ENTREVISTA | Ricardo Darín: "La democracia no es un derecho adquirido inalterable, depende de todos nosotros"

El actor lleva a juicio a Videla en ‘Argentina, 1985’, premiada en los festivales de Venecia y San Sebastián.
Ricardo Darín como Julio Strassera en 'Argentina, 1985'
Ricardo Darín como Julio Strassera en 'Argentina, 1985'
Cinemanía

Ricardo Darín ha podido dar vida a muchos "tipos", como dirían en El secreto de sus ojos. Tipos con familia, tipos con trabajo, tipos con aficiones y tipos con problemas. Pero a quien nunca había dado vida era a un tipo real porque, asegura, es imposible que la ficción supere la realidad. Hasta ahora. 

Con Argentina, 1985, la película que se ha alzado con el premio del público en el Festival de San Sebastián, Darín ha hecho una excepción. El argentino se mete en la piel de Julio Strassera, el fiscal al que en 1985 le tocó llevar a juicio a los nueve militares que lideraron la dictadura entre los años 1976 y 1983. Un tipo corriente convertido en héroe involuntario al recopilar las pruebas para encarcelar a los miembros de la Junta Militar en un clima de recelo y amenazas.

El filme llega hoy a las salas y el 21 de octubre estará disponible en Prime Video. Hablamos con el actor sobre los salvadores sin capa como Strassera, la fragilidad de la democracia y la intolerancia del ser humano.

Venecia y San Sebastián han mostrado que algo que pasó en Argentina hace 37 años resuena ahora en todo el mundo. 

En este momento es muy difícil salir a caminar por el mundo y no encontrarse con comunidades que reclaman justicia, dignidad, respeto, amor... En todos lados, por un motivo o por otro, el ciudadano se ha sentido avasallado, no se ha sentido respetado. Es difícil que un relato así, que persigue justicia, memoria, verdad, no encuentre abrazos por donde vaya caminando porque es un grito universal.

Ricardo Darín en 'Argentina, 1985'
Ricardo Darín en 'Argentina, 1985'
Cinemanía

¿Se nos ha olvidado, en especial a la juventud que no ha vivido la represión, lo frágil que es la democracia? 

Es importantísimo que la gente joven tenga la oportunidad de vibrar y vivir ese contexto para darle su verdadero valor, y descubra que la democracia se construye todos los días. Se construye no callándose, respetando al que opina distinto, pero teniendo valentía para exponer tu posición. Cuando nos fijamos en países que han transitado una democracia con mejor suerte creemos que es un derecho adquirido inalterable, y no es así porque depende de todos nosotros. 

Hay una serie de elementos que entran en juego, que la gente joven se lo toma con naturalidad, pero hay mucho dolor detrás para que eso se consiga. Mucha sangre corrió para que eso ocurra.

Los jóvenes tienen que saber que cualquier cosa puede acabar con el estado de normalidad. De pronto un tipo decide atentar contra la vicepresidenta de un país, como ocurrió en Argentina hace pocos días. Te guste o no te guste, seas del partido que seas, es una barbaridad que muestra esa fragilidad, que altera la convivencia armoniosa, y nos damos cuenta de que tenemos que seguir trabajando. 

También lo evidencia el actual auge del fascismo. 

Cuando decimos “fascismo”, un término amplio y contundente, en realidad estamos pulsando una tecla que no queremos reconocer: la especie humana es intolerante. 

Cuando alguien no está de acuerdo con lo que pensamos, automáticamente nos ponemos de mal humor. Hay que revisar, hay que mirar para adentro, pero es mucho más fácil criticar o agredir que comprender, que ponerse en el lugar del otro, intentar reflexionar y buscar un punto de encuentro.

Antes mencionabas la importancia de que los jóvenes entiendan la fragilidad de la democracia. En 1985, ¿los jóvenes argentinos erais conscientes del paso adelante que se estaba dando con este juicio?

No puedo hablar por todos, pero lo que sí puedo es recordar la sensación térmica del momento desde mi punto de vista. Después de una dictadura a cargo de nueve tipos durante siete años, del 76 al 83, la sensación de felicidad que se produjo por la apertura democrática hizo que ese impulso inicial lo viviéramos casi con una sensación de unanimidad, de hermandad y fraternidad inmaculada que ojalá hubiera persistido. 

Se empezó a deteriorar lenta pero firmemente con el correr de los días porque ese joven gobierno democrático conseguido en el 83 encontró muchos obstáculos, sobre todo económicos, que después se transformaron en sociales. 

La aparición del Juicio de las Juntas en su nacimiento fue algo muy raro, no estaba muy claro, no sentíamos que había un poder político detrás que pudiera soportar cualquier tipo de tempestad. Había un temor también dando vueltas por ahí. A medida que fueron corriendo los meses y nos dimos cuenta de que, efectivamente, el juicio se estaba produciendo, empezamos a tomar más conciencia y a ganar en entusiasmo.

Julio Strassera es tu primer personaje real. ¿Por qué él sí? 

No me gusta competir con la realidad porque supera ampliamente la ficción, a pesar de que nosotros creemos que no. Pero, en este caso, no se trataba de un biopic, no se trataba de recrear la vida de un sujeto, sino de su funcionamiento dentro de un proceso de recuperación de la verdad, la justicia y la memoria. Eso me dio valentía. Había un objetivo que era muy superior a la construcción del personaje, a la decisión de hacer un personaje que realmente existió.

Estoy agradecido y contento de haberme animado a hacerlo porque hoy me doy cuenta de que rescatamos a un hombre común casi del olvido. A veces pensamos que las grandes cosas las realizan tipos gigantes, pero Strassera es una persona normal haciendo bien su trabajo junto a chicos jóvenes desintoxicados de mezquindades. Son valores muy interesantes para recuperar. La película te da esperanza. Te hace atravesar todo el barro, pero te deja respirar.

Tráiler de 'Argentina, 1985'

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