Leonor Watling: "Una película no es sólo un actor, son 50 personas"

La actriz y cantante estrena el día 9 de mayo 'Amor en su punto'. Hablamos con ella de su comedia romántica favorita, de los columnistas a los que lee o de las veces que ha intentado dejar la interpretación. Por ANDREA G. BERMEJO
Leonor Watling: "Una película no es sólo un actor, son 50 personas"
Leonor Watling: "Una película no es sólo un actor, son 50 personas"

Estamos más acostumbrados a verte en thriller o drama… ¿Te gusta la comedia romántica?

Hice Inconscientes, con Luis Tosar, pero yo creo que no la vio mucha gente. Es de los mismos guionistas que Amor en su punto. De hecho, me ofrecieron hacer ésta entonces. La comedia es un género que me encanta. Muy denostado y muy maltratado. Pero tanto interpretarlo como verlo, me encanta. Digo mucho una cosa pero es que me parece la metáfora perfecta. La buena comedia es como la tortilla de patata. Hay en todos los bares pero cuando está rica es lo más. Es un género amable y, dentro de eso, te pueden contar lo que quieran. La costilla de Adán, por ejemplo, de Katharine Hepburn y Spencer Tracy. Hablamos mucho de esta película durante el rodaje, porque no son películas donde el personaje femenino sea una cosa quieta y perfecta. En la comedia romántica hay mucho de mujer pasiva. Y mujer perfecta. En Amor en su punto, no.

Entonces ya conocías a Teresa de Pelegrí y Dominic Harari, la pareja de guionistas-directores…

Sí. Siempre los localizan los guiones que escriben en su barrio, en Londres. Y nunca consiguen que se rueden allí [se ríe]. Ésta, en concreto, se rodó en Dublín por la coproducción. Habiendo tenido el guión y habiéndolo visto en diferentes versiones… cuando llegó Dublín todo encajó. Hay cosas que sólo se dan en una ciudad pequeña. Que te encuentres en Londres dos veces con la misma persona es muy complicado. En Dublín te pasa todo el rato. Contaron con un guionista irlandés para afinar más. Luego no me podía imaginar el guión localizado en otro lugar.

¿Habías estado en Irlanda antes?

No, me encantó. España e Irlanda se parecen mucho. David Wilmot, el actor de Vikingos, decía todo el rato: "Somos disfuncionales, con sentido del humor y con herencia católica, cómo no nos vamos a llevar bien”. Estuvimos seis semanas rodando. ¿Cómo es esto de “las seis semanas son las nuevas ocho semanas"?

¿Hasta en una coproducción extranjera está la cosa mal?

Sí.

Por lo menos tienes la oportunidad de pegar estos saltos, gracias a que el inglés es tu lengua materna.

Bueno… yo creo que tiene que ver con la energía y con las ganas que tengas. En realidad, a mí hablar inglés a mí me pone en igualdad de condiciones con dos millones de actores. No es un súper poder. Yo he hecho una película en un idioma que no dominaba, el francés, y mi admiración por Paz Vega, Penélope Cruz o Javier Bardem… es infinita. Yo lo pasé fatal. No sólo por el idioma en el trabajo sino por estar en un plató en el que no entiendes nada… Todo lo que hagan los que trabajan en un idioma que no es el suyo… tienen mi suprema admiración.

¿Cómo fue trabajar con Richard Coyle, el coprotagonista de Un amor en su punto?

Me llevé muy bien con él. Espero que se note. Aunque tiendo a pensar que no se nota luego. Trabajas con un actor con el que te llevas a matar y luego en pantalla parece que tenéis una química impresionante y al contrario, te enamoras de un actor y en la película no se ve reflejado. Es un misterio.

Su personaje es un columnista gastronómico. ¿Tú tienes columnistas de cabecera?

Me gusta mucho Juan José Millás, Elvira Lindo, Caitlin Moran y Ramón Lobo.

¿Ningún columnista gastronómico?

No, soy más de descubrir los restaurantes. Tengo mucha suerte. Siendo actriz te llevan a comer a sitios maravillosos.

En Amor en su punto tu personaje es español y el de Richard Coyle, irlandés. Esa diferencia cultural la has vivido con tu pareja y la has visto en tus padres. ¿Es un problema?

Al revés. Creo que al haber una cierta distancia no das por hecho todo. Porque no tienes el mismo código. Hay un microsegundo de respeto y de no saltar enseguida, porque seguramente te estés equivocando.

También interpretáis a unos novios que no tienen nada que ver el uno con el otro. ¿Puedes tener una pareja con inquietudes e intereses totalmente distintos a los tuyos?

No lo sé. Tiendo a pensar que lo que importa está, para bien y para mal, por encima de nuestra voluntad. Tú te puedes armar todos los líos que quieras que te gusta alguien, te enamoras y a tomar por saco. No sé si a la larga, pero sí que hay parejas famosísimas que no casan, que te planteas "¿de qué habla esta gente cuando está en casa?". Y que, sin embargo, funcionan muy bien. Mira, he leído esta mañana una entrevista a Claudia Llosa preciosa. Ella hablaba más de la magia y del misticismo, pero es lo mismo. Hay algo atávico que tienes dentro y que arrolla. En esta película hay algo de eso. Están superados los dos. De hecho, hay un momento en el que se lo dicen. Ella le dice a él “si es que no me caes bien”, y a él le pasa lo mismo. Pero hay algo que está por encima de ellos. Eso me hace tener esperanza en el ser humano. Es lo más bonito que tenemos.

El personaje masculino prioriza su trabajo por encima de sus relaciones. ¿Tú crees que el hombre es más ambicioso profesionalmente que la mujer?

Sinceramente, y espero que esto no se saque de contexto, creo que hay algo biológico en el acercamiento a las prioridades. Lo que te sale por naturaleza como madre cuando esperas un hijo, normalmente, es hacer un nido. Y al hombre, le sale salir a cazar. A ver, yo con mi primer embarazo estuve tocando hasta los ocho meses. También me salió lo de ir a cazar. Pero hay algo físico que no te permite mucho más. Está eso y, por otro lado, socialmente está muy bien valorado que el hombre priorice su carrera y no está tan valorado que la mujer lo haga. Se juntan las dos cosas.

¿Crees que se hacen pocas películas de mujeres y sobre mujeres?

Hay una parte que entiendo, la de que haya un estado de excepción hasta que todo se normalice, pero hay algo que no termina de gustarme. A mí El Padrino me encanta, no creo que sea una película de hombres que no me represente. Es muy masculina, es verdad. Pero hay películas de directores muy femeninas, las de Cesc Gay, por ejemplo. Ojalá llegue un día en el que eso de igual. Entiendo a las mujeres que escribían con seudónimo porque que sus textos los escribiese una mujer era lo de menos.

Has rodado una película con Marcia Gray Harden que no se ha estrenado aquí. Hablános de eso…

Yo hacía un personaje disparatadísimo y me lo preparé muy bien. Marcia es súper generosa, muy del mundo del teatro, muy de compañía. Ella escribió el papel directamente para mí. Vio A mi madre le gustan las mujeres. La maravilla de internet. Nunca sabes lo que va a pasar con las pelis, y ésta se pasó directamente en HBO.

Así que no pasaste por ningún casting. Qué gusto, ¿no?

Eso es alucinante. Te crea una sensación rara de “yo voy pero igual me echan al segundo día de rodaje”. A mí no me importa hacer cástings… Un cásting no es una foto, es una radiografía, la tiene que mirar un médico. Si yo dirigiese una peli haría cásting sí o sí. Igual me gusta mucho un actor pero quiero ver qué tal actúa con otro. Por ejemplo, en esta película me llevaron a conocer a Richard Coyle y yo pensaba ¿y si no tenemos química? Lo único malo que puede pasar es que el director de cásting esté esperando ver una secuencia de su película. Una peli no es un actor, son cincuenta personas. Lo que pasa es que yo cruzo la carrera y el espectador me ve cruzando la meta, como Usain Bolt. Pero yo no corro sola los cien metros lisos. Un personaje se construye entre cincuenta personas.

Has vuelto a trabajar con Isabel Coixet en Mi otro yo. La entrevisté el otro día y volvió a decir que eres su amuleto de la suerte.

Sí, eso me encanta. Me gustaría ser su prota pero me vale amuleto, venga [se ríe]. Me da mucha rabia… porque dices ¿Wes Anderson? Vale, no va a pasar, no me conoce, no le conozco… pero Isabel… en fin, lo entiendo muy bien porque a mí me pasa con la música. Tengo músicos que me encantan pero por una cosa o por otra, porque no encajan, no cuentas con ellos para un proyecto determinado.

¿No te gustaría escribir o dirigir una película?

Lo que cuento lo cuento en tres minutos y el oficio de director me provoca tanto respeto y admiración… Tienen un nivel de entrega que… tienes que estar apasionado con un proyecto tres años. Yo no estoy apasionada con un proyecto… más de seis meses si me apuras [se ríe]. Eso sí, si algún día tengo una historia que contar no tengo ningún pudor. Creo que la vida ya te va cerrando puertas, como para cerrarte más tú. Yo con la música he aprendido que es una cuestión de tiempo y que tiene que ver con las expectativas. Dices “bueno, con el primer disco pensarán que es un capricho, pues sí, normal”. Lo que pasa es que llevamos ahí diez años, aunque tampoco pasa nada porque hagas un disco sólo. Es que la vida es tan complicada, te va quitando cosas, como para encima tú ir poniéndote trabas a ti mismo.

La interpretación… ¿es una vocación frustrada? Quiero decir, que una vez que lo has probado es difícil escapar de ser actriz.

[Se ríe]. Yo lo he intentado. Es una profesión que muerde mucho. Es como tener un superpoder o que te dejen tener la máquina del tiempo. Una vez que has sentido una verdad que no es tu verdad y el que te mira se lo cree… eso lo tienes que volver a vivir. Y cuesta mucho, igual una peli lo puedes llegar a sentir diez minutos.

¿Es una profesión dura?

Todas las profesiones lo son. Si eres pintor inhalas químicos y si eres actor inhalas emociones que no son las tuyas. Y luego te tienes que cuidar, desintoxicar. Hay una parte muy bonita, muy terapéutica, te obliga a ponerte en situaciones, a empatizar y a entender cosas. Que te paguen por eso es un regalo.

¿La música tiene que ser un alivio?

Y también el cine saliendo de la música. En mi caso, por lo menos, son muy necesarias la una para la otra. Funciona bien cuando me desfogo de una en otra. La música, hablando de locura, también es muy bestia. Es mucho más personal. A un actor lo celebran y castigan por cosas que no son responsabilidad suya al cien por cien. Pero también tienes un equipo enorme. Con la música eres tú, un barquito pequeño, una guerrilla. Si te celebran, te celebran a ti. Y si te machacan, te machacan a ti. Es muy difícil bajarse de un escenario y tener la cabeza en tu sitio. El directo tiene una energía y una adrenalina que no tiene el cine, que es de tiempos largos. Y hablando de la élite, de ser Mick Jagger o Robert De Niro… no sé quién lo tiene más difícil para vivir, para volver a casa, digo… Me parece que Mick Jagger.

Amor en su punto se estrena el 9 de mayo.

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