[Festival Sitges 2017] El simbolismo ramplón de 'Jupiter’s Moon' centra la atención del polémico Palmarés de Sitges 2017

La húngara 'Jupiter's Moon' se corona ganadora en la esperadísima edición número 50 del Festival de Sitges que hoy echa el cierre con sus maratones
[Festival Sitges 2017] El simbolismo ramplón de 'Jupiter’s Moon' centra la atención del polémico Palmarés de Sitges 2017
[Festival Sitges 2017] El simbolismo ramplón de 'Jupiter’s Moon' centra la atención del polémico Palmarés de Sitges 2017

Carpetazo final a una edición del Festival de Sitges que a nosotros nos ha resultado más reconfortante que otros años. No hemos salido en casi ninguna ocasión de las salas queriendo abrazar el gaznate de ningún creador, y las sensaciones han sido siempre más tirando a positivas que de reiterativa indiferencia, como en algunas fases de otros años. Sí, somos conscientes, ha habido suerte con los pases que han tocado, pero la mezcla de agotamiento y cabreo que hemos vivido a estas alturas en otras ocasiones no se ha producido. ¿Será que se nos ha pegado algo de la edición más vampírica del festival?

¿De qué se habla hoy en Sitges?

Por supuesto, del Palmarés y su controvertida Mejor Película: Jupiter’s Moon, una producción que, como explicamos más abajo, no es deficiente, pero está muy lejos de ser lo mejor que hemos visto este año. La opinión entre la crítica era generalizada: pese a sus buenas intenciones, es un producto mediano, y desde luego a mucha distancia de cosas como Brawl in Cell Block 99, que enfervorizó a crítica y público. Pero así es como funcionan los jurados, sobre todo cuando están obligados a dar un premio por unanimidad: siempre sale a flote una película que no ha molestado a ningún miembro, en el mejor de los casos. Desde esa perspectiva, es un alivio que Thelma, infinitamente más arriesgada y acorde con el estilo del Festival, se haya llevado un Especial del Jurado que sabe a primer puesto.

Más extraño y discutible es el premio a la Mejor Dirección y Mejor Dirección Novel a Coralie Fargeat por Revenge, galardones discutibles (la película polarizó a público y crítica) pero que, en cualquier caso, no merecían desperdiciar la ocasión de premiar a dos directores. Parece mentira que con una programación tan variada y trufada de debutantes el Palmarés haya salido así. El resto de los premios, como siempre, abiertos a discusión (y aunque nos alegramos por Rafe Spall en The Ritual, es una pena que la estupenda olla a presión andante de Vince Vaughn en Brawl… no haya tenido reconocimiento). Lo que incluye a Matar a Dios, Premio del Público para nada desmerecido, como contamos en su momento; pero cualquier asistente al estreno puede entender de dónde procede exactamente ese galardón: no hay que subestimar a una platea llena de hooligans dispuestos a inundar un buzón de puntuaciones altísimas… antes incluso de ver la película.

[Festival Sitges 2017] El simbolismo ramplón de 'Jupiter’s Moon' centra la atención del polémico Palmarés de Sitges 2017

¿Qué hemos visto?

Jupiter's Moon es una fantasía aparatosa y algo sobredimensionada que pretende ser una versión con conciencia social de Chronicle de Joshn Trank, pero acabe teniendo más que ver con el Toby de Mercero. Aquí Kornél Mundruczó nos cuenta la historia de un refugiado sirio que intenta cruzar la frontera húngara para entrar en Europa. Allí muere y resucita con el superpoder de levitar: desde entonces se convierte en un proscrito perseguido por la policía y ayudado por un médico corrupto que quiere sacar tajada de su poder. Altamente simbólica, y no precisamente con disimulo (Aryan tiene multitud de tics crísticos, su padre es carpintero, las heridas son llagas), Jupiter's Moon (el título se refiere a la luna Europa, para seguir con las metáforas obvias) es también, sorprendentemente, una efectiva y espectacular película de acción, con tiroteos y persecuciones sensacionales. Por desgracia (y como ya le pasó a Mundruczó con White God), lo ostentoso de la narrativa y lo banal de la descripción de personajes arrambla con el mensaje, que queda finalmente en un marco algo frívolo.

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Feliz día de tu muerte es la segunda película de esta edición que recurre al tropo del día infinito, a lo Atrapado en el tiempo tras la coreana A day. Este inofensivo slasher de Christopher Landon, guionista habitual de Blumhouse (suyas son unas cuantas secuelas de Paranormal Activity) cuenta con una historia escrita por Scott Lobdell, veterano guionista de cómic que aquí hace su primera incursión en una historia alejada del universo superheroico. Algo de tebeo de mutantes sí que tiene la historia de una chica que revive una y otra vez el día en el que es asesinada por un psicópata-tipo de slasher de los noventa a lo Scream. La película no se complica más ni explora las posibilidades de la propuesta (por ejemplo, la relación del ciclo infinito de crímenes podía haber dado a algún discurso metanarrativo), pero el resultado es intrascendente, gamberro y divertido. Es interesante que la protagonista no sea la típica marginada, sino una de las populares de la universidad, pero Feliz día de tu muerte quiere, claramente, ser más una versión con asesino a bordo de Chicas malas que una vuelta de tuerca a los tropos del género.

Caniba ha sido una de las elecciones más controvertidas de la Sección Oficial de este año, ya que a priori parecía una producción que habría encajado mejor en secciones centradas en el cine experimental. Puede interpretarse como una reafirmación del declarado compromiso del festival con los documentales o por la creencia de que la temática del mismo (un retrato del famoso asesino caníbal Issei Sagawa, que en los ochenta mató y devoró parcialmente a una chica francesa) justificaba su inclusión, pese a que su ritmo, temática y enfoque estén muy lejos de ser medianamente accesibles. Los directores Lucien Castaing-Taylor y Verena Paravel se acercan a la enigmática y calculadora personalidad de Sagawa intentando comprender el tabú extremo del canibalismo, pero se encuentran con una esfinge de significado, un auténtico enigma multiplicado por la presencia del hermano del asesino, igual o más perturbador que el caníbal. Indignación comprensible de quienes esperaban un documental al uso y unas cuantas imágenes tatuadas a fuego en la memoria del resto.

Dave McCary, director y guionista curtido en Saturday Night Live o la tremenda webserie Epic Rap Battles of History, es el responsable de Brigsby Bear, una melancólica y bastante oscura comedia indie que llega producida por los infalibles Lonely Island. El resultado es un cruce entre dos extravagantes hitos recientes de la comedia estrafalaria, Unbreakable Kimmy Schmidt y The Disaster Artist, aunque en una clave temática que en ocasiones parece rozar la primer temporada de Channel Zero. Aquí, un estupendo y medidísimo Kyle Mooney ha pasado toda su infancia en un bunker consumiendo una serie de televisión infantil inexistente llamada Brigsby Bear. Cuando es liberado decide rodar una película continuando las aventuras de su héroe. El resultado de todo ello no solo es una comedia con personajes inolvidables y un tempo pausado muy destacables, sino una reivindicación honesta y sin ironías del arte como perfecto mecanismo sanador.

El director de la estupenda Let Us Prey, Brian o’Malley, fue el encargado de clausurar la edición de este año con The Lodgers, criticada, según se oyó a la salida del pase, por no ser “más que una simple historia de fantasmas” (increíble pero sic). Desde luego lo es, y una que entiende muy bien a los clásicos literarios de la ghost story, de Poe a Henry James, pero sobre todo a la fundamental Siempre hemos vivido en el castillo de Shirley Jackson, de la que The Lodgers toma más de un concepto interesantísimo sobre la mansión encantada como reflejo del drama de ultratumba. Pulidísima en lo visual y con una concepción del agua como elemento mágico donde flota lo sobrenatural y que conecta, paradójicamente, con el mismo Guillermo del Toro que abrió esta edición, The Lodgers es romántica, perversa y tradicional: un nada revolucionario broche final para esta edición de un festival consagrado a un género que, no lo olvidemos, se debe a la innovación y a la ruptura, pero también a la reverencia a sus mayores.

¿Qué nos hemos perdido?

La gran pérdida de la semana, de hecho: el maratón sorpresa, ya después de la Clausura, incluía tres películas que podrían haber estado perfectamente en la sección oficial. La flamante ganadora de la Concha de Oro The Disaster Artist, la esperada nueva película de Lynne Ramsay con Joaquin Phoenix, You Were Never Really Here, y la tercera entrega de Jeepers Creepers, que hace así su primera aparición en un festival después de su estreno limitadísimo.

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