[Festival Sitges 2017] No más ciervos muertos

Lo último de Yorgos Lanthimos ('Langosta'), 'El sacrificio de un ciervo sagrado', llega a Sitges junto a 'Annabelle Creation' y 'Wind River'.
[Festival Sitges 2017] No más ciervos muertos
[Festival Sitges 2017] No más ciervos muertos

El segundo día del festival, encarando su fin de semana nuclear, tiene un plato fuerte indiscutible, lo último de Yorgos Lanthimos. El director de Canino y Langosta sigue puliendo su estrafalaria propuesta entre los inevitables homenajes, aniversarios... y una ausencia inesperada.

¿De qué se habla hoy en Sitges?

De que Robert Englund, el inmortal Freddy Krueger, ya anda dejándose ver por distintas salas del festival, desatando avalanchas de fans, selfies para parar un tren e improvisadas sesiones de firmas. Que los chicos de Stranger Things, una de las atracciones del año para Sitges (y uno de los bombazos publicitarios de Netflix) han decidido cancelar su visita por la delicada situación catalana. Y que hay batallones de aficionados planificando escapadas-relámpago a Barcelona para echarle un ojo a Blade Runner 2049. Y seguir discutiendo.

¿Qué hemos visto?

Annabelle Creation, de David F. Sandberg, plantea una historia de orígenes para una de las criaturas más célebres y memorables del universo que rodea a Expediente Warren, la muñeca poseída Annabelle. Después de la primera entrega de esta subserie, posiblemente la peor película salida de la franquicia, esta renovada intentona es un agradable regreso al clasicismo, sin abusar de sustos baratos y con una estimable contención de escenarios y personajes. Aunque su historia de posesiones, espíritus maléficos y blasfemias paniaguadas suena inevitablemente a material agotado.

Y acto seguido, como queriendo demostrar que Sitges es el festival de los contrastes por excelencia, El sacrificio de un ciervo sagrado, de Yorgos Lanthimos. La nueva película dentro del periplo anglosajón del director de Canino modera el humor estrafalario que distanció a muchos espectadores de la sensacional Langosta. En este caso nos acercamos más a la ridícula solemnidad de Alps (aunque bajo la superficie posea tanta sorna o más que Langosta), con la historia de un cirujano que mantiene una peculiar y fría relación de amistad con un adolescente. Un reparto afinadísimo, encabezado por Colin Farrell, Nicole Kidman y el joven y memorable Barry Keoghan (a quien vimos en Dunkerque), es el secreto de una película que será muy criticada por su desconcertante tono distante, pero que seguirá haciendo que broten devotos de Lanthimos bajo las piedras.

El guionista de Sicario y Comanchería,Taylor Sheridan, debuta en la dirección con Wind River,aproximándose al estilo de la segunda, actualizando la mitología del western y sus tipos solitarios y desesperados, pero mandando la ambientación al extremo opuesto del espectro climatológico: de los ambientes desérticos y asfixiantes del film de David Mackenzie pasamos a los áridos parajes nevados de Wyoming. Jeremy Renner es un guarda experto en caza y exploración que descubre un cadáver. Con la ayuda de una agente del FBI interpretada por una inédita Elizabeth Olsen se adentrará en un submundo de desesperados donde no todos los carroñeros van a cuatro patas. Excelente atmósfera gracias a la banda sonora de Nick Cave y Warren Ellis y tremenda gestión de la tensión y la violencia, tema del que Sheridan se está convirtiendo en todo un gourmet.

Sitges ha anunciado a bombo y platillo la presencia de documentales en las secciones principales. Por desgracia, la parrilla no acompaña a los buenos deseos, y se ha cometido el dislate de programar 78/52 a la vez que King Cohen. Hemos visto la primera de ellas, y ha valido la pena decantarse por este estudio en profundidad de la secuencia de la ducha de Psicosis. Desde la influencia en la cultura pop de la secuencia a los recuerdos de la doble de cuerpo de Janet Leigh (una señora venerable y divertidísima que aún sigue viva), de cómo funciona la banda sonora de Herrmann a cómo lo hace el milimétrico montaje. Una lección de cine nada superficial pero muy accesible para aficionados de todo pelaje.

La relación de Inflame con el cine fantástico es muy, muy colateral, pero como se ha dicho en la presentación de la misma, la escasez de oportunidades para Sitges de proyectar cine turco convertía esta película de la periodista Ceylan Özgün Özçelik en una oportunidad muy atractiva. Cuenta cómo una montadora televisiva que se queda sin trabajo pasa una temporada en casa, donde empieza a padecer alucinaciones que quizás no sean tanto los espectros que sospecha al principio como una serie de trágicos recuerdos. Estética sencilla, atmósfera polanskiana y pocas virguerías visuales para una película inquietante precisamente por su crudeza, aunque cierta dispersión narrativa y exceso de ambición le corte en parte las alas.

¿Qué nos hemos perdido?

La desdichada auto-contraprogramación del festival nos ha impedido ver King Cohen, el documental sobre la carrera del grandísimo maestro neoyorkino de la serie B. La recuperaremos más adelante, sin duda, ya que nos cuentan que las anécdotas de primera mano desperdigadas por su metraje son una auténtica delicia.

¿Qué esperamos de la jornada de mañana?

Averiguar por qué Muse de Jaume Balagueró, que oficiosamente tenía todas las papeletas para arrancar el festival, ha sido relegada incluso a la sección Oficial Fuera de Competición. Es decir, hace unos pocos años la más bien floja Rec 4 inauguraba Sitges con todos los honores. Además, ahora sí que, fuera de la franquicia que los unió, estamos en condiciones de establecer malvadas comparaciones con la estupenda Verónica de Paco Plaza.

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