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[Dubai Film Festival 2012] 'The Sapphires'

Por NANDO SALVÁ (Dubai)
[Dubai Film Festival 2012] 'The Sapphires'
[Dubai Film Festival 2012] 'The Sapphires'

"El noventa por ciento de toda la música grabada es una mierda", opina el impetuoso manager que Chris O'Dowd interpreta en The Sapphires, concienzudo debut tras la cámara del australiano Wayne Blair. "El otro diez por ciento es soul". Los poderes redentores pretendidos de la música soul funcionan a pleno rendimiento en esta comedia musical basada en hechos reales, algo deslavazada e incompletamente escrita pero altamente atractiva. Más cercana a The Commitments que a Dreamgirls gracias a su humor burdo típicamente australiano, la película se apoya en algunos magníficos números de musica y baile y en el virtuosismo cómico para sobreponerse a algunos tropiezos argumentales de relieve.

El actor y guionista aborigen Tony Briggs ha adaptado su obra teatral de 2004 para la pantalla, que de hecho es una versión ficticia de su propia historia familiar: su madre, Laurel Robinson, fue la cantante solista de un cuarteto femenino de soul compuesto por aborígenes que luchó contra los prejuicios raciales al viajar a Vietnam de gira a finales de la década de los sesenta para entretener a las tropas. Los nombres y mucho más han sido cambiados, pero The Sapphires retiene el distintivo contexto cultural y étnico de la historia.

Un prólogo previo a los créditos ofrece una descripción precisa del abuso y la persecución que los australianos indígenas sufrieron en los años sesenta y setenta. Sin embargo, antes de que las cosas se pongan demasiado didácticas un diálogo temprano entre las dos hermanas Gail (Deborah Mailman) y Cynthia (Miranda Tapsell) establece un tono más ligero: “¡Es porque somos negras!”, se queja Gail cuando un autobús pasa por delante de ellas en la parada. "No, estúpida", responde Cynthia. "Es porque somos feas".

Las hermanas van de camino a un show de talentos locales, donde su interpretación dulcemente armonizada de un tema de Merle Haggard desequilibra con facilidad la competición, pero no logra convencer a los jueces racistas. Sin embargo, sí impresiona al escéptico presentador irlandés del concurso, Dave (O'Dowd), un aspirante a promotor musical alcohólico presumiblemente llegado a la Australia rural por las mismas fuerzas inescrutables que lo convirtieron en policía que se paseaba por Milwaukee con acento incongruente en La boda de mi mejor amiga.

Cuando la hermana adolescente Julie (Jessica Mauboy) --la gran voz de la troupe, aunque prevenida de actuar por parte de sus protectores padres-- implora a Dave que les asegure una audición para una actuación destinada a entretener a la Marina de EEUU en Vietnam, no queda inmediatamente claro por qué él acepta, ni realmente por qué ella piensa que es el hombre adecuado para el trabajo en primer lugar. El éxito de la película depende de que el público acepte ese tipo de borrones en la lógica narrativa. Asimismo, tan solo es necesario un chasquido de manos para que los padres de Julie dejen sus desaprobaciones de lado, para que las chicas recluten a su prima mestiza Kay (Shari Sebbens) como cuarto miembro, y para que Dave convenza a la escéptica Gail de que su futuro está en la música Motown más que en las cancioncillas durmientes típicas del country.

Algunos montajes más tarde, the Sapphires (un reemplazo apresurado de su menos pegadizo nombre original, the Cummeragania Songbirds) ha evolucionado hacia un grupo e sonido satinado en la línea de las Supremes, con la más hermosa y vocalmente dotada Julie habiendo reemplazado a Gail en las labores de frontwoman. Mientras asaltan el circuito del sudeste asiático con un estallido inmediato, la narrativa se hace más argumentativa: Kay se enamora de un piloto norteamericano, Julie es cortejada por un agente de talentos de las grandes ligas, y los mutuamente cautelosos Dave y Gail comienzan a enamorarse.

Si el último de estos argumentos secundarios es el único que realmente interesa tiene mucho que ver con los actores implicados. Después de su irrupción en la pantalla grande el año pasado, el procaz cómico de la televisión irlandesa O'Dowd es utilizado maravillosamente aquí; su calor y su energía maníaca –también se lanza a cantar, y de forma más bien animada) hace avanzar la película aún cuando el guión pierde fuelle. Usándolo como acicate romántico para la inteligencia más estoica y avinagrada de Mailman, la única actriz superviviente de la producción teatral, es un pequeño golpe de genio.

Por contraste, las otras tres Sapphires nunca entran realmente en foco. Tapsell y la torpemente introducida Sebbens, ambas simpáticas recién llegadas a la pantalla, sufren por culpa de la necesidad del guión de atar cabos hacia el final de la historia, cuando las cosas toman un giro áspero en Vietnam. El personaje de Mauboy está sólo marginalmente más desarrollado, aunque la concursante del Australian Idol y cantante poseedora del disco de platino consigue un mayor impacto sobre todo a través de los números musicales vigorosamente coreografiados de la película, su voz sensacional aportando juventud y vitalidad incluso a estándares más bien caducos.

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