ENTREVISTA | Carmen Maura: "Nunca escribiré un libro ni iré a un reality. Lo encuentro horroroso"

Hablamos con una de las grandes intérpretes de nuestro cine a propósito de 'Rainbow', la nueva película de Paco León que llega a Netflix este 30 de septiembre.
Carmen Maura, uno de los grandes rostros en la cinta de Paco León 'Rainbow'
Carmen Maura, uno de los grandes rostros en la cinta de Paco León 'Rainbow'
Javier Biosca

Hay algo envidiable en Carmen Maura. Y no es su carrera (que también). Es su manera de vivir la vida. Sin grandes ambiciones, ha llegado a ser una de las mejores actrices del cine español, inmortalizando películas como ¡Ay, Carmela! o La comunidad y a directores como Pedro Almodóvar. Sin pensar en el éxito, ha conquistado también el cine francés y el latinoamericano. 

En las entrevistas que ha dado a lo largo de su carrera, transmite una profunda paz espiritual y una enorme gratitud por lo vivido. No quiere más premios. No guarda rencores. Le da igual que la critiquen por el último titular sacado de contexto y no piensa dejar de expresarse libremente. No es una actriz que sufra interpretando, nunca se ha torturado. Lo único que le importa es que el director de la película en la que está trabajando quede contento. Y continuar jugando mientras que le siga apeteciendo. Porque, para ella, la interpretación todavía es un juego.

Desde 1969 hasta ahora no ha habido un año en el que no se haya estrenado una serie o película en la que trabajases. Es impresionante. He tenido mucha suerte porque he trabajado siempre. Y como me divierto y me relaja... Vamos, me cuido bastante. Pero como igual sirvo para un roto que para un descosido, no he tenido problemas. Cuando empecé tampoco era demasiado exquisita, ¿eh? Siempre he pensado que es mejor estar trabajando que estar parada. Entonces, cuando empecé, hacía de todo. Y fui aprendiendo.

Es increíble que Carmen Machi y yo no nos conociésemos. Paco León nos presentó en una cena. Nos conocimos y descubrimos que teníamos muchas cosas en común. Las dos somos de Chamberí.

¿Qué era lo que te apetecía más de RainbowMe divierte mucho el trabajo con el director. Para mí es lo más importante, que el director se quede contento. Y también que la gente vaya a ver la película. Con Paco León había hecho ya un cortometraje [Vaca Paloma]. Queríamos volver a trabajar juntos y ha sido un regalo que me haya dado esta oportunidad. Es un personaje que me encanta. Y mayor regalo aún ha sido tener a Carmen Machi de compañera. 

Además de una grandísima actriz, es muy generosa y tiene un gran sentido del humor. Nos hemos reído juntas. Ella tenía una relación muy fuerte con Paco León. Imagínate. Son como hermanos. Y no me sentí para nada fuera de la familia. También es increíble que Carmen Machi y yo no nos conociésemos. Nunca nos habíamos visto en persona. Ni en ningún evento ni nada. Paco León nos presentó en una cena. Nos conocimos. Y descubrimos que teníamos muchas cosas en común. Las dos somos de Chamberí. Y tenemos un estilo de trabajo muy similar. Nos compenetramos muy bien. 

Carmen Machi y Carmen Maura en 'Rainbow'
Carmen Machi y Carmen Maura en 'Rainbow'
Cinemanía

¿Cómo es trabajar con Paco León? Es un regalo. Es muy gracioso. Sabe muy bien lo que quiere. Y respeta mucho a los actores. Le encantan. Me ha regalado este personaje tan divertido.

Es un personaje de bruja, pero bruja muy mala y muy suya. Hacer de mala es genial. Sobre todo cuando es una mala que no tiene complejo de culpa. No tengo ni medio remordimiento. Porque ser bruja es ser mala de profesión. Cuando eres una mala con complejo es más duro de hacer. En Las brujas de Zugarramurdi hacía de bruja, pero sufría más. También ahí me lo pasé muy bien, la verdad. Porque con Álex de la Iglesia me he divertido muchísimo. Es un director con el que he aprendido tanto. Con cada director aprendes. Con cada película aprendes. Es una carrera en la que nunca dejas de estudiar ni aprender. Y, claro, cuando llegas a esta edad sabes bastante. No te acojonan los papeles, no llegas nerviosa al rodaje nunca... 

La verdad es que yo nunca he llegado nerviosa al rodaje. Pero cada vez, menos. Yo para el trabajo soy súper seria. Trabajo muchas horas en casa. Trabajo sola. No he hecho nunca ningún curso ni nada. Lo que sé lo sé de ver películas y de hacer películas. Lo único que me molesta de este trabajo es que me levanten tan temprano. Cuando te dicen que te van a venir a buscar a las siete de la mañana. No puedo soportar levantarme por la noche. Pero cuando llego al set estoy muy preparada. No le tengo susto a la cámara, es como si fuésemos amigas. Porque a mí la cámara me encanta. Me lo he pasado muy bien haciendo teatro pero la cámara me chifla.

De hecho, esto me recuerda a algo que dices en ¡Ay, Carmen!, el documental que Fernando Méndez-Leite dirigió sobre ti. Es que Méndez-Leite me conoce muy bien y quedó bastante bien el documental. ¿Y qué dices que digo?

En el documental dices que para ti la relación con la cámara es como si entras en un guateque, ves al chico que te gusta y haces todo para que te vea pero sin volverlo a mirar. Es que es justo eso. La cámara es mucho más que una máquina. Es algo muy especial. El grupito que la maneja, el foquista y el resto de la gente, la convierten en algo que va más allá. Y hay que respetarla porque también es un poco traicionera. Si no la respetas y no la quieres puedes ser una chica muy guapa y no dar bien en cámara. Fíjate que cuando hice ¿Qué he hecho yo para merecer esto! iba hecha un cristo y en EEUU en una crítica decían “sexy housewife”. Imagínate. Y eso es la cámara. Si ella te quiere te convierte en delgada, guapa y lo que quieras. Y hace la mitad del trabajo. 

Lo único que me molesta de este trabajo es que me levanten tan temprano. Cuando te dicen que te van a venir a buscar a las siete de la mañana. No puedo soportar levantarme por la noche.

¿Cómo y cuándo aprendiste a llevarte bien con la cámara? Cuando empecé yo nunca pensé que iba a ser actriz de cine. Entonces las actrices de cine eran diferentes. Eran más altas, más guapas, más rubias. No sé. Y de repente haciendo cortos descubrí el secreto de la cámara. Entendí cómo había que tratarla. Y ya se me ha quedado. No solo no me da susto sino que le tengo mucho cariño. Es muy raro que yo lo pase mal en un rodaje. Actuar sigue siendo un juego para mí.

Eso es algo que siempre has dicho. ¿Lo sigues disfrutando con la misma intensidad que al principio? Sí. Además tengo la suerte de que me ofrecen personajes muy distintos. Igual me dan una pobre que una rica, una simpática que una antipática, una graciosa... Es francamente divertido. Aprendes mucho de la vida, es como un curso de psicología... Te hace muy intuitiva, te ayuda a conocer bien a la gente. Tiene la cosa de que tienes que estudiar siempre, eso es un poco rollo. Porque yo le doy mucha importancia al texto, me paso muchas horas en casa para entender muy bien lo que digo. Y me obsesiona que las cosas suenen de verdad, como si se me acabasen de ocurrir. Y no es verdad. Me gusta mucho decir lo que pone en el guion. No soy de cambiar los diálogos. Hombre, alguna morcillita sí que se me ocurre si es comedia, pero trabajo muchísimo en casa, sola.

¿Cuándo te enamoraste del cine? De pequeña mis padres no me llevaban mucho al cine o al teatro. En esa época a los niños no nos mimaban tanto como a los de ahora. Los niños entonces teníamos un sitio, pero no como ahora que son los reyes de la casa. Hay una generación a la que le han dado todo lo que quiere. En mi familia, las notas importantes eran las de mi hermano, que era chico. Las de las chicas les importaban mucho menos. Era una vida completamente distinta, no tiene nada que ver. Yo tardé en enamorarme del cine. 

Me enamoré de la cámara en el primer corto que hice. Yo no pensé que sería actriz de cine, pensé que sería actriz de teatro. Nunca pensé cuando empecé que llegaría tan lejos como he llegado. Ni de coña me lo imaginaba. El problema de este trabajo, que es lo que te puede volver más loca, es que depende muchísimo de la suerte. Y eso es injusto. Hay actores buenísimos en España. Por nuestro carácter o no sé qué. Yo he trabajado en muchos países distintos y podemos estar orgullosos de nuestros actores. Pero es un oficio que depende tanto de la suerte...

Rainbow
Rainbow
Cinemanía

¿Por qué empezaste a trabajar fuera? Porque me llamaban. No es que yo haya hecho una promoción especial para salir fuera. La primera vez que trabajé en Francia fue para hacer de Ana de Austria en Luis XIV, Niño Rey [Roger Planchon, 1993] y así comenzó mi relación con Francia, que es el país en el que más he trabajado. Luego también he trabajado mucho en Latinoamérica. Cada vez me da más pereza salir de casa porque a mí Madrid me encanta. 

En mi próximo trabajo tengo que irme a Barcelona. Pero cuando trabajo estoy muy concentrada. No hago muchas cosas más. Hay que estar sana, y bien espabiladita todos los días en el rodaje sabiéndote la letra. Tampoco soy muy de fiestas. Yo voy a las fiestas que hay que ir pero no me invento fiestas nuevas. No soy excesivamente sociable, porque en nuestro trabajo estás rodeada de gente todo el tiempo. Entonces me encanta estar sola cuando descanso. Con mi perra, paseando.

A veces pillo en la tele una película que he hecho yo y me quedo a verla porque no me acuerdo de cómo acababa

¿Con qué directores jóvenes españoles te gustaría trabajar? Pues mira, nunca pienso en eso. Hace muchos años se me ocurrió decir que me gustaría trabajar con Woody Allen y ¡bueno! Todo el rato me preguntan eso. Nunca he tenido ambiciones concretas. Y en este momento menos. Ahora tengo nulas. En este trabajo es absurdo, depende mucho de la suerte, de las circunstancias y de estar en el sitio oportuno en el momento oportuno. Yo empecé con los cortos, luego con Pedro [Almodóvar]... Fue llegando todo. Puede llamarme un director veterano o uno que acaba de empezar. Creo que ya he hecho muchas cosas. Seguiré haciendo mientras tenga ganas, pero tranquila. 

No recuerdo haber tenido frustraciones como actriz. Siempre he sentido que tenía mucha suerte. Luego no se me queda dentro el personaje. Al cabo de dos meses ni me acuerdo de cómo se llamaba. Los papeles, cuando los termino, me olvido de ellos. Cuando veo la película han pasado meses o incluso un año, así que la veo como si fuese otra. Ni me juzgo ni me como el coco. A veces pillo en la tele una película que he hecho yo y me quedo a verla porque no me acuerdo de cómo acababa. En este trabajo, si te quedas con el personaje dentro es una lata. Yo los liquido. Como cuando una toma ha valido. Si ha valido, ha valido. Nunca pido hacer otra. No me pregunto si podría haberlo hecho mejor. Hay mucha gente que sufre interpretando. Yo no. Cuanto más relajadita estés y menos ambiciones tengas, mejor vas a vivir. 

¿Ni siquiera al principio de tu carrera? No, no. Para mí esto era algo de lo que podía vivir y que además me divertía. Nunca pensé en premios ni en cosas de esas. Si me hubiesen dicho adónde iba a llegar es que no me lo hubiese creído. He tenido mucha suerte, es que tengo un ángel de la guarda fantástico que en esto de la profesión se ha ocupado muy bien. 

En un momento determinado, encontrarme con Almodóvar y todo su grupo me ayudó mucho. Eran unos momentos personales un poco díficiles. Yo venía de un ambiente completamente diferente, pero, como soy muy camaleónica y me amoldo, pues descubrí a todos los modernos. Yo era la mayor del grupo. Nadie tenía niños como yo. Pero fue muy divertido. Al principio trabajar con Almodóvar era una locura pero me vino muy bien conocer a este grupo, fue una casualidad total porque nos conocimos trabajando en una obra de teatro y ahí nos hicimos amigos cuando Pedro era muy jovencito. Pero yo ahí ya vi que tenía muchísimo talento. Y sobre todo, que nos reíamos tanto. Me encantaban las historias que se inventaba.

Imagen de 'Rainbow'
Imagen de 'Rainbow'
Cinemanía

Has dicho alguna vez que te gusta mucho escribir. Sí. Escribo cartas a mis amigos o reflexiones sobre mis personajes. Pero nunca jamás se me ocurriría escribir un libro porque solo de pensar en la promoción se me abren las carnes. Me lo han ofrecido alguna vez, incluso que me lo escribiese otra persona. Cuando eres conocida te ofrecen muchas cosas. Pero nunca escribiré un libro ni me presentaré a un reality. Eso lo encuentro horroroso. 

Yo tuve un momento un poco más difícil cuando me llegó la popularidad de la noche a la mañana. Nunca había pensado que sería conocida, pero, cuando estuve de presentadora en el programa de TVE [Esta noche], que además era el que veía todo el mundo porque solo había una tele, pues me vino la popularidad en 24 horas. 

Ahí pasé un mes bastante jodido, con ganas de llorar y todo. Pero soy muy práctica. Me hice una lista de pros y contras, que siempre me gusta hacer. Y pensé que también tendría ventajas el ser tan conocida: que podría elegir lo que hacer. Me dije: “Trágatelo un poco, sé simpática, no vayas a sitios donde va todo el mundo y cuando tengas que ir, vas”. Ser práctica también es muy bueno para ser actriz. No me he dejado a mí misma sufrir por nada de mi vida profesional. Ya he sufrido bastante en mi vida personal, que sí ha sido más dura.

¿Hay algún recuerdo que sobresalga por encima de los demás? ¿Algún rodaje o alguna película? Montones. Recuerdo rodajes maravillosos como ¡Ay, Carmela!, por ejemplo. Con Saura nos lo pasamos genial, con el grupo de actores. La comunidad, también. Y con Pedro en las primeras, en ¿Qué he hecho yo…, en La ley del deseo me lo pasé genial porque era un papel tan bonito y Almodóvar estaba tan contento conmigo.

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