Grace Kelly: La rubia de Hitchcock que cambió la moda

La actriz de 'Atrapa a un ladrón' y 'La ventana indiscreta' se convirtió en paradigma de elegancia dentro y fuera del cine.
Grace Kelly en 'La ventana indiscreta' (1954) luciendo un conjunto diseñado por Edith Head.
Grace Kelly en 'La ventana indiscreta' (1954) luciendo un conjunto diseñado por Edith Head.

Dicen que, en términos de moda, el Hollywood de la década de 1950 fue una guerra. Y que en dicha guerra no hubo dos ejércitos, sino dos rubias: Marilyn Monroe y Grace Kelly. Frente a su colega de Con faldas y a lo loco, que ofrecía una carnalidad sin alardes fashion, a actriz de Atrapa a un ladrón y La ventana indiscreta promulgó desde la pantalla un ideal de belleza basado en los ideales de la clase alta: líneas sencillas, materiales de lujo y marcas (Dior, Gucci, Hermès) cuyos nombres escuetos iban (y van) en proporción inversa al precio astronómico de sus diseños. Toda una declaración de principios en la era anterior al prêt-à-porter. 

Ahora que se cumplen 40 años de la muerte de Kelly, esta condición icónica puede explicarse de muchas maneras. Apuntando, por ejemplo, que resulta natural en una mujer que primero fue hija de un magnate inmobiliario (John B. Kelly, medallista olímpico y 'Rey del ladrillo' de la Costa Este), después estrella de cine y, finalmente, princesa de Mónaco. Pero a lo mejor hay una anécdota que lo resume mejor: una anécdota que incluye un paseo por la Costa Azul, una diseñadora y un escaparate. 

Aquel bolso de cuero en la Costa Azul

Pongámonos en situación: estamos en 1954, y Alfred Hitchcock (que rueda Atrapa a un ladrón a salto de mata entre Mónaco y Cannes) les ha dado a Grace Kelly y a Edith Head un día libre para que compren artículos de Hermès en las tiendas de la Riviera francesa. Tratándose de la estrella mejor vestida de Hollywood y de la diseñadora que acaba de ganar su quinto Oscar vistiendo a Audrey Hepburn en Sabrina, está claro que ellas no se van a conformar con cualquier cosa. Pero lo que nadie se espera es que su paseo acabe creando un terremoto en el mundo de los complementos.

Grace Kelly en 1956, con el mítico bolso de Hermès al que prestó su nombre.
Grace Kelly en 1956, con el mítico bolso de Hermès al que prestó su nombre.

Resulta, prosigue la historia, que Kelly vio un bolso de cuero en un escaparate y sintió lo que solo podía calificarse de amor a primera vista. La pieza de marras, conocida como sac à dépêches, era la evolución última de una bolsa diseñada para aristócratas aficionados a la equitación. Y es posible que la actriz ya la conociera de oídas, puesto que, en 1923, había sido lanzada al mercado como el primer bolso provisto de cremallera. 

La cuestión es que Grace Kelly puso sus ojos en aquel bolso, y acabó convirtiéndolo en una de las piezas clave de su indumentaria. En 1956, para colmo, descubrió otra aplicación para la bolsa: ocultar a miradas indiscretas (mucho más indiscretas que la de James Stewart, si eso es posible: aquí hablamos de paparazzi) ese vientre que acusaba un avanzado embarazo. A resultas de todo esto, el sac à dépêches acabó siendo rebautizado como 'bolso Kelly', y si quieres hacerte con uno, te deseamos suerte, paciencia y una cuenta corriente a rebosar. 

Porcelana de Mónaco

Pero, más allá de anécdotas y complementos de superlujo, es cierto que el look Grace Kelly es indisociable de la posguerra mundial, dándole un toque de eficiencia estadounidense a ese 'New Look' rectilíneo y severo que Christian Dior promulgaba desde Europa. Además, con esa percha privilegiada y esos ademanes de buena crianza, no es extraño que las diseñadoras de vestuario más punteras de Hollywood se pirrasen por vestirla, tanto delante como detrás de la cámara. 

La actriz Grace Kelly en 1955, un año después de rodar su última película, <em>Alta sociedad</em>. La artista se mudó a <a title="Minuteca de Mónaco" href="http://www.20minutos.es/minuteca/monaco/" target="_blank">Mónaco</a> tras su pedida de mano por parte del príncipe Rainiero III.
Grace Kelly en 1955, un año después de rodar su última película, 'Alta sociedad'. 
GTRES

Su alianza con Edith Head, que ya había diseñado el vestido con el que subió a recoger su único Oscar (por La angustia de vivir, 1954), llegó a su punto culminante ese mismo año con La ventana indiscreta. A lo mejor eso de "nunca se pone el mismo vestido dos veces" era una exageración de los diálogos, pero la cantidad y variedad de outfits  que lució en ese filme resulta mareante: desde un little black dress de manual en seda y organza a la hipermítica combinación de top con escote en v, guantes blancos y falda de tul, pasando por su vestido verde pistacho, cada uno de ellos es una lección de estilo. Y también una puesta en práctica de las instrucciones de Hitchcock, que quería a su actriz con el aspecto de "una intocable pieza de porcelana de Dresde". "

Aun así, Kelly no recurría a los talentos de Head por sistema. El atuendo con el que acudió a la premiére de La ventana indiscreta fue obra de Oleg Cassini, que la acompañó al evento. Y el vestido de novia con el que subió al altar junto a Rainiero de Mónaco corrió a cargo de Helen Rose, la diseñadora de La gata sobre el tejado de zinc, Cautivos del mal y Planeta prohibido. No sabemos si Sarah Burton, la jefa creativa de Alexander McQueen, pensaba en esto hace nueve años, cuando se inspiró en la prenda para envolver a Kate Middleton en satén.

En cuanto empezó a subir los peldaños del trono monegasco, eso sí, Kelly asoció su nombre al de Christian Dior, que firmó el vestido para su baile de compromiso y su primer retrato oficial. Tras la muerte del diseñador en 1957, la princesa se puso en manos de su sucesor Marc Bohan, acumulando una impresionante colección de vestidos y complementos (los sombreros la volvían loca). Tras décadas en el armario, 90 de estas piezas protagonizaron una exposición itinerante en 2019. 

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