David Moragas ('A Stormy Night'): "Las películas LGTB no pueden ser solo sobre los traumas"

El director catalán estrena su ópera prima, una comedia romántica en la que retrata la historia de dos jóvenes obligados a pasar juntos una noche de tormenta en Nueva York. 
'A Stormy Night', ópera prima de David Moragas
'A Stormy Night', ópera prima de David Moragas
Cinemanía

El retrato intimista de aquel amor que pudo ser y nunca fue. David Moragas presenta un delicado romance LGTBI en su ópera prima A Stormy Night. El realizador catalán dirige, escribe y coprotagoniza esta comedia romántica en escala de grises, en la que un español y un neoyorquino se ven obligados a pasar juntos una noche de tormenta en Nueva York. Las pulsiones ocultas, los deseos anhelados y el grito invisible de los significativos silencios protagonizan el filme, que ha estado presente en certámenes como el D'A Film Festival de Barcelona, el Festival de Málaga y el LesGaiCineMad.

“Después de haber realizado dos cortometrajes, A Stormy Night nace de la necesidad de hacer algo más”. Tras finalizar la escritura del libreto que alberga situaciones de cocción perfecta y conversaciones que indagan en la psique de los personajes, Moragas presentaba ante el director de fotografía (Alfonso Herrera Salcedo) el texto compuesto de 90 páginas. El siguiente paso de la producción consistía en la parte industrial del título. Una tarea ardua. “Nos dimos cuenta que por el tipo de película que era y la historia que queríamos contar, jamás conseguiríamos financiar esta película de un director que no había hecho largometrajes”. Sin embargo, ambos finalmente sacaban el austero presupuesto adelante.

El amor LGTBI en la gran pantalla

Las referencias cinematográficas del catalán le han permitido emplear un abanico de posibilidades en su filme, donde el foco principal se centra en el romance cómico. "Me encantan Cuatro bodas y un funeral, La boda de mi mejor amigo, Novia a la fuga... Para mí estos referentes son muy importantes, porque son con los que descubrí el cine. Cuando tenía 16 o 17 años empecé a darme cuenta de que estas películas no me representaban, pero, por otro lado, también me di cuenta del poder transformador y constructor que tenían, porque básicamente ilustramos el amor en base a ellas". Esto animaba a Moragas a dar un paso más allá y aportar su granito de arena en la visibilización de la diversidad, que cada vez es más perceptible. "Fruto de esta pasión por el género, pero también por una vertiente más activista, me propuse ver qué podía hacer nuevo".

Esta mutación de las historias románticas tradicionales ha permitido que A Stormy Night continúe la tendencia del cine indie LGTBI de los últimos años, que cada vez traza recorridos más palpables en la amplitud de la oferta cinéfila. "Creo que todos estos referentes actuales beben a su vez de uno madre, que se llama Old Joy y fue dirigido por Kelly Reichardt. Para mí esa película es el paradigma de lo que vienen a ser todos estos títulos posteriores, sobre el cine intimista entre dos personajes". Moragas conocía a la propia directora en una master class mientras estudiaba y rodaba el filme en Nueva York, lo que impregnó más el metraje del espíritu del cine independiente americano. Además, Moragas también confiesa su gusto por los hermanos Duplass y su manera de crear cine, algo que también influenció al filme.

Nueva York en escala de grises

La sensibilidad de la película de Moragas evoca al icónico Weekend de Andrew Laigh, un inspirador título que emana una sensibilidad narrativa, aupada por un carácter y ritmo visuales exquisitos. No obstante, en esta ocasión el catalán se hermana de una mayor manera con el regreso al gusto de la escala de grises, que directores actuales como Yen Tan y su 1985 han utilizado recientemente. “Tenía muy claro que el blanco y el negro era algo distinto. Nos permitía jugar con el medio en esta historia muy pequeñita, dos personajes y una localización, y sabíamos que queríamos tener un terreno de juego muy flexible. Teníamos luz y sombra. Además, esto también nos permitía una mayor flexibilidad de producción, debido a que iluminar así nos resultaba más sencillo”.

Un trayecto bicolor por el que de paso nos traslada al Nueva York menos conocido, recordándonos en todo momento las propias vivencias verídicas de Moragas en su paso por la gran ciudad. "Tenía una frustración muy grande y es que había visto Nueva York representada en las películas muchas veces, pero pensaba que la idea no era muy fiel a cómo había vivido yo la ciudad. Los rascacielos aparecen de fondo al principio, pero como forma de decir 'este es el Nueva York que ves cuando llegas en taxi de camino a un barrio suburbial de Brooklyn', que es donde yo vivía. Este es otro Nueva York. El de los interiores, el de los americanos, el de la neura y el de pasar una tormenta de este calibre". De la misma forma, Moragas abraza las comparaciones con Woody Allen y no niega la importancia de Annie Hall en su obra. “La comparación con Woody Allen me parece importante, porque es uno de los cineastas que ha inspirado mi forma de ver y de entender el cine, pero abordándolo desde una perspectiva actual, y reevaluando y cuestionando el referente”.

De hecho, Moragas hace uso del realismo mágico en los cuadros que ambientan el título para homenajear a sus númenes y, de paso, expresar los sentimientos secretos. "Una frase que me gusta mucho dice: ‘los sueños son realizaciones inconscientes de nuestras pulsiones". Por ello, las pinturas presentes en el metraje muestran los deseos disimulados de sus personajes y agasajan a Weekend, Annie Hall y a la cineasta Agnès Varda.

Una cuestión de identidad sexual

"Me enseñaron que las historias son más efectivas cuando las cuentas desde la experiencia, y en este caso las cuento desde mi identidad". Moragas siempre fue consciente de la necesidad de normativizar este romance entre dos chicos, progresando en su reflejo, pero sin dejar atrás 'mochilas' como las de salir del armario. "Las películas LGTB no pueden ser solo sobre los traumas, porque eso no sería un relato completo. Tampoco pueden ser solo sobre que todo está bien, eso tampoco sería justo. Hay un punto medio en el que se puede hacer balance de todo".

Sin embargo, para Moragas la representación del cine LGTBI actual va a 'destiempo', a pesar del gran avance existente. "Me preocupa y creo que es grave, porque hay una gran distancia entre la realidad que vivimos y el cine que nos representa. Y no hablo solo de mi colectivo minoritario, sino de las historias que yo vivo en la calle, las identidades con las que yo me relaciono y la forma en la que lo hago. Va muy a destiempo. Los cambios se producen lentos y tarde".

El poliamor y los jóvenes

A Stormy Night también se atreve a profundizar en cuestiones tabúes como el dinero y el poliamor. Aspectos que la gran pantalla parecen eludir una y otra vez, en favor de una visión más idealizada. "Me apetecía hacer algo que invitase a cuestionar la norma y todo lo que es normativo, y dentro de esto, lo que son los patrones del amor tradicional y la monogamia, independientemente de si eres gay o no".

No es el único tema actual que aborda el cineasta, quien también incide en algunos gags hacia los autónomos, el devenir laboral de los jóvenes y el capitalismo de la sociedad actual. "Como cineasta joven también me doy cuenta de que el tema del dinero es un poco tabú. Pensé que estaba muy bien que los personajes hablasen de follar, pero también que en un momento determinado lo hicieran sobre de dónde procedía el dinero. Para mí no tenía sentido hablar de amor sin hablar de dinero, al final están relacionados".

La dificultad de estrenar en pandemia

Si estrenar tu primer filme es difícil, espérate a hacerlo en plena pandemia. Tras el paso del filme por varios festivales físicos y online, el propio Moragas hace balance de su trayectoria. "Está claro que en tiempos tan graves como los que estamos viviendo tenemos que buscar formas de que el cine sobreviva de una manera u otra. Si no podemos estrenar en salas, tenemos que hacerlo de otra manera".

La apertura hacia las nuevas vías distribución se tornan fundamentales al tener en cuenta el cierre durante semanas de los cines en Barcelona, que ha causado conflictos en el sector. "No acabamos de entender las medidas que se están tomando: mal, tarde y de forma poco coherente. Y eso irrita, enfada y apena mucho". A pesar de ello, nada frena a Moragas, quien compagina el lanzamiento de A Stormy Night con el desarrollo de un próximo 'thiller intimista LGTBI'. Desde luego, el futuro del catalán se presenta prometedor

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