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"Así me convertí en mí": La lucha de Tarantino para mantener la escena de la oreja de ‘Reservoir Dogs’

Harvey Weinstein estuvo detrás de todas sus películas hasta ‘Érase una vez en Hollywood’.
Michael Madsen en 'Reservoir Dogs'
Michael Madsen en 'Reservoir Dogs'

Cuenta una famosa anécdota de Hollywood que a finales de los 90, cuando Miramax estaba gestionando la distribución dentro de EE.UU. de La princesa Mononoke con Studio Ghibli, al despacho de Harvey Weinstein llegó una espada samurái. Dicha espada venía con una nota incorporada (“Sin cortes”) y la había enviado el mismo Hayao Miyazaki como precaución ante la fama que el productor atesoraba por esa época: cada película que producía o distribuía Miramax solía dejarse varios minutos en la sala de montaje a cuenta de los deseos de Weinstein, a quien llegaron a apodar “Harvey Manostijeras”.

Eran tiempos previos al MeToo donde aún no habían salido a la luz los múltiples delitos sexuales cometidos por el productor, y también fueron los tiempos en los que la estrella de Quentin Tarantino empezó a despuntar. Su asociación con Weinstein comenzó con Reservoir Dogs y se prolongaría initerrumpidamente con los años, siendo Érase una vez en Hollywood la única película que no ha contado con el productor hasta la fecha. El director acaba de publicar una novela que expande la historia de este último film, y durante una entrevista en The Joe Rogan Experience ha recordado el primer conflicto que tuvo con el llamado ‘Manostijeras’.

Al parecer, luego de la proyección de Reservoir Dogs en varios festivales, Weinstein se resistía a mantener su metraje intacto de cara a un estreno global. ¿El motivo? La famosísima escena en la que el Sr. Rubio (Michael Madsen) tortura a un policía mientras suena Stuck in the Middle with You de Stealers Wheel, que acaba con la amputación de una oreja. Weinstein quería prescindir de esta escena en el montaje final, según recuerda Tarantino: “Su razonamiento fue ‘mira, Quentin, esta es una película que puede ver cualquier persona. Pero con esa escena de tortura vas a alienar a las mujeres, no van a querer ver esto'".

“‘Estás poniendo tu película literalmente en una pequeña caja. Pero sin esa escena, cualquiera puede ir a verla y todo el mundo la disfrutará'”, explicó el director. Por suerte, Tarantino no dio su brazo a torcer. “Al rechazar los deseos de Weinstein me convertí en mí, porque Harvey estaba acostumbrado a ganar este tipo de discusiones”, concluyó. Esto fue en la misma entrevista donde volvió a hablar de la presencia de Bruce Lee en Érase una vez en Hollywood, refrescando una polémica a cuenta de su hija Shannon que parece un poco más difícil de manejar de lo que fueron en su día las injerencias de Weinstein. 

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