'El infiltrado': un James Bond real espiando en Corea del Norte

Hablamos con Mads Brügger, director de esta increíble operación de espionaje convertida en documental que se estrena hoy, 5 de febrero, en Filmin
El infiltrado
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“Si esto fuese una película de ficción nadie se creería al protagonista reuniéndose con traficantes de armas norcoreanos en África o recogiendo documentos secretos en la embajada de Corea del Norte en Suecia. Pero nada de lo que vais a ver es ficción. Es todo verdad”. Así comienza El infiltrado, la serie documental que se puede ver desde hoy en Filmin dirigida por el danés Mads Brügger en la que un topo con curiosas motivaciones se cuela en las altas esferas de la República Popular Democrática de Corea y supuestamente expone una red de tráfico de armas internacional.

La idea de la película surgió del infiltrado en cuestión, un chef danés retirado con ganas de aventura que había visto The Red Chapel, el filme de Brügger por el que el director tiene prohibido regresar a Corea del Norte. “Cuando él me propuso documentar su ingreso en la Asociación de Amistad con Corea en Dinamarca acepté pero sin expectativas. Pensaba que el infiltrado acabaría perdiendo la paciencia porque las reuniones de la asociación no pueden ser más aburridas”, explica desde Copenhague Brügger.

Para su sorpresa, el topo fue escalando puestos en la organización, siendo invitado a Corea del Norte y ganándose la confianza de Alejandro Cao de Benós, el español que preside la KFA [Korean Friendship Association] y para quien el director no guarda buenas palabras. “A día de hoy, creo que Alejandro es un criminal internacional peligroso. No puedo entender cómo las autoridades españolas le permiten operar. Esperaba que, al estrenarse El infiltrado en la BBC, lo primero que pasaría sería que las autoridades españolas llamarían a la puerta de Alejandro”, dice al otro lado del teléfono.

Hoy mismo Alejandro Cao de Benós ha lanzado un comunicado en el que asegura que El infiltrado "es un montaje lleno de mentiras, totalmente tergiversado y manipulado para obtener beneficio aprovechando mi imagen pública". En cuanto a las grabaciones con cámara oculta en las que se le ve planeando con el infiltrado operaciones de tráfico de armas afirma que "decidí crear una estrategia y seguirle el juego". Además, añade: "Nunca la RPD de Corea me ha propuesto facilitar negocios que tengan que ver con armas y/o drogas".

El infiltrado
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Conociste a Cao de Benós en tu primer viaje a Corea del Norte, cuando dirigiste The Red Chapel. ¿Sospechaste ya entonces de él?

Cuando conocí a Alejandro en Corea del Norte me pareció un freak, alguien a quien no podías tomarte en serio. Pero siempre me despertó cierta sospecha, me preguntaba qué sacaba él de todo esto. ¿Por qué querría ser el altavoz de Corea del Norte en los medios internacionales? Era un misterio para mí. 

En nuestro viaje juntos por Corea del Norte decía algunas cosas que me inquietaban, que me llevaban a pensar que podía ser peligroso y que tenía un lado oscuro. Después, cuando el infiltrado se reúne con Alejandro y este se quita la careta pensé que tenía que reconsiderar mi opinión sobre él. Pero aún entonces me costaba creer que los altos cargos de Pyongyang lo tuviesen en consideración. Sin embargo, es Alejandro el que da acceso al infiltrado y a Mr. James a la gente importante del Régimen. Todo lo que le prometió al infiltrado se hizo realidad.

¿En qué momento de la vida como espía del infiltrado viste que había potencial para una película?

El primer punto de inflexión fue cuando el infiltrado volvió de Corea del Norte donde había conocido a Alejandro Cao de Benós, y sobre todo, cuando este lo reclutó para el KFA. Ahí es cuando me planteé que algo podía salir de ahí. El momento definitivo fue el encuentro en Oslo. Ahí descubrí que Mr. James es un actor fantástico, un gran improvisador. No tenía ni idea de cómo se le iba a dar actuar delante de una cámara y cómo Alejandro y él se iban a llevar. Pero lo de Alejandro y Mr. James fue amor a primera vista. A partir de ahí el problema fue cuándo poner fin al documental.

Hablemos de Mr. James, personaje estrella del documental que parece sacado de una película de James Bond. ¿Cómo lo conociste?

Alejandro Cao de Benós y los norcoreanos estaban presionando al infiltrado para encontrar inversores para Corea del Norte. El infiltrado me hizo saber que era importante para su carrera que encontrásemos a alguien que pudiese hacer ese papel. En un principio, quería fichar a un hombre de negocios porque yo soy un documentalista de corazón y pensaba que era mejor introducir a alguien que fuese un inversor de verdad. Pero ningún hombre de negocios quiso participar.

El infiltrado
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Poco a poco me fui mentalizando de que tenía que ser alguien interpretando un papel pero que no fuese actor, porque eso sería sospechoso para los norcoreanos. Necesitaba a alguien aventurero y al que se le diese bien improvisar. Entonces una noche en una discoteca en Copenhague conocí a Mr. James. Acaba de salir de la cárcel después de ocho años. En la cárcel había visto un documental mío que le había gustado y por eso empezamos a hablar. Me contó que había sido de la Legión francesa. Además, claro, él parece un héroe, una especie de Tom Hardy, así que unos días más tarde le llamé y le hice un pitch. En el momento en el que dije “Corea del Norte", me preguntó: ¿Cuándo empezamos?

¿Eras consciente durante todo el proceso de que más allá de dirigir un documental tenías que montar una operación de inteligencia?

Desde el principio decidimos ser muy cautelosos. No queríamos que se filtrase nada de lo que estábamos haciendo porque podía llegarles muy fácilmente a la Asociación de Amistad con Corea en Dinamarca. Dinamarca es un país muy pequeño. Eso hizo que desde los primeros pasos pusiésemos mucha atención en la seguridad digital. Por ejemplo, evitamos que se nos pudiese asociar en las redes sociales.

Pero muchas cosas las fuimos aprendiendo por el camino. Ninguno nos esperábamos que Alejandro [Cao de Benós] tuviese un localizador de micrófonos. Cinematográficamente es un momento fantástico pero al mismo tiempo es terrible. Darnos cuenta de que Alejandro tenía ese aparato nos hizo reconsiderar nuestras medidas de seguridad. A partir de ahí, cada vez que Mr. James y el infiltrado se reunían con norcoreanos o Alejandro Cao de Benós lo hacían en lugares elegidos por nosotros y en los que estuviésemos en control y donde tuviésemos profesionales de seguridad cerca por si pasaba algo. También tuvimos mucho cuidado de no ir nunca juntos cuando viajábamos a los lugares donde rodábamos. Viajábamos desde distintas ciudades y a diferentes horas para que no se relacionase a los actores con el equipo que se ocupaba de esconder las cámaras y los micrófonos. Así, poco a poco, fuimos convirtiéndonos en una operación de espionaje.

El infiltrado
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¿Recibisteis asesoramiento o apoyo de servicios secretos?

No. Si que hablamos con gente de la industria de la seguridad sobre si debíamos ir a China o no para ver si les parecía que era demasiado arriesgado. Y nos dijeron que no lo hiciésemos, aunque lo hicimos igualmente. Yo no podía viajar con ellos, ni a Uganda ni a Pekín porque hubiese puesto en riesgo la operación. Hubiese sido fácil para los servicios secretos norcoreanos darse cuenta de la operación.

Háblame del director de fotografía, otro infiltrado de la operación. ¿Cuál era su coartada?

Jonas Berlin, el director de fotografía, es muy talentoso y valiente. Cuando iba con el infiltrado a las reuniones del KFA se hacía pasar por un miembro danés de la KFA y un documentalista amateur. Con Mr. James en Uganda se hacía pasar por un realizador de vídeos corporativos que estaba haciendo un perfil de Mr. James como un hombre de negocios internacional. Hubo un momento peliagudo en el aeropuerto de Uganda, después del vuelo en helicóptero. Jonas fue al baño y al volver se encuentra a uno de los norcoreanos mirando su móvil. No sabemos cómo consiguió abrirlo pero estaba mirando sus fotos. Afortunadamente, habíamos sido muy cuidadosos y habíamos borrado nuestros ordenadores y móviles antes de las reuniones con los norcoreanos.

¿Fue difícil dirigir las escenas sin estar presente? ¿Cómo lo hacías?

Nos encontrábamos online o raramente en persona y discutíamos las escenas. Eran instrucciones muy simples sobre el propósito de los encuentros pero también les pedía que aceptasen las cosas inesperadas. También decidía el vestuario de Mr. James.

Tanto el infiltrado como Mr. James tuvieron que construir sus personajes como en una serie de televisión, a lo largo de los años que duró la operación.

Sí. Tenían que ser muy consistentes de su forma de actuar, de su personalidad, para generar la confianza de los otros. Y echarle mucha paciencia. Porque estuvimos 11 años en total hasta que decidimos montar la película.

El infiltrado
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La motivación de Mr. James para embarcarse en esta operación parece ser la aventura. ¿Cuál crees que es la motivación del infiltrado? En el documental se explica pero queda como algo misterioso.

Sí. Y creo que es bueno que quede como un misterio. Hay algo de verdad en la explicación que él da cuando le preguntas, haber crecido rodeado de niños del este alemán, pero eso es una racionalización que ha hecho a posteriori. Creo que en el fondo tiene que ver con buscar un propósito en la vida. Es un chef retirado que no tiene una vida muy emocionante.

¿Por qué decidiste involucrar en el documental a la exagente del servicio británico Anne Mechon?

Por muchas razones. Para empezar, podría haber hecho el debriefing yo mismo. Pero siendo daneses los tres hubiese sido raro que hablásemos en inglés. Para ir a un público lo mayor posible tenía claro que quería que la película fuese en inglés. Además, faltaba un personaje femenino en El infiltrado así que me planteé encontrar a una agente mujer. Por suerte, encontré a Anne Mechon, una maravillosa profesional. Yo soy muy fan de las estéticas de la Guerra Fría, me encantan las películas de espías de esa época... Y ella representaba muy bien esta estética, la manera en la que habla y su aspecto...

¿No habéis tenido miedo a las represalias de Corea del Norte en ningún momento del proceso?

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Cuando tratas con Corea del Norte siempre has de tener reparos porque es una dictadura impredecible y peligrosa. Pueden ser muy vengativos. Pero al mismo tiempo no tienen una organización en Escandinavia. Tienen una embajada en Estocolmo, pero nada más. A día de hoy estamos conectados con los servicios secretos daneses y también con una organización privada, en caso de que se nos amenace.

¿Habéis recibido alguna respuesta? ¿Sabéis si se ha visto la película en Corea del Norte?

Sí que hemos recibido una respuesta de la Embajada de Corea del Norte en Estocolmo. Reivindican que la película es una ficción total, con la intención de degradar la imagen de Corea del Norte. Y que cuando el infiltrado visita la embajada con los diseños y dibujos de la fábrica de armas en Uganda dicen que todo eso es absurdo y falso. Es lo mismo que cuando Alejandro Cao de Benós dice que sabía perfectamente que le estábamos grabando y que él estaba haciendo un papel. Si eso es cierto la película es más interesante aún.

¿Cómo compararías su respuesta a esta película con la que tuvieron frente a The Red Chapel?

Con The Red Chapel me mandaron muchas cartas por fax. En una de ellas me compararon con un perro porque no tenía moral. Me pareció una crítica genial de la película.

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