba que, en esta serie, no existen los héroes simpáticos.

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