¿Cuántos 'primeros personajes LGTB' nos ha presentado Disney hasta ahora?

El estudio ha jugado a tentarnos con representaciones insustanciales. ¿Romperá 'Mundo extraño' esta tendencia? 
Ethan Glade ('Mundo extraño') y Josh Gad como Le Fou en 'La bella y la bestia' (2017).
Ethan Glade ('Mundo extraño') y Josh Gad como Le Fou en 'La bella y la bestia' (2017).
Disney

"Me hubiera gustado ver algo así cuando era niño", señala Jaboukie Young-White acerca de su papel en Mundo extraño, la nueva película Disney de animación. Y muchos espectadores en potencia del filme estarán de acuerdo con él. No porque Ethan Clade (que así se llama el personaje) sea miembro de una familia de exploradores encabezada por Jake Gyllenhaal, sino porque es abiertamente gay y está enamorado de otro chico. Algo que, para sus padres, no supone ninguna tragedia. 

De esta manera, Mundo extraño parece romper una costumbre a la que la casa de Mickey Mouse nos ha (mal)acostumbrado a lo largo de muchos años: la de presentar, de forma más o menos triunfalista, personajes de sexualidad no normativa cuya importancia en sus respectivas películas acababa por ser tirando a nula (salvo cuando creaban polémica).

'Mundo extraño': este es el tráiler de la próxima película de animación de Disney

Esta tendencia se ha mantenido tanto en las producciones con el sello Disney como en las de marcas como Pixar y Marvel. Asimismo, también ha abarcado títulos de animación y de acción real, aunque son los primeros (seguramente por considerárselos más afines al público infantil) los que se han ganado titulares más incendiarios. 

Animación: "Son lo que tú quieras que sean"

En lo que respecta a los títulos animados de Disney, hasta hace poco era necesario mirar con lupa para enterarse de que estos incluían personajes encuadrables dentro del espectro LGBTQ. 

Por ejemplo, ¿recuerdas a aquellos dos vecinos que no dejaban dormir a Judy Hopps en Zootrópolis con sus broncas? Pues, de acuerdo con los créditos del filme, ambos comparten apellido (Bucky Oryx-Antlerson y Pronk Oryx-Antlerson), con lo que no se trataría de dos compañeros de piso, sino de una pareja casada. Eso entonces, porque, dada su convivencia, no nos extrañaría que se hubiesen divorciado a estas alturas. 

En otras ocasiones, el estudio ha jugado al 'sí es-no es', como ocurrió en el caso de la hipotética pareja de chicas en Buscando a Dory. En 2016, la posibilidad de que una relación sáfica se hubiese colado en la secuela de Buscando a Nemo consiguió eclipsar la popularidad de Hank el pulpo, aunque el director Andrew Stanton se pusiera de perfil: "Pueden ser lo que tú quieras que sean", declaró entonces. 

Con los años, hemos tenido otra hipotética pareja de lesbianas (en Toy Story 4) cuya efímera presencia en el aula de Bonnie despertó las iras de los fundamentalistas cristianos en EE UU. Algo más abierta fue la presencia de otro personaje sáfico en Onward: hablamos de Spector, la policía cíclope con la voz en VO de Lena Waithe que mencionaba de pasada a su esposa en una escena. 

Pero el verdadero cataclismo interestelar llegó cuando vimos a dos mujeres dándose un casto beso en Lightyear. El ósculo de marras mantuvo en vilo durante meses tanto a los medios como a los lobbies conservadores, convencidos estos últimos de que este era, pese a su brevedad, un peligro para la salud moral de la infancia. 

Además de por la facilidad de internet para crear tormentas en vasos de agua, la polémica se explica en buena medida debido al creciente discurso homófobo de la derecha en EE UU. Y también con las protestas contra la gestión del recién depuesto Bob Chapek, incluyendo acusaciones de que el CEO y su equipo se esforzaban por reducir al mínimo cualquier contenido remotamente LGTB-friendly. 

“Historias llenas de personajes diversos vuelven de los despachos de Disney convertidas en la sombra de lo que habían sido”, leímos en una carta abierta de empleados de Pixar, publicada mientras salían a la luz los donativos del estudio a Ron DeSantis, el ultraderechista gobernador de Florida, y su entorno. DeSantis es el responsable de la llamada 'ley 'Don't Say Gay', medida que proscribe la enseñanza sobre opción sexoafectiva e identidad de género en las escuelas del estado.

Acción real: entre el 'queerbaiting' y la censura

Si, en el cine animado, Disney combina los señuelos al público LGTB con los guiños a los conservadores, sus maniobras inclusivas en los títulos de acción real han sido algo más abiertas... pero también, según se mire, todavía más mosqueantes. 

Mosqueante, por ejemplo, fue el anuncio a bombo y platillo de que el Le Fou de Josh Gad en el remake de La bella y la bestia (2017) sería "el primer personaje gay del estudio". No solo porque los fans ya llevaran especulando con eso desde el estreno del original en 1991, o porque en el filme dicha 'revelación' se tradujese en ver a Gad bailando con otro hombre, sino también porque el personaje no tenía gracia ninguna. 

Otra presunta apertura hacia la diversidad, en este caso en Marvel, fue el cameo de Joe Russo en Vengadores: Endgame como un hombre que lamenta la desaparición de su marido durante el 'Lapso' post-chasquido de Thanos. Algo que hubiera estado muy bien, de no ser porque el personaje ni siquiera contaba con un nombre propio (en los créditos aparece como 'Hombre Doliente') y su mención a una pareja masculina estaba tan bien escondida en los diálogos que algunos ni la notaron. 

Y para qué hablar de lo que sentimos algunos fans no heterosexuales de Star Wars cuando vimos la primera señal de que en la Galaxia Muy, Muy Lejana también hay personas LGTB: el beso entre los personajes de Amanda Lacey y Vinette Robinson al final de El ascenso de Skywalker. Aquel momento íntimo entre dos personajes que hasta ese momento ni se habían mirado a la cara nos hizo pensar que, para aquel viaje, J. J. Abrams podría haberse ahorrado las alforjas. 

En 2021, con el estreno de Jungle Cruise, Disney logró algo más de dignidad mediante el personaje de Jack Whitehall: puede que la sexualidad de McGregor apenas fuera mencionada de forma elíptica durante una conversación con Dwayne Johnson, y que el pobre no tuviera nada parecido a un interés romántico, pero al menos se consideraba digna de mención en los diálogos de la película. 

Jack Whitehall en un póster de 'Jungle Cruise'.
Jack Whitehall en un póster de 'Jungle Cruise'.
Cinemanía

En 2021, otro remake en acción real volvió a sacar a relucir las palabras "primer personaje gay": hablamos de Cruella, filme en el que John McCrea dio vida a otro de esos personajes a los que se les aplica lo de "don't ask, don't tell". Pero, aquel mismo año, Eternals llevó de nuevo la batalla al territorio de Marvel, dándonos una pista acerca de por qué ni Disney ni la Casa de las Ideas están dispuestos a andar un camino que los cómics recorrieron hace mucho. 

El hecho de que la película de Chloe Zhao nos mostrase a Phastos (Brian Tyree Henry) junto a su marido y el hijo de ambos no levantó más polémicas de las habituales, pero sí puso de uñas a una institución muy importante para los ingresos de Disney y Marvel: el gobierno de China, y sobre todo sus organismos censores. 

Bien fuera por la homofobia consustancial a los regímenes autoritarios, bien porque China había puesto a la directora en su lista negra por quítame allá unas declaraciones, Eternals no llegó a estrenarse en el País del Centro, veto que compartió con Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos. Otros países como Arabia Saudí, Qatar y Omán también prohibieron su exhibición mientras que en Egipto, Jordania, Líbano, los Emiratos Árabes e Indonesia se proyectó una versión recortada. 

Tras el rechazo a Eternals, de hecho, la relación entre la Casa de las Ideas y muchos países con leyes homófobas atraviesa una mala racha. Sin ir más lejos, aunque la sexualidad de América Chávez (Xochitl Gómez) apenas se intuyera en Doctor Strange y el multiverso de la locura, el hecho de que la heroína fuese la hija de una pareja de mujeres desterró al filme de las carteleras de muchos de esos territorios, con las ya acostumbradas China y Arabia Saudí a la cabeza. 

Es posible que Mundo extraño sea el comienzo del fin para esta situación, pero eso es muy cuestionable. Como toda gran corporación, Disney está interesada ante todo en el beneficio, y la posibilidad de boicots o censuras que hagan peligrar sus cuentas de resultados es una amenaza mucho mayor para el estudio que la indignación de una minoría. 

De esta manera, damos por hecho que, por cada paso adelante que dé Disney en este sentido, dará dos hacia atrás (como mínimo). Algo que debería entristecernos: más allá de las protestas cerriles sobre "inclusión forzada" y otras zarandajas, medidas como estas hacen más mal que bien a colectivos para los cuales la representación no es una cuestión de vanidad, sino de pura y dura supervivencia.  

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